Lula desafía a Trump: la democracia como línea divisoria en Nueva York

21 septembre 2025 - 07:43

Brasil y sus aliados han decidido excluir a Estados Unidos de la reunión “Democracia Siempre” en Nueva York, un gesto que refleja el deterioro de la relación entre Washington y Brasilia y reconfigura las coordenadas del debate global sobre democracia y extremismo.

El anuncio sorprendió a propios y extraños. Brasil, junto con España, Uruguay, Colombia y Chile, dejó fuera a Estados Unidos de la lista de treinta países invitados a la segunda edición de la reunión “Democracia Siempre”, programada al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas. Alemania, Canadá, Francia, México, Noruega o Senegal sí fueron convocados. La ausencia estadounidense marca un quiebre con la edición anterior, cuando Joe Biden aún ocupaba la Casa Blanca y, aunque con delegación de bajo nivel, se hizo presente.

El argumento oficial, citado por un funcionario brasileño, fue tajante: solo se invita a naciones que puedan garantizar un compromiso real con la democracia. Según esa visión, la deriva extremista en Washington bajo Donald Trump imposibilita la participación estadounidense en un foro cuyo objetivo es coordinar respuestas frente a la desigualdad, la desinformación y el discurso de odio.

La decisión refleja el desencuentro creciente entre el Brasil de Lula y los Estados Unidos de Trump, dos liderazgos que avanzan con visiones opuestas. Mientras Lula habla de “organizar una transición democrática global contra el extremismo”, Trump ha firmado decretos para limitar políticas contra la desinformación y endureció medidas contra la prensa. El contraste es evidente y, al mismo tiempo, simbólico.

La exclusión se da en un contexto de tensiones crecientes. Washington impuso sanciones a Brasil tras la condena judicial de Jair Bolsonaro, gesto que Lula interpreta como una injerencia. A su vez, la política exterior brasileña se alinea con Europa y con países del Sur global en la defensa de una agenda democrática multilateral. En Nueva York, Lula insistirá en la vigencia de la democracia frente al extremismo, reafirmará la postura brasileña sobre Palestina y destacará la COP30 en Belém como espacio crucial para el debate climático.

Para Trump, la situación es incómoda. Será la primera vez que coincida con Lula desde su regreso al poder. Aunque no hay reunión bilateral prevista, la proximidad física en la Asamblea General expone el contraste: un Brasil que se presenta como anfitrión de un debate democrático frente a unos Estados Unidos cuestionados por su propia deriva política interna.

El trasfondo muestra un desencuentro que trasciende lo bilateral y revela cómo el eje del debate democrático se desplaza hacia América Latina y Europa, regiones que intentan articular un frente común ante el deterioro de la confianza ciudadana. Como ya señaló Pedro Sánchez en la primera edición, las causas estructurales que erosionan la democracia son la desigualdad, la desinformación y el odio. Esa lectura encuentra eco en países que, como Brasil, se sienten directamente amenazados por la propagación de extremismos.

El gesto de Brasil y sus aliados se puede interpretar como un intento de marcar distancia respecto de Washington y de elevar la voz del Sur global en el debate sobre democracia. Al excluir a Estados Unidos, el foro proyecta la idea de que la defensa de valores democráticos no depende de una sola potencia, sino de una red diversa que busca credibilidad frente a sus sociedades.

Lo que ocurra en Nueva York marcará un precedente. Brasil envía un mensaje de autonomía frente a Estados Unidos y, al mismo tiempo, reafirma su apuesta por un orden internacional donde la democracia se defiende con hechos y no solo con discursos. En el pulso entre Lula y Trump, el tablero global parece inclinarse hacia quienes entienden que la democracia es más que un lema: es la condición indispensable para sostener el futuro.

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