Los bulos sobre el fallo del Supremo detonaron la avalancha migratoria

12 août 2026 - 10:59

Un estudio concluye que la tergiversación en redes sociales de una sentencia del Tribunal Supremo español sobre expulsiones en caliente desencadenó la marea humana de los días 30 y 31 de julio. La marea baja al mediodía y la inhibición inusual de las fuerzas de seguridad marroquíes hicieron el resto. Un organismo oficial de Marruecos ha identificado además «cuentas extranjeras» en los grupos que coordinaron los cruces, sin precisar su origen.

«Por la mañana vi en Instagram y TikTok vídeos de personas que atravesaban la frontera de Ceuta y decían: la puerta está abierta.» Así describe Maruán L. Alaui, ingeniero informático marroquí de 40 años especializado en inteligencia artificial, el momento en que la desinformación digital se convirtió en avalancha humana. Alaui siguió desde finales de junio el auge de la tensión migratoria en las redes sociales y ha publicado un estudio en Instagram en el que documenta, con centenares de mensajes, publicaciones y grabaciones recopiladas antes de que desaparecieran del ecosistema digital, el papel que jugó la desinformación en la crisis de Ceuta. Su conclusión es precisa: los bulos que tergiversaban una sentencia del Tribunal Supremo español sobre la expulsión en caliente de migrantes irregulares a través del mar fueron el detonante de la irrupción masiva.

El fallo del Supremo, hecho público el 8 de julio, fue leído en los circuitos digitales marroquíes como la confirmación de que España había abierto sus fronteras. No era así: la sentencia limitaba las devoluciones sumarias, no autorizaba la entrada irregular. Pero la promesa de una frontera abierta y sin papeles se viralizó con una velocidad que ningún desmentido posterior pudo frenar. Dos vídeos de mujeres jóvenes recién llegadas a Ceuta, que celebraban sonrientes haber alcanzado su destino, sumaron 32.198.740 visualizaciones. Para una audiencia de jóvenes migrantes potenciales, aquello significaba, en palabras de Alaui, «una ruta practicable, inmediata y humana», frente a las peligrosas corrientes del Mediterráneo.

El bulo que abrió la puerta

La coincidencia de factores que permitió la avalancha fue, en parte, física. La marea baja al mediodía del 30 de julio, combinada con la inusual inhibición de las fuerzas de seguridad marroquíes, hizo que «la frontera dejara de funcionar como una barrera durante varias horas decisivas» en el espigón alambrado del Tarajal, según concluye Alaui. A las seis de la mañana de ese día ya circulaban en redes mensajes sobre nadadores que accedían a la playa. Al mediodía, con la marea baja, se inició lo que el investigador llama el «tsunami migratorio». «No hace falta que nades, solo tienes que rodear la valla», rezaban los mensajes en WhatsApp. En pocas horas, las llamadas a cruzar la frontera se extendían por canales organizados en las principales ciudades de Marruecos. «España ha abierto la puerta», era la consigna en Facebook e Instagram. Los controles de seguridad no se restauraron hasta el 1 de agosto.

Alaui es cuidadoso con sus conclusiones. Su estudio descarta expresamente que haya evidencias de que «Rabat, Argel, Madrid, un partido político, un medio de comunicación o un influencer diseñaran o dieran la orden de movilización». Las redes sociales actuaron como acelerador, no como causa estructural. «Las redes sociales no pueden explicar por sí solas cómo se pasó de cientos de intentos en los días anteriores a una irrupción masiva», argumenta. Lo que sí documentó fue que el «cruce creíble» confirmado por los primeros jóvenes que entraron sin restricciones intensificó el aluvión. «La ausencia de vigilancia policial hizo el resto», sostiene.

El ecosistema migratorio digital

Lo que el estudio de Alaui revela con detalle es la existencia de un ecosistema digital de migración irregular perfectamente organizado mucho antes de la crisis. «El mercado migratorio ya existía con antelación en foros como Korob haraga o Haraga Spain», precisa el investigador. En esos espacios se buscan compañeros de viaje para compartir gastos, se anuncian travesías en barca o moto acuática, se publican teléfonos de contacto y se debaten rutas de entrada. Los detalles se gestionan por mensaje directo. «Paga cuando llegues a Ceuta. Esta es ruta a pie. Contacto por MD», reproduce uno de los mensajes recopilados, que incluye lista de precios y valoraciones de usuarios anteriores.

«Grupos privados y públicos» de mensajería suministraron además contactos e información logística durante la crisis. Las noticias sobre cruces reales de la frontera entre Castillejos y Ceuta resultaron más «persuasivas» que los rumores digitales, porque confirmaban en tiempo real que el paso era posible. Fue ese bucle de retroalimentación —bulo inicial, cruce real, vídeo viral, nuevo cruce— el que convirtió una tensión acumulada en desbordamiento masivo en cuestión de horas.

Las cuentas extranjeras sin identificar

El Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos (CNDH), organismo oficial dependiente del Estado, ha publicado un informe preliminar que coincide en señalar el papel central de los grupos digitales en la coordinación de las travesías. El CNDH asegura haber identificado en WhatsApp e Instagram «actividad potencial de redes o intermediarios vinculados a la trata de seres humanos». Pero el dato más inquietante de su informe es otro: la presencia de «cuentas extranjeras dentro de grupos marroquíes» que incitaban a la inmigración clandestina. El organismo cita el caso de números borrados en un grupo con indicativo extranjero y de otro con 18 números «asociados a ese mismo Estado», sin identificar cuál.

La explicación oficial de Rabat y Madrid apunta a redes de trata de seres humanos como origen de esa coordinación externa. Es una hipótesis plausible, pero el informe del CNDH no la cierra: la abre. La presencia de cuentas extranjeras no identificadas en los grupos que organizaron el cruce masivo es un elemento que las investigaciones en curso deberán precisar. De momento, lo que el estudio de Alaui y el informe del CNDH dejan fuera de duda es que la crisis de Ceuta no fue espontánea ni imprevisible: fue el resultado de una desinformación que encontró el momento preciso para convertirse en realidad.

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