El retroceso del partido del primer ministro saliente y la recuperación de los islamistas modifican el equilibrio parlamentario. Las primeras declaraciones de los dirigentes políticos anticipan negociaciones marcadas por profundas diferencias.
Las elecciones legislativas celebradas el 23 de septiembre en Marruecos han dejado un Parlamento diferente al de 2021 y han abierto una nueva etapa de negociaciones políticas. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) encabeza los resultados provisionales con 97 diputados, seguido de la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), con 66, y del Partido Istiqlal, con 65. El Partido Justicia y Desarrollo (PJD), que sufrió una importante derrota hace cinco años, recupera representación hasta alcanzar los 54 escaños.
Pero el dato que acompaña a esta redistribución parlamentaria es la participación: apenas el 38,02 % de los electores inscritos acudió a votar, frente al 50,86 % registrado en 2021. Una caída de casi trece puntos que plantea interrogantes sobre la relación entre la ciudadanía y sus representantes, aunque ambas convocatorias presentan diferencias, ya que en 2021 las legislativas coincidieron con las elecciones municipales y regionales.
Desde España, donde la actualidad marroquí suele contemplarse a través de la inmigración, Ceuta y Melilla o las relaciones bilaterales, estos resultados ofrecen una oportunidad para examinar la dinámica política interna del país vecino. Las elecciones muestran cambios en el peso de los partidos, pero también ponen de manifiesto las dificultades para traducir la aritmética parlamentaria en acuerdos de gobierno.
El PAM gana terreno mientras retroceden sus socios
El PAM pasa de 87 diputados en 2021 a 97 en 2026. Su avance resulta significativo porque no concurría desde la oposición, sino como integrante de la coalición gubernamental saliente, junto al RNI y el Istiqlal.
Fundado en 2008 con la participación de Fouad Ali El Himma, posteriormente consejero real, el PAM ha mantenido una trayectoria particular dentro del sistema político marroquí. Sus vínculos históricos con el entorno del Palacio han alimentado el debate sobre su papel institucional desde su creación. Sin embargo, su evolución también debe examinarse a través de su implantación territorial, su participación en distintos gobiernos y las decisiones de sus dirigentes.
El contraste con sus socios es considerable. El RNI, formación del primer ministro saliente, Aziz Ajanuch, pierde 36 diputados y pasa de 102 a 66. El Istiqlal también retrocede, de 81 a 65 escaños. Los tres partidos reúnen conjuntamente 228 diputados, por encima de los 198 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, aunque esa suma no implica que hayan acordado reeditar su coalición.
La Constitución marroquí establece que el rey nombre al jefe del Gobierno entre los miembros del partido que haya obtenido más escaños en las elecciones a la Cámara de Representantes. El PAM ocupa, por tanto, el centro del procedimiento institucional que se abre tras los comicios.

Fátima Zahra Mansouri
Benkirán descarta gobernar con el PAM y denuncia presuntas irregularidades
La recuperación del PJD constituye otro de los grandes cambios parlamentarios. Después de haber gobernado durante una década y quedar reducido a trece diputados en 2021, la formación islamista obtiene ahora 54 escaños.
Su secretario general, Abdelilah Benkirán, ha anunciado este jueves que el partido no participará en un Gobierno encabezado por el PAM. Durante una reunión de su dirección, afirmó que está dispuesto a escuchar a los órganos de la formación, pero rechazó expresamente cualquier participación en un Ejecutivo presidido por su adversario político.
Benkirán fue más allá y calificó la victoria del PAM de «manchada por el fraude». Aludió a presuntas irregularidades en Tánger y planteó la posibilidad de que se hubieran producido situaciones similares en otras circunscripciones. Se trata de acusaciones formuladas por el dirigente islamista, no de hechos acreditados. Su alcance deberá determinarse mediante las pruebas disponibles y los procedimientos institucionales correspondientes.
El líder del PJD también se refirió a la posibilidad de que Fouzi Lekjaa encabece el próximo Ejecutivo. Aunque reconoció mantener una relación cordial con él, reiteró que su incorporación al PAM impediría la participación de los islamistas en un Gobierno dirigido por ese partido.
Benkirán considera que el principal logro de estas elecciones ha sido recuperar la cohesión interna del PJD y superar políticamente la derrota de 2021. Sus declaraciones sitúan, por el momento, a la formación en una posición de rechazo a cualquier coalición encabezada por el PAM.

