Elon Musk lleva a los tribunales a los gigantes tecnológicos por un acuerdo que, según él, bloquea a la competencia en el mercado de la inteligencia artificial generativa.
Elon Musk ha dado un paso más en su cruzada contra Apple y OpenAI. Sus compañías, X y xAI, presentaron este lunes una demanda antimonopolio en un tribunal federal de Texas acusando a ambas firmas de haber sellado un pacto ilegal para mantener el control de un sector considerado estratégico: la inteligencia artificial generativa.
La denuncia, de 61 páginas, sostiene que el acuerdo firmado en 2024 convirtió a ChatGPT en el asistente exclusivo de los dispositivos Apple, integrado en Siri y en otras funciones del iPhone. Para Musk, esta alianza restringe el mercado y margina a competidores como Grok, el chatbot desarrollado por xAI, que quedó fuera del ecosistema iOS.
El escrito acusa además a Apple de manipular las clasificaciones de la App Store en favor de ChatGPT y de retrasar deliberadamente actualizaciones de Grok. Según la demanda, el acuerdo otorga a OpenAI acceso privilegiado a “miles de millones de solicitudes” de cientos de millones de usuarios de iPhone, reforzando una posición de dominio que Musk califica de “monopolio conjunto”.
Los argumentos se apoyan en cifras de mercado: Apple controla cerca del 65% de los teléfonos inteligentes en Estados Unidos, mientras que OpenAI gestiona en torno al 80% del mercado de chatbots de IA generativa. Una combinación que, de acuerdo con los demandantes, sofoca la innovación y limita las opciones de los consumidores.
La batalla legal también tiene un trasfondo personal. Musk fue uno de los fundadores de OpenAI en 2015, pero abandonó la empresa en 2018. Desde entonces mantiene un enfrentamiento abierto con Sam Altman, actual director ejecutivo. A principios de agosto, ambos cruzaron acusaciones en la red X: Altman calificó las quejas de Musk de “notables” y lo acusó de manipular su propia plataforma, mientras Musk lo llamó “mentiroso”.
La demanda solicita miles de millones de dólares en daños y perjuicios, además de una orden judicial que frene las presuntas prácticas anticompetitivas. Musk exige también que el caso sea juzgado por un jurado, en lo que promete convertirse en una de las batallas legales más relevantes del incipiente sector de la inteligencia artificial.
Más allá del pleito, lo que está en juego es la definición de las reglas de un mercado que crece de forma exponencial. La pregunta es si la IA quedará en manos de unas pocas compañías con capacidad de imponer sus condiciones, o si los tribunales abrirán espacio para una competencia real en el terreno que marcará la próxima década tecnológica.