Un reportaje de CNN advertía este domingo que Francia se ha vuelto ingobernable. ¿La razón? Otro gobierno está a punto del colapso. El primer ministro, François Bayrou, puede convertirse en el cuarto jefe de gobierno en abandonar el cargo. Su futuro depende del voto de confianza del Parlamento. Si lo pierde, el presidente Emmanuel Macron se verá más debilitado que nunca en un contexto de enorme desconfianza hacia las élites políticas, un creciente aumento de la deuda, enorme crispación social a nivel interno y con las guerras desbordadas en Medio Oriente y Europa del Este. “La inestabilidad en París es un regalo tanto para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, como para su homólogo estadounidense, Donald Trump, quienes comparten una alegría común al burlarse de las debilidades de Europa”.
“La Quinta República, fundada por el presidente Charles de Gaulle en 1958, fue diseñada para poner fin a la inestabilidad crónica que había aquejado a la Tercera y Cuarta Repúblicas de Francia, a principios del siglo XX. La nueva Constitución otorgó amplios poderes al Ejecutivo y estableció un sistema mayoritario para evitar gobiernos efímeros. Como resultado, durante décadas, dos partidos principales, uno de izquierda y otro de derecha, alternaban en el poder (…) De Gaulle fue el presidente que inauguró un período de relativa estabilidad con el inicio de la Quinta República. La pregunta ahora es si Macron será el presidente que le ponga fin”, se cuestiona en el análisis.
Emmanuel Macron fue elegido presidente en 2017 sin el respaldo de ninguno de los principales partidos políticos, y fue reelegido en 2022. Pero perdió su mayoría parlamentaria cuando los electores se decantaron por los extremos. Tras dos años de gobierno frágil, Macron se ha visto obligado repetidamente a invocar el artículo 49.3 de la Constitución, impulsando legislación sin voto, “para el creciente disgusto de los legisladores de la oposición y buena parte del público francés”.
En las elecciones anticipadas de 2024, la izquierda logró la mayoría de escaños en segunda vuelta, pero insuficientes para alcanzar la mayoría absoluta tras el dominio logrado por la ultraderecha en primera vuelta. La izquierda vio eclipsada su aspiración de formar un gobierno de coalición cuando Macron se negó a aceptar a su candidato para primer ministro. A diferencia de otros países, Francia no tiene tradición de formar gobiernos de coalición y, por más de seis décadas, el presidencialismo domina su sistema político.
Francia experimenta inestabilidad política a la par de una deuda que aumenta. Su dura realidad desentona con el papel protagónico que trata de darle el presidente a su país en la escena internacional. Los rendimientos de los bonos a diez años han superado los de los países que estuvieron en situación de crisis de deuda de la Eurozona —España, Portugal y Grecia— y ahora se están acercando a los de Italia. “Una economía sometida a una tensión creciente y en desacuerdo con la imagen de potencia europea que Macron ha intentado proyectar”, precisa la cadena estadounidense.
El análisis de este medio explica que la inestabilidad tiene su origen en la decisión del presidente Macron de convocar elecciones el año pasado. Sin embargo, Macron salió debilitado porque su propio partido perdió escaños ante la ultraderecha y la ultraizquierda. La Asamblea quedó dividida.
Ahora el primer ministro Bayrou ha convocado la votación para tratar de sacar adelante un “impopular plan de ahorro de 44.000 millones de euros (unos US$ 51.500 millones) que incluye eliminar dos festivos y congelar el gasto”, según contextualiza el medio estadounidense.
Bayrou ha vendido su iniciativa como una cuestión de “supervivencia nacional” y advierte que Francia debe controlar su deuda creciente. Ha usado palabras que para algunos quizá son alarmistas. La reforma presupuestaria, señala CNN, fue justamente la que le costó el cargo a su predecesor, Michel Barnier. “Si Bayrou cae, la presión sobre Macron para que renuncie se intensificará, aunque él ha prometido terminar su mandato”.
Marine Le Pen, por su parte, ha exigido la disolución del Parlamento. Unas nuevas elecciones causarían más fractura al Parlamento aunque beneficiarían a la extrema derecha de Le Pen. Encuestas recientes sugieren que Agrupación Nacional saldría vencedora, con la izquierda en segundo lugar y el centro en tercer lugar.
No ayudaría tampoco en la actual coyuntura que Macron decidiese nombrar un gobierno provisional. “El problema es que tras tres primeros ministros centristas fallidos, los partidos de la oposición no están dispuestos a dar otra oportunidad a uno más. Tanto la ultraderecha como la ultraizquierda han señalado que pedirían de inmediato una moción de censura. Otra opción sería nombrar a un primer ministro de otra familia política, pero una elección a la derecha sería bloqueada por la izquierda y viceversa”, indica CNN.
Puede ocurrir que la ultraderecha eventualmente tome el poder, si no es ahora, en la próxima elección presidencial de 2027. Todo ello en un contexto de desconfianza hacia las élites políticas y enorme crispación social que se verá expuesta este 10 de septiembre en las protestas a nivel nacional bajo el lema “Bloquons tout” (“Bloqueemos todo”).
Dominique Moïsi, del Institut Montaigne, no recuerda un momento de estancamiento tan profundo en la Quinta República como ahora: “De Gaulle sobrevivió a intentos de asesinato, estaba la guerra de Argelia, en mayo del 68 el eslogan era ‘la France s’ennuie’ (‘Francia se aburre’). Pero hoy Francia está frustrada, furiosa, llena de odio hacia la élite (…) Estamos en una fase de transición entre un sistema que ya no funciona y un sistema que nadie puede imaginar”, puntualiza el experto al medio citado.