Abdelilah Benkirán
Mansouri abre la puerta a todas las alianzas
La posición expresada por Fátima Zahra Mansouri, coordinadora de la dirección colegiada del PAM, contrasta con la del dirigente islamista. En una rueda de prensa celebrada este jueves en Rabat, aseguró que su partido está dispuesto a dialogar con todas las formaciones políticas nacionales y que no establece líneas rojas en materia de alianzas.
Mansouri precisó que cualquier acuerdo deberá someterse al debate de los órganos internos del partido y manifestó su disposición a negociar con las fuerzas que compartan el compromiso con los principios fundamentales del Reino.
Las dos declaraciones ilustran la distancia entre las mayorías matemáticamente posibles y las alianzas políticamente aceptables. Una combinación del PAM, el Istiqlal y el PJD sumaría 216 diputados, pero la negativa expresa de Benkirán impide considerarla, por ahora, una opción aceptada por sus integrantes. La coalición saliente, por su parte, conserva una mayoría numérica de 228 escaños, aunque su continuidad dependerá de las negociaciones.
El retroceso del RNI y las demandas sociales
La pérdida de 36 escaños del RNI introduce inevitablemente el debate sobre el balance del Gobierno saliente. La legislatura ha estado marcada por las preocupaciones relacionadas con el coste de la vida, el empleo, la vivienda y la calidad de los servicios públicos, junto con importantes programas de inversión e infraestructuras.
Sin embargo, atribuir el retroceso del partido de Ajanuch exclusivamente al descontento económico sería una simplificación. Los resultados electorales también dependen de los candidatos locales, las estructuras territoriales, la competencia entre partidos y las particularidades del sistema electoral marroquí.
El descenso del RNI tampoco significa que todos sus antiguos electores hayan optado por otras formaciones. La caída de la participación obliga a distinguir entre los cambios en las preferencias de quienes acudieron a las urnas y las motivaciones de quienes decidieron abstenerse.
La abstención, una cuestión que trasciende las alianzas
Con una participación del 38,02 %, cerca de seis de cada diez electores inscritos permanecieron al margen de estas elecciones. Es una cifra que merece atención independientemente de quién encabece el próximo Gobierno.
La abstención puede responder a motivaciones muy diferentes: desinterés, desconfianza, dificultades prácticas, desacuerdo con las opciones disponibles o una combinación de varios factores. Sin estudios específicos, no sería riguroso atribuir una misma explicación a todos los ciudadanos que no votaron.
Para los partidos y las instituciones, la participación plantea cuestiones sobre la representación política, la incorporación de los jóvenes a la vida pública y la capacidad de los programas electorales para responder a las preocupaciones cotidianas de la población.

Una imagen de archivo del Parlamento marroquí
La mirada desde España
Las elecciones marroquíes tienen interés para España más allá de sus consecuencias sobre las relaciones bilaterales. Permiten observar el funcionamiento de un sistema político en el que conviven la competencia parlamentaria, las coaliciones gubernamentales y las amplias competencias constitucionales de la monarquía.
Los resultados muestran una redistribución de la representación: el PAM aumenta sus escaños, el RNI y el Istiqlal retroceden y el PJD recupera presencia parlamentaria. Las declaraciones de Benkirán y Mansouri revelan, además, diferencias sustanciales sobre la formación del próximo Ejecutivo.
La política exterior marroquí está estrechamente vinculada a las competencias de la monarquía. Por ello, un cambio en el partido que encabeza el Gobierno no supone necesariamente una modificación de las principales orientaciones estratégicas de las relaciones con España.
El nuevo Parlamento deberá afrontar las negociaciones para constituir una mayoría y, posteriormente, debatir el programa del Ejecutivo. Entretanto, las denuncias electorales formuladas por Benkirán exigirán una respuesta basada en pruebas y procedimientos verificables.
Las urnas han determinado una nueva distribución de los 395 escaños. Las primeras declaraciones políticas muestran que alcanzar acuerdos requerirá negociaciones entre formaciones con posiciones diferentes. Y la participación del 38,02 % deja planteada una cuestión de mayor alcance: cómo reforzar los vínculos entre la ciudadanía marroquí y sus instituciones representativas.