Latinoamérica alza la voz: excancilleres exigen una mujer al frente de la ONU

15 juillet 2025 - 17:28

En un gesto tan inusual como urgente, más de treinta excancilleres de América Latina y el Caribe han alzado la voz para reclamar algo tan evidente como postergado: que la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas esté encabezada por una mujer de la región. No se trata de una consigna identitaria ni de una cuota geográfica sin contenido: se trata de devolverle legitimidad al liderazgo multilateral en una época en que el sistema de Naciones Unidas parece atrapado entre su retórica fundacional y su parálisis funcional.

El actual secretario general, António Guterres, concluirá su mandato en 2026. Y aunque el relevo es aún una incógnita, los exjefes de la diplomacia iberoamericana han marcado una línea clara: es hora de que el liderazgo multilateral abrace la paridad de género, la representación regional y, sobre todo, una visión más inclusiva y plural del orden global.

Aunque el reclamo tiene antecedentes, esta vez se presenta con una convicción estratégica renovada. América Latina ha tenido una sola oportunidad en la cúspide de la ONU en 80 años: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, en los años ochenta. Desde entonces, ni una mujer, ni otro latinoamericano. Y sin embargo, la región ha demostrado compromiso con la paz, el derecho internacional, el desarme nuclear (como lo prueba el Tratado de Tlatelolco) y la cooperación Sur-Sur. ¿No es hora de que ese legado pese más que las lógicas de poder entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad?

Entre los firmantes figuran nombres reconocidos: Susana Malcorra, Jorge Castañeda, Isabel de Saint Malo, María Ángela Holguín, Diego García Sayán, entre otros. La declaración –traducida a un inglés institucional y cuidadoso– pone el acento en tres pilares: la necesidad de reimaginar el sistema multilateral, la oportunidad de aportar una perspectiva regional desde el Sur global y el imperativo moral de romper el techo de cristal en el máximo órgano de representación internacional.

Tal vez no lo logren. Tal vez las cinco potencias con derecho a veto decidan otra vez entre ellas, como suele suceder. Pero el solo hecho de que se articule este llamado desde América Latina es en sí un signo de madurez. Porque no se trata solo de exigir un lugar, sino de proponer otro modo de estar en el mundo: más cooperativo, más diverso, menos arrogante.

Que una mujer latinoamericana encabece la ONU no cambiará por sí solo el rumbo de la historia. Pero quizás permita que, por fin, el mundo escuche otras voces. Y que esa voz, esta vez, sea la de una región tantas veces ignorada, hablando no en nombre del poder, sino del derecho a existir con dignidad.

Compartir el artículo