El presidente ruso, Vladimir Putin, convocó oficialmente este martes las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo 20 de septiembre, una cita que será observada con especial atención tanto dentro como fuera de Rusia por producirse en un contexto marcado por el desgaste de la guerra en Ucrania, las dificultades económicas y un creciente malestar social que comienza a reflejarse incluso en los sondeos oficiales.
La firma del decreto presidencial abre formalmente la campaña para renovar la Duma Estatal, la cámara baja del Parlamento ruso, dominada desde hace años por el partido oficialista Rusia Unida, principal soporte político del Kremlin.
Aunque nadie cuestiona seriamente la continuidad del sistema de poder construido en torno a Putin, los próximos comicios podrían convertirse en una prueba relevante sobre el nivel de apoyo real del partido gobernante tras más de cuatro años de guerra y sanciones occidentales.
El desgaste de la guerra llega a la política
Diversas encuestas publicadas en los últimos meses muestran una erosión progresiva de la intención de voto de Rusia Unida, que habría caído por debajo del 30 %, muy lejos de los resultados obtenidos en anteriores convocatorias.
El fenómeno refleja una combinación de factores que afectan directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos: inflación persistente, encarecimiento de productos básicos, dificultades económicas derivadas de las sanciones internacionales y una creciente fatiga social respecto al conflicto en Ucrania.
A ello se suma una cuestión especialmente sensible para millones de rusos: las restricciones y ralentizaciones de internet impuestas por las autoridades bajo argumentos de seguridad nacional.
Numerosos usuarios vinculan estas medidas con las decisiones adoptadas por diputados y responsables políticos cercanos al Kremlin, especialmente tras el incremento de ataques con drones ucranianos sobre territorio ruso.
Una oposición limitada pero más visible
Aunque el sistema político ruso sigue estando fuertemente controlado por el poder central, algunas formaciones han intentado capitalizar el descontento ciudadano.
El partido Nueva Gente, considerado una oposición sistémica tolerada por las autoridades, ha incrementado su presencia en los sondeos gracias a sus críticas a determinadas restricciones digitales y a su discurso centrado en cuestiones económicas y tecnológicas.
Por otro lado, la situación de la oposición más crítica continúa deteriorándose.
El partido liberal Yábloko, una de las pocas formaciones que se opone públicamente a la guerra desde 2022, denuncia una campaña de presión contra sus dirigentes y militantes. Numerosos activistas han sido detenidos, procesados o incluidos en registros de «agentes extranjeros» o «extremistas», categorías que dificultan seriamente su participación política.
La batalla por la mayoría constitucional
Uno de los principales interrogantes de las elecciones será si Rusia Unida logra conservar la denominada mayoría constitucional, que permite modificar leyes fundamentales sin necesidad de pactar con otras fuerzas políticas.
Varios analistas independientes consideran que repetir los resultados obtenidos en anteriores legislaturas será mucho más difícil que en el pasado.
La movilización electoral del sector público, de los trabajadores vinculados a la industria militar y de los militares desplegados en el conflicto sigue siendo uno de los principales activos del partido gobernante.
Sin embargo, el desgaste económico y el cansancio generado por una guerra que se prolonga desde hace más de cuatro años están alterando parte del panorama político interno.
Un test para el sistema Putin
Las elecciones legislativas de septiembre llegan apenas dos años después de la reelección presidencial de Putin en 2024 y serán interpretadas como una evaluación indirecta del estado de ánimo de la sociedad rusa.
Aunque el Kremlin mantiene un sólido control institucional y mediático, el contexto actual es muy diferente al de anteriores convocatorias.
La combinación de guerra prolongada, dificultades económicas, restricciones digitales y creciente aislamiento internacional plantea desafíos inéditos para el poder ruso.
Más que decidir quién gobernará la Duma, la cita electoral servirá para medir hasta qué punto el sistema político construido por Putin conserva intacta su capacidad de movilización y legitimación interna.