Según ACLED, Palestina, México y Ucrania son los lugares más peligrosos del mundo. En términos globales, los 10 lugares más peligrosos del mundo actualmente son: Palestina, Myanmar, Siria, México, Nigeria, Ecuador, Brasil, Haití, Sudán y Pakistán.
Palestina tiene el conflicto más difuso geográficamente y, según ACLED, registra altos niveles de violencia en casi el 70% de Gaza y Cisjordania. Myanmar es, a su vez, el conflicto más fragmentado del mundo, con más de 1.200 grupos armados distintos involucrados en al menos un evento violento. Pakistán se hizo más peligroso para los civiles en los últimos 12 meses. Las muertes por violencia política aumentaron, viéndose impulsadas por las crecientes insurgencias regionales y una breve pero intensa escalada en los combates con India. Haití se ha vuelto más mortal y peligroso para los civiles: más de 4.500 haitianos murieron como resultado de la violencia política, además, la violencia selectiva contra civiles también aumentó. Ecuador se ha hecho más mortífero.
En América Latina, México, Ecuador, Brasil y Haití son cuatro de los 10 países clasificados entre los más peligrosos del mundo este año, según el índice sobre conflictos publicado por la organización no gubernamental Proyecto de Ubicación y Datos de Eventos de Conflictos Armados (ACLED, por sus siglas en inglés).
Con base en cuatro indicadores (mortalidad, peligro para los civiles, difusión geográfica de los conflictos y cantidad de grupos armados), el ranking de ACLED sitúa a México en la cuarta posición, es el mismo lugar que tenía en 2024, Palestina, Myanmar y Siria, están arriba de México y son territorios que han experimentado conflictos y guerras en los años recientes.
El caso de Ecuador es todavía más preocupante, pero no constituye una sorpresa. Como se mencionó en estas páginas, en días pasados, el aumento en el tráfico de cocaína en Ecuador, ha llevado a que este país sudamericano sufra las repercusiones del narcotráfico como ningún otro. Ecuador este año, siguiendo la medición de ACLED, ocupa la sexta posición, ello representa un ascenso de 36 lugares respecto de 2024 que se explica por el incremento de la violencia y el enfrentamiento entre grupos criminales.
A Ecuador le siguen Brasil y Haití, en los puestos siete y ocho del ranking, posiciones que se corresponden con la situación de inestabilidad política en Haití, un Estado fallido, y la inseguridad en diferentes estados de Brasil por las operaciones y las disputas entre pandillas que buscan ejercer control territorial.
Aunque el aumento de la violencia es común en toda América Latina, siguiendo el estudio de ACLED, la tendencia muestra variaciones por país y son estos cuatro, México, Ecuador, Brasil y Haití los que han evidenciado su peor estado e involución durante 2025.
En México, el aumento de la violencia estaría relacionado con la guerra interna que comenzó en el Cártel de Sinaloa tras el arresto de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de sus líderes históricos, en julio de 2024. Entre julio de 2024 y julio de 2025 los homicidios en Sinaloa aumentaron 400%. Una cifra y realidad de facto que cuestiona el discurso presidencial sobre la disminución de homicidios en el país. “Este conflicto ha reconfigurado las dinámicas criminales a lo largo de múltiples estados, dado el alcance nacional del grupo, y esta reorganización probablemente seguirá alimentando la violencia en nuevas áreas durante el próximo año”, observa ACLED sobre este caso.
Los hechos violentos contra políticos y funcionarios en México también están a la orden del día. En el último año se registraron 360 incidentes de violencia contra este sector, precisa ACLED. “La violencia es probablemente impulsada tanto por grupos criminales que buscan obtener control de instituciones locales y recursos como por la competencia política, particularmente en estados como Veracruz, donde hubo elecciones locales en 2025”, destaca la organización no gubernamental. El caso que más notoriedad internacional ha tenido en este sentido ha sido el homicidio, meses atrás, de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, quien había denunciado la operación de bandas criminales en el municipio de Michoacán y había solicitado ayuda al gobierno nacional para enfrentar este enorme desafío.
En Ecuador, la violencia podría alcanzar niveles récord este año y la tasa de homicidios podría incluso ser la más alta de América Latina por tercer año consecutivo. Los hechos violentos generados por pandillas han causado la muerte de más de 3.600 personas. La situación responde al menos a tres factores: 1) la disputa entre los grupos delictivos Los Lobos y Los Choneros; 2) la fragmentación de bandas por el arresto, la muerte o el exilio de sus líderes; 3) la “creciente relevancia” del país en el tráfico de drogas regional y transnacional. “Mientras la producción de cocaína sigue aumentando, Ecuador se convierte en un punto estratégico, con las pandillas ecuatorianas expandiendo sus redes a lo largo de la región y más allá”, subraya ACLED.
En Brasil ocurre algo similar, las pandillas se disputan sangrientamente el control de vastos territorios. El operativo policial de octubre, cuyas imágenes impactaron al mundo, dirigido contra la organización Comando Vermelho, y que se saldó con más de 130 muertos, ha sido elocuente a este respecto.
En Haití la situación se ha ido degradando por el vacío institucional y la inestabilidad política que vive el país desde 2021, tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. Bandas y agrupaciones criminales han aprovechado el vacío, ganando, nunca mejor dicho, terreno y poder. Las operaciones de las pandillas en Haití se concentran en Puerto Príncipe, la capital, y desde allí han ido extendiéndose a otras zonas. Para enfrentar esta compleja situación, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó este año la creación de una nueva fuerza multinacional, integrada por más de 5.000 elementos, cuyo objetivo será llevar a la extinción dichas bandas.
Sandra Pellegrini, analista sénior de ACLED para América Latina y el Caribe, ha explicado a CNN que el aumento de la presencia policial y militar en las calles tiene un efecto de corto plazo. Disminuye los hechos violentos, pero su efecto no es duradero ni extensible al mediano y largo plazo.
La analista observa que “militarizar” las tareas de seguridad pública puede causar una mayor fragmentación entre los grupos delictivos y, en consecuencia, provocar más violencia, sumado a ello el efecto colateral como el incremento del riesgo de que las propias fuerzas del Estado cometan abusos. “Es una reflexión que se debería llevar a los tomadores de decisiones que implementan este tipo de políticas que no llevan a los resultados descontados en muchos casos”, plantea.
Es poco probable que los gobiernos de la región vayan a evaluar sus medidas, políticas y acciones y a ajustar sus estrategias. “Esa tendencia hacia la militarización ocurrió ya antes de la segunda administración de (Donald) Trump. En El Salvador ocurrió antes, Honduras siguió, también tenemos a Trinidad y Tobago, que empezó a declarar estado de emergencia el año pasado. Entonces, ya había una tendencia”, comenta la experta.
Pellegrini mantiene una mirada realista del escenario existente. La apuesta de “mano dura” que tienen los gobiernos para combatir y enfrentar esta coyuntura desafiante resulta popular entre diferentes grupos sociales y a ello se suma la actual presión del gobierno estadounidense. “Claramente, el posicionamiento de Estados Unidos contribuye a que los estados de la región vayan hacia esas medidas”.
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