El Consejo Extraordinario de ministros del Interior de la Unión Europea, convocado a petición de España tras la crisis de Ceuta, concluyó ayer con un comunicado de solidaridad unánime que no menciona a Marruecos, descarta cualquier vínculo entre la regularización y la avalancha y sienta las bases para un debate de fondo sobre inteligencia compartida y hubs de retorno exteriores a la Unión.
El comunicado con el que concluyó la reunión de más de tres horas entre los ministros del Interior de los Veintisiete no menciona a Marruecos ni una sola vez. Tampoco a la regularización masiva de inmigrantes aprobada por el Gobierno español. Las dos grandes acusaciones que 22 países habían lanzado contra España en la carta del pasado sábado desaparecieron del texto oficial como si nunca hubieran existido. En su lugar, los ministros expresaron «firme solidaridad con España» y elogiaron la «rápida y eficaz actuación» de las autoridades españolas ante la crisis de Ceuta.
«La Unión Europea está unida y dispuesta a apoyar a España. Le felicitamos por su rápida respuesta ante la situación en Ceuta y expresamos nuestras más sentidas condolencias por la pérdida de vidas humanas», resumió Jim O’Callaghan, ministro de Interior de Irlanda, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea (UE) este semestre. El ministro francés, Laurent Nuñez, fue más explícito: todos los estados miembros «han elogiado la gestión española de la crisis y la cooperación con Marruecos». El resultado contrastaba de forma llamativa con el tono de los días anteriores.
Del reproche a la solidaridad: qué cambió en 72 horas
El giro entre la carta del sábado y el comunicado del martes tiene una explicación técnica y otra política. La técnica: España demostró que ninguna de las personas que cruzaron Ceuta accedió al espacio Schengen, que los controles interiores de la ciudad autónoma funcionaron con normalidad y que 70.000 de las 72.000 personas habían ya regresado a Marruecos. La política: atacar directamente a España por la regularización habría obligado a Italia a explicar sus propios 500.000 visas de trabajo concedidos a extranjeros extracomunitarios este otoño, y a Alemania su propio historial migratorio reciente.
El comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, fue quien mejor resumió el giro en rueda de prensa. «Sobre la regularización, no hubo críticas reales porque no podemos ver un vínculo directo en este momento entre la medida y los incidentes de Ceuta», admitió el político austriaco. Sí mantuvo su posición personal sobre las regularizaciones en abstracto: «No es una buena señal para el resto de Europa». Pero ese matiz no entró en el comunicado final. El debate que 22 cancillerías habían construido durante cinco días se diluyó en menos de cuatro horas de videoconferencia.
El comunicado que no menciona a Marruecos
La ausencia de Marruecos en el texto final no es un descuido editorial sino una decisión política. Varios analistas diplomáticos apuntan que criticar explícitamente a Rabat en un documento oficial de los Veintisiete habría cerrado la puerta a los acuerdos de devolución rápida que varios países negocian con el Gobierno marroquí. El comisario Brunner optó también por no señalar al país norteafricano en ningún momento de su intervención pública, pese a que las 72.000 personas llegaron desde su territorio. «País seguro» fue la única mención implícita: la categoría que justifica las devoluciones aceleradas.
En cambio, los ministros sí coincidieron en señalar a las «redes criminales de tráfico de migrantes y la desinformación» como causas de la crisis. El comunicado subraya la necesidad de «mejorar el conocimiento compartido de la situación» mediante «sistemas de alerta temprana» e «información de inteligencia previa a la frontera», incluyendo la vigilancia de las redes sociales. «Tenemos que llegar al fondo de esto», dijo el primer ministro belga, Bart de Wever. La conclusión es que el papel de Marruecos queda pendiente de investigación, pero sin nombrarlo en ningún documento compartido.
Italia propone que la UE, no los estados, negocie con Marruecos
La intervención más significativa del día no fue la del comisario Brunner sino la del ministro italiano, Matteo Piantedosi. Tras expresar «sincera solidaridad» con España e insistir en que los controles aéreos y marítimos italianos «no son en ningún caso una medida contra España», el titular de Interior de Roma lanzó un mensaje de largo alcance: «Debe ser la Unión Europea en su conjunto la que negocie y establezca relaciones mutuamente beneficiosas con los terceros países». En Roma, esas palabras se interpretan como una propuesta para comunitarizar la relación con Marruecos y reducir el peso de los acuerdos bilaterales como el hispanomarroquí.
La Comisión Europea prepara para octubre un plan en cinco puntos que reforzará la externalización de las fronteras de la UE, el desarrollo de los llamados hubs de retorno en terceros países y la mejora de los mecanismos de alerta temprana. Seis estados miembros trabajan ya en iniciativas concretas de ese tipo, aunque Brunner no garantizó financiación comunitaria. El Consejo del martes fue, como lo describió el ministro Nuñez, una reunión en la que «la cuestión del espacio Schengen no era el problema sino la solución». Lo que no resolvió es la pregunta estructural de qué hacer cuando el problema viene de fuera.