El primer ministro de Israel está desbocado, actúa con desenfreno, ignora límites y sigue adelante con sus planes a voluntad, pasa por encima de las mayorías israelíes y desestima la tensión que él mismo ha generado con los tradicionales aliados internacionales. No oculta su molestia por las declaraciones de Emmanuel Macron semanas atrás, emuladas después por Gran Bretaña, Canadá y Australia al reconocer un Estado palestino, mientras convoca a más reservistas, cansados ya de una guerra que no tiene fecha de clausura.
Esta semana, el presidente francés Emmanuel Macron denunció las declaraciones del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu como «absurdas» y «erróneas» en respuesta a las acusaciones que hiciera Netanyahu: «Su llamado a un Estado palestino aviva el fuego del antisemitismo», declaró Netanyahu en una carta que Associated Press dio a conocer. El político israelí también acusó al primer ministro australiano, Anthony Albanese, de ser un «político débil que traicionó a Israel».
Macron ha sido enfático al afirmar que el análisis de Netanyahu es erróneo, abyecto y no se quedará sin respuesta. «El momento actual exige seriedad y responsabilidad, no generalizaciones ni manipulación», declaró la oficina de Macron en un comunicado publicado la noche del martes.
Francia es el país de Europa occidental que alberga la mayor población judía, unos 500.000 ciudadanos, cifra que equivale al 1 % de la población nacional. En años recientes, los incidentes antisemitas han aumentado en el país; de hecho, el incremento ha sido mayor tras los ataques terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023 en Israel, que desencadenaron la guerra en Gaza. Desde entonces, hay más agresiones físicas, amenazas, vandalismo y acoso, una situación que alarma a las comunidades y líderes judíos, cita AP. Macron no ha restado importancia a estos hechos y ha pedido de modo sistemático a las autoridades francesas, desde 2017 y con mayor ahínco tras los atentados del 7 de octubre, que “adopten las medidas más enérgicas posibles contra los autores de actos antisemitas”. “La violencia contra la comunidad judía es inaceptable”, declaró la oficina de Macron.
Entre tanto, en Israel las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se abocan a llamar a 60.000 reservistas adicionales mientras preparan una gran ofensiva en Gaza, según indicaron las autoridades israelíes este miércoles. Con esta cifra, el número total de reservistas movilizados ascenderá a unos 120.000. Además, el Ejército prolongará el servicio de 20.000 reservistas convocados previamente, según declaró un portavoz militar. Las FDI planean desplegar cinco divisiones para la campaña.
La operación anunciada por el gobierno de Israel ha sido condenada dentro y fuera del país por sus efectos y consecuencias: empeorará las condiciones y la crisis humanitaria de la población de Gaza, y la esperanza de los rehenes israelíes (y de sus familias) de salir con vida de allí se reducirá aún más con la ejecución de una operación militar extendida.
En este punto, y a las puertas de iniciar otra gran operación, no hay perspectiva de que la guerra termine próximamente. El costo moral, anímico y emocional, sumado al estado de agotamiento por lo prolongado del conflicto, está teniendo un alto precio para los militares israelíes, pero es una cuestión que al gobierno parece no preocuparle. Las encuestas evidencian repetidamente que una abrumadora mayoría del país apoya y reclama el fin de la guerra, demanda que al parecer también carece de valor para el primer ministro.
A comienzos de agosto, el jefe del Estado Mayor de las FDI, teniente general Eyal Zamir, declaró al gabinete de seguridad que las fuerzas se enfrentaban al desgaste y al agotamiento, pero sus preocupaciones fueron desestimadas mientras Netanyahu y sus socios de coalición impulsaban los nuevos planes de guerra. Un 40 % de los soldados está ligera o significativamente menos motivado a servir y poco más del 13 % está más motivado, según una encuesta de los Laboratorios Agam de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Los líderes militares han pedido al gobierno que reclute a hombres ultraortodoxos para complementar a las tropas asediadas. Pero la gran mayoría de la comunidad ultraortodoxa se ha negado a servir y, ante su demanda, el gobierno está impulsando una amplia exención del servicio militar obligatorio. El hecho de que este debate político se produzca en plena guerra no ha hecho más que avivar la ira de muchos de los que sirven”, indica la cadena CNN.
Algunas voces, entre los reservistas, instan a declinar las órdenes militares de servir, aunque no lo hagan públicamente. Por su parte, las FDI no están publicando cifras de los reservistas que no se presentan al llamado.
Militares que han estado en servicio durante casi un año en Gaza, al término de su misión, han dicho estar en shock por la duración de la guerra y, además, no tienen intención de regresar al campo de lucha. Si inicialmente fueron convocados a la guerra con dos objetivos —recuperar a los secuestrados y derrotar a Hamás—, ahora perciben que el gobierno se decantó por uno de ellos. La percepción que se instala entre algunos es que el país perderá en sus dos apuestas: dan por descartado que esta nueva operación sea el final de Hamás y, en cambio, temen que constituya la sentencia de muerte para los rehenes que aún están vivos.