Netanyahu carga contra Australia por su decisión de reconocer a Palestina

19 août 2025 - 10:23

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acusó a su homólogo australiano de “traicionar” a Israel tras el anuncio de Camberra de que reconocerá al Estado palestino en septiembre. La disputa revela la tensión creciente entre Tel Aviv y los países que apuestan por la solución de dos Estados.

Las palabras de Benjamín Netanyahu han resonado con dureza en el tablero diplomático: acusó al primer ministro australiano, Anthony Albanese, de haber “traicionado” a Israel y de haber abandonado a la comunidad judía en su país. El motivo: la decisión de Australia de reconocer oficialmente al Estado palestino en la próxima Asamblea General de Naciones Unidas.

La respuesta israelí fue inmediata. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, anunció la anulación de los visados otorgados a diplomáticos australianos en Ramala, sede de la Autoridad Palestina, y ordenó revisar minuciosamente cualquier solicitud de entrada presentada por ciudadanos australianos. La tensión escaló aún más cuando se recordó que Camberra había denegado la entrada al diputado ultraderechista Simcha Rothman por sus mensajes considerados de odio y división.

Albanese no está solo en este giro diplomático. Más de 146 países han reconocido ya a Palestina, y en las últimas semanas otros actores relevantes —como Francia, Canadá, Malta y el Reino Unido— han anunciado pasos similares. La ministra de Exteriores australiana, Penny Wong, calificó de “injustificada” la represalia de Israel y reafirmó que su gobierno seguirá impulsando una solución de dos Estados, el alto el fuego en Gaza y la liberación de rehenes.

Lo que está en juego es más que un cruce de reproches. Israel percibe que la legitimidad internacional de su estrategia se erosiona a medida que países aliados, antes reticentes, se suman a la ola de reconocimientos. Australia, tradicional socio de Occidente, marca con esta decisión un distanciamiento simbólico y político que Netanyahu interpreta como traición. Para Camberra, en cambio, se trata de alinearse con una visión de justicia y estabilidad regional que la guerra en Gaza ha vuelto aún más urgente.

La confrontación ilustra un cambio de época. El reconocimiento de Palestina avanza con el impulso de países que hasta hace poco eran cautos. Y aunque Israel conserva apoyos sólidos en Washington y sectores de Europa, el gesto australiano confirma que la narrativa de aislamiento no solo procede del Sur global. Lo que se despliega es una grieta en el bloque occidental que Netanyahu, con acusaciones de traición, intenta contener.

Albanese ha apostado por un movimiento arriesgado: enfrentarse a las críticas de Tel Aviv para reforzar la idea de que la paz pasa por aceptar la existencia política de Palestina. La reacción israelí, airada y punitiva, revela cuán frágil se ha vuelto su posición diplomática en un escenario donde la presión internacional ya no es marginal, sino estructural.

La diplomacia australiana busca abrir una ventana al futuro; la israelí, cerrar filas en el presente. La pregunta que queda en el aire es cuál de las dos visiones terminará imponiéndose en un mundo cada vez menos dispuesto a aceptar el statu quo.

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