El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, confirmó este domingo su candidatura a un cuarto mandato presidencial, asegurando que afronta el desafío «con energía y plenamente preparado» para competir en las elecciones de octubre, que se perfilan como una nueva confrontación entre la izquierda y la derecha en Brasil.
La oficialización de su candidatura tuvo lugar durante la convención nacional del Partido de los Trabajadores (PT), celebrada en São Paulo, donde miles de militantes respaldaron la continuidad del histórico dirigente sindical, de regreso al poder desde enero de 2023.
En su intervención, Lula insistió en que esta será su última carrera electoral y afirmó que, una vez concluido el próximo mandato, pondrá fin a su trayectoria política para retirarse de la vida pública.
Su principal rival será el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en unos comicios que vuelven a dibujar un escenario de fuerte polarización política.
Sin citar directamente al presidente estadounidense Donald Trump, Lula centró buena parte de su discurso en la defensa de la soberanía nacional y rechazó cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de Brasil.
El mandatario aseguró que los recursos estratégicos del país, especialmente las tierras raras y minerales críticos, deben permanecer bajo control brasileño, en un contexto marcado por las tensiones comerciales entre Brasil y Estados Unidos y por los recientes aranceles impuestos por Washington.
La campaña electoral se desarrolla además en un clima de creciente confrontación diplomática. Lula acusa al entorno de Bolsonaro de favorecer la presión estadounidense sobre Brasil, mientras la oposición responsabiliza al Gobierno de deteriorar las relaciones con uno de sus principales socios comerciales.
Según los últimos sondeos de Datafolha, Lula mantiene una ligera ventaja en una eventual segunda vuelta frente a Flávio Bolsonaro, aunque la diferencia permanece dentro de un margen que anticipa una campaña muy disputada.
El presidente llega a la cita electoral respaldado por el crecimiento económico y los bajos niveles de desempleo, aunque deberá responder a las críticas por el aumento del coste de la vida, el déficit público y una investigación judicial abierta contra uno de sus hijos por presunto tráfico de influencias.