Las hoteleras españolas abandonan Cuba por las sanciones de Trump

29 juillet 2026 - 11:32

Meliá, Iberostar y Barceló han cesado por completo su actividad hotelera en Cuba tras el endurecimiento de las sanciones impuestas por la Administración de Donald Trump, que ha extendido sus medidas a la totalidad de las entidades turísticas de la isla. La decisión pone fin a más de tres décadas de presencia dominante del turismo español en el Caribe cubano y coincide con la peor crisis humanitaria y energética que atraviesa el país por el bloqueo petrolero estadounidense. 

La cadena hotelera Meliá comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que su filial portuguesa, Ilha Bela Gestao e Turismo, pondrá fin a la totalidad de sus servicios de gestión y comercialización hotelera en Cuba. La decisión supone el cese completo de la presencia de la compañía balear en la isla, después de que a principios de junio ya hubiera cedido la gestión de quince de sus treinta y cuatro establecimientos, vinculados al conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas, Gaesa, sobre el que Washington había anunciado sanciones específicas. Iberostar y Barceló, las otras dos grandes cadenas españolas presentes en la isla, adoptaron la misma decisión.

Meliá justificó su decisión ante el supervisor bursátil español citando «las notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero que persistentemente han venido y vienen afectando al entorno de ese país». La medida abarca la supresión total del uso de las marcas autorizadas, la actividad receptiva y la cadena de suministro local vinculada a la operativa. Iberostar, que llegó a operar dieciocho hoteles en la isla, confirmó en un comunicado similar que «ya no opera ni comercializa ningún hotel en Cuba», aunque matizó que continúa «apoyando a sus equipos durante esta etapa». Barceló, por su parte, dejó de operar sus dos establecimientos cubanos.

La cadena española, que llegó a gestionar hasta treinta y cuatro hoteles en Cuba con cerca de catorce mil habitaciones, era hasta hace poco el principal operador turístico extranjero en la isla, adonde había llegado por primera vez en 1990. La contribución de Cuba al beneficio bruto de explotación de Meliá, que en el último ejercicio alcanzó los 545 millones de euros, era sin embargo limitada, situándose en «menos de diez millones de euros», según explicó el presidente y consejero delegado de la compañía, Gabriel Escarrer. El grupo evalúa ahora, en aplicación del principio de prudencia contable, el impacto financiero de la salida y una eventual revisión del valor en libros de sus activos vinculados a la isla.

La ofensiva de Washington y la doctrina Donroe

La retirada de las cadenas hoteleras españolas responde a la ampliación de las sanciones estadounidenses a la totalidad de las entidades turísticas cubanas, una escalada que se enmarca en una campaña más amplia contra el régimen de La Habana. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, de origen cubano, lidera esta ofensiva. El Departamento de Estado publicó un documento en el que acusa a Cuba de «respaldar una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda» en territorio estadounidense y de haber ejecutado «una de las operaciones de penetración de inteligencia extranjera más duraderas y perjudiciales» de la historia del país.

La Administración de Trump enmarca esta política en la denominada doctrina Monroe, o su actualización informal, apodada Donroe, mediante la cual defiende que Estados Unidos debe ejercer la hegemonía sobre todo el hemisferio occidental. La campaña contra Cuba se intensificó poco después de la operación militar estadounidense para capturar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, en Caracas, y se ha traducido en sucesivas rondas de sanciones aprobadas por el Departamento de Estado y el Tesoro contra empresas, organismos públicos y dirigentes del régimen cubano.

El impacto humanitario y económico en Cuba

La retirada de los grandes grupos hoteleros internacionales coincide con la que se describe como la peor crisis humanitaria de la historia reciente de Cuba, agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. Los cortes de suministro eléctrico se suceden de forma prácticamente diaria, mientras la escasez de combustible ha paralizado buena parte del transporte y de la actividad industrial de la isla. El turismo, principal motor económico del país, se ha desplomado conforme aumentaba la presión estadounidense por forzar un cambio de régimen: los viajes internacionales han caído de forma pronunciada y varias aerolíneas han cancelado sus conexiones directas, entre ellas las procedentes de Canadá, hasta ahora el principal mercado emisor de turistas hacia la isla.

El sector turístico cubano, del que dependían de forma directa los grandes complejos gestionados por compañías extranjeras, atraviesa así una contracción severa que se suma a la escasez generalizada de productos básicos y a la dependencia de generadores eléctricos que, según los testimonios recogidos, tampoco logran funcionar por la falta de combustible. Las empresas extranjeras que operaban en Cuba lo hacían habitualmente a través de contratos de gestión o empresas mixtas con entidades estatales cubanas, un modelo que ahora queda desmantelado en el sector hotelero tras la salida simultánea de las tres grandes cadenas españolas que durante más de tres décadas simbolizaron la internacionalización del turismo español en el Caribe.

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