México tiende la mano a Felipe VI con el Mundial de 2026 y abre una vía de deshielo con España

19 mars 2026 - 09:32

La invitación de Claudia Sheinbaum al Rey para asistir a la cita futbolística llega tras años de tensión diplomática y pocos días después de que el monarca admitiera los abusos cometidos durante la Conquista.

La diplomacia entre México y España ha encontrado en el Mundial de fútbol de 2026 un inesperado terreno de aproximación. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha invitado oficialmente a Felipe VI a viajar a México con motivo del torneo que organizarán de forma conjunta México, Estados Unidos y Canadá, en un gesto que rebaja la tensión bilateral y que llega apenas dos días después de que el monarca español reconociera públicamente que durante la Conquista hubo “mucho abuso” y “controversias éticas”. Según la Casa del Rey, la invitación fue recibida “con agrado”.

La carta de Sheinbaum no fue improvisada al calor de la polémica. De acuerdo con la información difundida este miércoles, la mandataria mexicana fechó la misiva el 3 de febrero, mientras que Zarzuela la recibió el 24 de febrero. En ella, la presidenta subraya que el Mundial de 2026 constituye una ocasión propicia para recordar la singularidad de los vínculos entre ambos países, asentados —según su formulación— en una historia compartida, la lengua y la cultura.

El contexto convierte esa invitación en algo más que un gesto protocolario. Las relaciones entre Madrid y Ciudad de México arrastran fricciones desde 2019, cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador reclamó a la Corona española una disculpa por los abusos de la Conquista. El deterioro dio un salto adicional en septiembre de 2024, cuando Sheinbaum no invitó a Felipe VI a su toma de posesión y España decidió no enviar representación oficial a la ceremonia.

El cambio de clima empezó a hacerse visible esta semana. Durante una visita a la exposición “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena”, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Felipe VI defendió una lectura rigurosa del pasado, sin caer en lo que llamó un “presentismo moral” excesivo, pero admitió al mismo tiempo que en la empresa conquistadora hubo abusos y controversias de fondo. Fue la primera vez que el jefe del Estado español se pronunciaba en esos términos desde que estalló la controversia con México.

Sheinbaum valoró esas palabras como un “gesto de acercamiento”, aunque matizó que no representan todavía todo lo que su Gobierno habría querido escuchar. Aun así, la reacción mexicana confirmó que en ambos lados del Atlántico se percibe una oportunidad de recomponer una relación estratégica dañada por la disputa sobre la memoria histórica.

El torneo sirve así de excusa deportiva y de plataforma política. El Mundial de 2026 se disputará del 11 de junio al 19 de julio en los tres países norteamericanos, y su arranque está previsto en Ciudad de México. La dimensión global del evento ofrece a ambos gobiernos una escena de alto valor simbólico para sellar un acercamiento que hasta hace poco parecía improbable.

No se trata, además, del único elemento que empuja hacia la normalización. Antes del gesto del Rey, el ministro español de Exteriores ya había reconocido el dolor y la injusticia sufridos por los pueblos originarios, un movimiento que en México fue leído como un primer paso. A ello se suma una agenda cultural compartida que ha vuelto a activar canales de cooperación entre ambos países y que varios analistas interpretan como la antesala de una reconciliación diplomática más amplia.

Ese calendario tiene una próxima estación importante: la Cumbre Iberoamericana que Madrid acogerá en noviembre de 2026. La posibilidad de que Sheinbaum y Felipe VI coincidan antes en el Mundial refuerza la idea de que tanto México como España quieren llegar a esa cita con un tono mucho menos áspero que el de los últimos años.

Pese a ello, el giro no está exento de resistencias. En España, las palabras de Felipe VI han reabierto el debate político sobre cómo interpretar la Conquista y han encontrado rechazo en sectores conservadores, entre ellos la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, que se desmarcó del enfoque conciliador del monarca. Esa reacción muestra que la distensión institucional no equivale todavía a un consenso político interno sobre el pasado colonial.

Con todo, el mensaje que deja la carta de Sheinbaum es claro: México no renuncia a su reclamación histórica, pero ha optado por mover ficha en el terreno diplomático. Y España, tras el gesto verbal del Rey, parece dispuesta a aprovechar la oportunidad. Si finalmente Felipe VI viaja a México durante el Mundial, la imagen tendrá un significado que irá mucho más allá del fútbol.

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