Tal vez la principal diferencia entre Donald Trump y Gustavo Petro sea en términos de sus personalidades, la megalomanía es un punto de encuentro y hasta podrían empatizar. En cambio, un abismo los separa en cuanto a sus posibilidades. Trump sí es una figura global, Petro no.
Casi ha transcurrido un año de una relación convulsa, tensa y difícil entre Colombia y Estados Unidos. Muchos aún recuerdan las imágenes, finalizando enero de 2025, cuando el presidente colombiano se negó a permitir el aterrizaje de aviones estadounidenses que transportaban decenas de colombianos deportados y esposados. Declaraciones de ida y vuelta se han sucedido durante las semanas y los meses del año pasado.
Hace pocos días el presidente estadounidense decía que Colombia es un país enfermo gobernada por un hombre enfermo. En los últimos meses ha dicho que Petro tiene fábricas de cocaína que envía a Estados Unidos y que debía cuidarse de seguir haciéndolo.
En septiembre, Petro, ataviado de un megáfono en las calles de Nueva York, había instado a los militares estadounidenses a la insurrección, exhortándolos a desobedecer a Trump. Aparentemente Trump dejó pasar el exabrupto, pero semanas después vino el ajuste de cuentas. Estados Unidos le retiró la visa al presidente colombiano y en octubre lo incluyó en la llamada Lista Clinton que implica una suerte de muerte financiera internacional. Los bancos cancelan cuentas y tarjetas de crédito a quien haga parte de esa lista.
El miércoles, finalmente, ha tenido lugar el retorno a la calma tras una llamada telefónica entre los presidentes Petro y Trump. Se ha dicho que fue Gustavo Petro quien llamó al presidente estadounidense. Minutos después, el jefe de la Casa Blanca publicaba en su red social que había sido un gran honor hablar con el presidente Petro y que habían conversado de temas de narcotráfico, así como de algunas discrepancias que han tenido. Trump cerraba su comentario indicando que pronto se reunirán personalmente en la Casa Blanca.
Colombia ha sido el principal aliado de Estados Unidos en América latina y, a través del denominado plan Colombia, que puso en marcha el presidente Bill Clinton, Estados Unidos le ha entregado a Colombia más de 10.000 millones de dólares para combatir delitos.
Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia, quien ha sido entrevistado por la mesa de trabajo del podcast del Georgetown Americas Institute, observa que el presidente Petro se encontraba en una situación muy difícil, “después de todas las amenazas que recibió del presidente Trump”. Las fuerzas vivas de Colombia, añade Whitaker, empresarios, fuerzas armadas, medios de comunicación, etc., estaban muy preocupados con la situación. Sus comentarios y observaciones permiten inferir que esa habría sido la motivación para que el presidente Petro hiciera esa llamada buscando desescalar el conflicto con el presidente americano.
En cuanto al presidente Trump, agrega Whitaker, el mandatario es muy transparente en términos de lo que quiere de Colombia: “lo que quiere de Colombia es más acción en narcóticos, en migración, respecto a China y a Venezuela”.
Lo más probable es que el presidente Petro haya hecho compromisos frente a Trump, asegurando que Colombia tomará medidas fuertes respecto a lo que se le ha pedido. La pregunta es, cuestiona el diplomático, “¿eso va a solucionar las fricciones entre Estados Unidos y Colombia”. Espero que sí, pero la verdad, desde el punto de vista ideológico y como ven el mundo, la energía de los dos presidentes, todos esos elementos, permiten ver que no tienen nada pero nada en común, entonces, me parece improbable que eso vaya a determinar todas las fricciones entre los dos países, pero ojalá que sí”, finaliza el exembajador.
El escritor Carlos Granés (Bogotá 1975), antropólogo y ensayista, quien ha publicado recientemente El rugido de nuestro tiempo, observa y comenta en entrevista con Semana este fin de semana que Donald Trump y Gustavo Petro pueden llegar a entenderse porque son idénticos. “Se van a caer muy bien en la Casa Blanca”. “Ambos exhiben vulgarmente sus odios, no aceptan la realidad y viven en sus propios delirios de grandeza”.
Granés afirma sin edulcorantes y con mucha razón que “Petro siempre ha querido ser un líder mundial y por eso agita sistemáticamente todas las causas globales: el antineoliberalismo, la crisis climática, Gaza o el antiyanquismo. Para un megalómano, y Petro lo es, tener de enemigo al hombre más poderoso del planeta es muy tentador porque crea el espejismo de que se compite en el mismo nivel. La provocación a Trump buscaba eso: llamar la atención, ser noticia, agrandar la vanidad presidencial que, por supuesto, es mucho más importante que la economía, la estabilidad y hasta la soberanía nacional”.
El ensayista nota que ambos líderes tienen rasgos de personalidad similares y gobiernan a merced de su temperamento, de sus egos y de sus redes sociales. “Ambos creen que el Poder Ejecutivo es la única instancia con poder de representación y que las otras instituciones son oligárquicas o wokistas, enemigas del pueblo, y que por eso se deben capturar, desmantelar u hostigar”.
Mientras que Trump está obsesionado con los “enemigos de la patria, especialmente los inmigrantes”, Petro lo está con “los opresores del pueblo, especialmente los sectores productivos”. Pero, al final, “ambos exhiben vulgarmente sus odios y manejan símbolos y retóricas de enorme hostilidad; no se llevan bien con la prensa, no les gusta rendir cuentas, no aceptan la realidad y viven en sus propios delirios de grandeza”.
Por si fuera poco, los dos “están obsesionados con el siglo XIX”. Mientras Petro alucina con la idea de “retomar la lucha de Bolívar”, el presidente Trump aboga por “el imperialismo monroísta”. “Uno quiere liberar; el otro, engrandecer: ambos son nacionalistas y quieren regir el sur global o el hemisferio occidental. Se van a caer muy bien en la Casa Blanca”, puntualiza el escritor colombiano.
Lo anterior permite entender por qué, aunque pareciera imposible, han dejado un rato los insultos y las amenazas en redes sociales, para hablar por teléfono y acordar una reunión en la Casa Blanca. “Trump es volátil y pasa del garrote a la zanahoria”. “Petro, por su parte, quiere ser reconocido. Quiere que el mundo le pare bolas. Quiere sentirse tan trascendente como Bolívar. Y hasta ahora no ha hecho ningún mérito para pasar a la historia. Tal vez lo más importante y mundialmente mediático que haga como presidente sea ir a la Casa Blanca y asegurarse de que Trump desestime cualquier acción atrabiliaria en Colombia”.
El mesianismo del presidente colombiano es ampliamente conocido. Petro tiene aspiraciones redentoras “supremamente elevadas”. Pretende cambiar la historia de Colombia, pero además “salvar a la humanidad”, ya sea del cambio climático, del neoliberalismo, incluso quiere salvar Gaza y ha tenido la pretensión de que sus acciones han tenido incidencia en el cese el fuego.
“Tiene aspiraciones de líder global. Sin embargo, tiene todas las flaquezas de un personaje más bien pequeño, más bien modesto. Tiene defectos bastante visibles que le impiden estar a la altura de sus ambiciones, de sus sueños. Pero ojo, eso nos pasa a todos: nuestros sueños van por delante de nuestras capacidades. En el caso de Petro, esta es una tragedia exacerbada: la tragedia humana por excelencia, exacerbada y escenificada en el palacio de gobierno”, finaliza Granés.