La victoria del PAM, el retroceso del partido que encabezaba el Gobierno y la recuperación del PJD abren una nueva etapa de negociaciones en Marruecos. Desde España, la atención se centra en cómo se articulará la próxima mayoría y qué continuidad tendrán los compromisos bilaterales en materia de inmigración, comercio, seguridad y cooperación.
Las elecciones legislativas marroquíes del 23 de septiembre han alterado el equilibrio entre los partidos que integraban el Gobierno saliente. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) encabeza los resultados provisionales con 97 escaños, seguido del Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), con 66, y del Istiqlal, con 65. El Partido Justicia y Desarrollo (PJD), que sufrió un importante retroceso en 2021, recupera terreno y alcanza los 54 diputados.
Para España, el interés de estos resultados va más allá de conocer quién dirigirá el próximo Ejecutivo marroquí. Madrid mantiene con Rabat una relación que abarca la gestión de los flujos migratorios, la cooperación policial, las relaciones comerciales, las fronteras de Ceuta y Melilla y los preparativos del Mundial de fútbol de 2030.
El resultado electoral introduce nuevos equilibrios parlamentarios, aunque no supone por sí mismo un cambio en la política exterior marroquí.
El retroceso del RNI y las negociaciones para formar Gobierno
La primera cuestión es si los tres partidos de la coalición saliente volverán a gobernar juntos. El PAM, el RNI y el Istiqlal suman 228 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes, una cifra superior a la mayoría absoluta. Sin embargo, las diferencias expresadas durante la campaña abren interrogantes sobre la continuidad de esa alianza.
El politólogo Abdelghani Serrar, profesor de Ciencias Políticas en El Yadida, considera que el posicionamiento del RNI será uno de los asuntos centrales de las negociaciones. El partido pasa de los 102 diputados obtenidos en 2021 a 66 en los resultados provisionales de este año.
La recuperación del PJD añade otra variable. Con 54 diputados frente a los 13 de la anterior legislatura, la formación recupera presencia parlamentaria, aunque su participación en una eventual coalición con el PAM dependería de acuerdos entre partidos que todavía no se han anunciado.
Desde Madrid, la composición del futuro Gobierno interesa especialmente por la identidad de los responsables que asumirán las carteras económicas y los departamentos encargados de ejecutar los acuerdos bilaterales.
Inmigración y fronteras: una relación que exige coordinación
La cooperación migratoria constituye uno de los ámbitos más sensibles de las relaciones hispano-marroquíes. Las decisiones adoptadas en Rabat tienen consecuencias directas para la gestión fronteriza española, particularmente en Ceuta, Melilla y las rutas marítimas del Mediterráneo y el Atlántico.
La declaración conjunta de abril de 2022, acordada durante el encuentro entre Pedro Sánchez y Mohamed VI, estableció una hoja de ruta basada en la comunicación permanente, el respeto mutuo y la cooperación en materias como inmigración, seguridad, economía e infraestructuras. También contempló la normalización progresiva de la circulación de personas y mercancías por los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla.
La aplicación de estos compromisos no depende únicamente de la composición del Gobierno marroquí. Intervienen también las administraciones de ambos países, los mecanismos bilaterales de coordinación y las decisiones políticas adoptadas al más alto nivel.
Para España, el debate sobre la futura mayoría marroquí se plantea, por tanto, en términos de interlocución institucional y de continuidad de los canales de cooperación, sin que los resultados electorales permitan anticipar cambios concretos en la política migratoria.
El Sáhara y los compromisos diplomáticos
La cuestión del Sáhara Occidental ocupa un lugar propio en la relación bilateral. En 2022, el Gobierno español consideró la propuesta marroquí de autonomía, presentada en 2007, como la base más seria, realista y creíble para resolver la controversia. Esa posición se incorporó a la nueva etapa diplomática abierta entre Madrid y Rabat, mientras el proceso político sigue desarrollándose en el marco de Naciones Unidas.
La política exterior marroquí mantiene, además, un importante componente de dirección monárquica, por lo que los acuerdos diplomáticos no pueden interpretarse exclusivamente a través de los cambios en la mayoría parlamentaria.
Esto no elimina el papel del próximo Gobierno. Sus ministros deberán participar en la ejecución de los acuerdos, mantener el diálogo con sus homólogos españoles y gestionar las diferencias que puedan surgir entre ambas administraciones.
Comercio y Mundial de 2030: intereses que trascienden una legislatura
España y Marruecos comparten también una agenda económica y de infraestructuras. La circulación comercial, las inversiones, las conexiones de transporte y la cooperación empresarial forman parte de una relación que afecta directamente a empresas, trabajadores y consumidores de ambos países.
A estos intereses se añade la organización conjunta del Mundial de fútbol de 2030, junto con Portugal. Los tres países deberán coordinar actuaciones en transporte, infraestructuras, seguridad y organización deportiva, con independencia de los cambios que puedan producirse en sus respectivos gobiernos.
Para el próximo Ejecutivo marroquí, estos compromisos coexistirán con las demandas internas que han marcado la campaña electoral: empleo, sanidad, educación, vivienda y reducción de las desigualdades territoriales. Son cuestiones que afectan directamente a la sociedad marroquí y que no deberían quedar relegadas en una lectura española centrada exclusivamente en la inmigración.
Una mirada española que no se limite a las fronteras
Más allá de los acuerdos entre partidos, el próximo Parlamento deberá abordar las preocupaciones de una población entre la que persisten importantes demandas sociales y económicas.
Para España, las elecciones marroquíes abren así dos planos de observación. El primero es institucional: conocer la composición del próximo Gobierno y sus responsables políticos. El segundo es social: comprender las transformaciones de un país vecino con el que comparte vínculos humanos, económicos y culturales que van mucho más allá de las relaciones entre sus respectivos ejecutivos.
El resultado del 23 de septiembre modifica el reparto de poder en el Parlamento marroquí. El alcance de ese cambio para las relaciones con España dependerá de los acuerdos de gobierno que se alcancen y de las decisiones que adopten las nuevas autoridades.