Noruega despide a Harald V, el rey que acabó convertido en el «abuelo» de la nación

09 septembre 2026 - 17:36

Noruega rinde este miércoles su último homenaje a Harald V, fallecido el 28 de agosto a los 89 años tras 35 años en el trono. Miles de ciudadanos, miembros de las principales casas reales europeas y dirigentes internacionales se congregan en Oslo para despedir a un monarca que modernizó la institución y convirtió la cercanía y la tolerancia en algunas de las señas de identidad de su reinado.

Noruega vive este miércoles una de esas jornadas que marcan el final de una época. El funeral de Estado de Harald V reúne en Oslo a la familia real noruega, representantes de numerosas monarquías y dirigentes extranjeros, pero el protagonismo corresponde sobre todo a los miles de ciudadanos que durante los últimos días han acudido a despedirse del monarca.

Harald V murió el pasado 28 de agosto, a los 89 años, después de 35 años como rey de Noruega. Desde entonces, el país ha vivido un periodo de luto nacional y miles de personas han pasado por la capilla ardiente instalada en el Palacio Real.

La despedida comienza a mediodía con la salida del féretro del Palacio Real. Desde allí, la comitiva recorre la emblemática avenida Karl Johans gate hasta la catedral de Oslo, donde a las 13.00 horas se celebra el funeral. El comienzo de la ceremonia está marcado por un minuto de silencio en todo el país, anunciado por el repique de las campanas de las iglesias noruegas.

Tras el oficio religioso, el féretro será trasladado hasta la iglesia del castillo de Akershus, donde tendrá lugar una ceremonia privada antes de la sepultura.

La realeza europea se reúne en Oslo

La despedida ha congregado a representantes de las principales casas reales europeas y a numerosos jefes de Estado y de Gobierno. Entre los asistentes figuran los reyes Felipe VI y Letizia, además de miembros de las familias reales británica, escandinavas, belga y neerlandesa. También participan el príncipe heredero japonés Akishino y la princesa Kiko, junto a dirigentes internacionales como el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

La magnitud del acto ha obligado a cerrar amplias zonas del centro de Oslo al tráfico y establecer controles de seguridad para acceder al recorrido de la procesión. Las autoridades esperan una importante concentración de ciudadanos a lo largo de la jornada.

Un monarca que eligió la cercanía

Harald V llegó al trono en 1991 y fue, hasta su muerte, uno de los monarcas europeos con mayor trayectoria. Su figura estuvo estrechamente vinculada a la transformación de Noruega durante las últimas décadas y a una concepción deliberadamente cercana de la Corona.

Uno de los momentos que mejor sintetizó esa visión llegó en 2016. Con motivo de sus 25 años de reinado, Harald pronunció un discurso que reivindicaba una Noruega plural en sus orígenes, creencias y formas de amar. Aquella intervención contribuyó a consolidar su imagen como símbolo de una sociedad abierta e inclusiva.

Ese perfil explica en parte el tono profundamente popular de su despedida. Flores, velas, banderas y mensajes han cubierto los alrededores del Palacio Real durante los últimos días. Para muchos noruegos, Harald había dejado de ser únicamente el jefe del Estado para convertirse en una presencia familiar, hasta ganarse el apelativo afectuoso de «abuelo de la nación».

Una Corona que también atravesó turbulencias

Sus últimos años, sin embargo, coincidieron con un periodo complicado para la familia real. Diversas polémicas personales y judiciales en su entorno deterioraron temporalmente la imagen de la institución y reabrieron el debate sobre el futuro de la monarquía.

Pero la muerte de Harald ha provocado un movimiento en sentido contrario. Una encuesta publicada tras su fallecimiento sitúa el respaldo a la monarquía en el 72%, reflejo del fuerte vínculo personal que el rey mantuvo con una parte considerable de la sociedad noruega.

Con su entierro se cierra un reinado de tres décadas y media y comienza plenamente el de su hijo, Haakon VIII. Las campanas de las iglesias, que este miércoles suenan primero en memoria de Harald, volverán a hacerlo durante una hora después de la ceremonia de Akershus, esta vez por el nuevo monarca.

Noruega despide así a un rey que atravesó profundos cambios sociales sin renunciar a una monarquía de perfil humano y próximo. Harald V deja el trono convertido, quizá, en algo más difícil de heredar que una corona: una relación de confianza y afecto con buena parte de su país.

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