Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete acordaron en la cumbre de Bruselas de los días 19 y 20 de marzo respaldar las gestiones diplomáticas que la Unión Europea mantiene con Teherán para buscar una salida negociada al conflicto en Oriente Medio. El bloque comunitario solicitó una moratoria de los ataques a instalaciones energéticas y de agua en Irán, rechazó intervenir militarmente en el conflicto y reclamó un mandato internacional como condición previa para cualquier misión de garantía de la navegación en el estrecho de Ormuz.
La reunión del Consejo Europeo celebrada en Bruselas ha dejado una posición colectiva de los Veintisiete que se aleja con claridad de la estrategia belicista impulsada por Washington. Los líderes europeos aprobaron unas conclusiones que incluyen el apoyo explícito a los esfuerzos diplomáticos para desbloquear el estrecho de Ormuz y garantizar la libertad de navegación, pero vinculan cualquier acción a que se cumplan previamente las condiciones diplomáticas necesarias. El documento respalda el diálogo con Irán y evita toda mención explícita a Estados Unidos e Israel como actores del conflicto, en una redacción que varios líderes interpretaron como un gesto deliberado de distancia institucional respecto a la Casa Blanca.
La alta representante de la Unión Europea para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, fue la voz más directa en la cumbre. Kallas confirmó que el bloque lleva días realizando «gestiones diplomáticas» con Irán para encontrar alternativas a la escalada, y subrayó que «hay una exigencia moral y política de parar esta guerra». La diplomática estonia insistió en que la solución al conflicto pasa por el diálogo y no por las bombas, en una formulación que resume el consenso alcanzado entre los Veintisiete y que choca frontalmente con la postura de la administración Trump, que ha exigido a sus aliados europeos que contribuyan a abrir por la fuerza el paso de buques mercantes a través del canal de Ormuz.
Las gestiones de Kallas y la moratoria sobre infraestructuras
El Consejo Europeo solicitó formalmente una moratoria de los ataques contra las instalaciones energéticas y de agua en Irán, una petición que se dirige implícitamente a Israel y que refleja la preocupación europea por las consecuencias económicas de la guerra sobre el suministro global de petróleo, gas y fertilizantes. El bloqueo del estrecho de Ormuz, considerado el paso marítimo más estratégico del mundo para el transporte de hidrocarburos, amenaza con convertirse en una crisis alimentaria si quedan bloqueadas también las exportaciones de fertilizantes que transitan por esa ruta.
Los líderes acordaron además reforzar las operaciones marítimas europeas Aspides y Atalanta con más activos y extender el área de actuación de sus mandatos al mar Rojo y al océano Índico occidental, sin ampliar su ámbito de acción al propio estrecho de Ormuz. La distinción es relevante: los Veintisiete se niegan a asumir la misión de escolta militar en Ormuz sin un mandato internacional que la avale, lo que implica la necesidad de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Varios países se mostraron abiertos a enviar apoyo militar para garantizar la navegación en el estrecho, pero únicamente bajo esa cobertura jurídica.
Sánchez y Merz marcan distancia con Trump y Netanyahu
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llegó a Bruselas como el líder europeo que más abiertamente se ha pronunciado contra el conflicto desde su inicio. «Esta es una guerra ilegal que ya empezamos a sufrir», afirmó Sánchez, quien añadió que el conflicto en Irán «no va en interés de Europa» y reclamó que la Unión Europea defienda sus principios: «un orden basado en reglas y no la ley del más fuerte». Sánchez ha ido alineando progresivamente su postura con la del bloque mayoritario de líderes que rechazan el belicismo de Washington y considera que España debe ser «el país con el mayor escudo social y económico de la Unión Europea» ante las consecuencias internas de la guerra.
El canciller alemán, Friedrich Merz, deslizó una posición más matizada pero igualmente significativa. A su llegada al Consejo Europeo, Merz afirmó que antes de cualquier proceso de mediación «deben cesar los combates» y reclamó «un mandato internacional» para comenzar a negociar, algo que reconoció que en estos momentos no existe. La relación entre Sánchez y Merz, que se había enfriado semanas antes cuando el canciller guardó silencio mientras Trump amenazaba a España con un embargo comercial, pareció distenderse durante la cumbre: las imágenes de la jornada mostraron a ambos líderes conversando en privado de forma relajada al margen de las sesiones plenarias.
Voces críticas y el mandato internacional como condición de fondo
El primer ministro holandés, Rob Jetten, que se estrenaba en su primera cumbre europea, subrayó en términos contundentes que «esta guerra fue iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán» y que los Países Bajos no se consideran parte de ella. Jetten añadió que para poner fin al conflicto «se necesitará un mandato internacional, algo que en estos momentos no tenemos». El primer ministro esloveno, Robert Golob, llamó al conflicto «esta guerra sin sentido», en una de las calificaciones más explícitas que se escucharon en Bruselas. El director austriaco, Christian Stocker, fue otra de las voces críticas con la estrategia de Trump, a quien describió como «poco predecible».
La posición más incómoda dentro del consenso europeo la ocuparon los países más próximos a Washington, como Eslovaquia y Hungría, cuyos gobiernos evitaron criticar abiertamente a la Casa Blanca. Frente al desorden global y las turbulencias generadas por Trump, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, participó en una comida de trabajo con los líderes europeos y lanzó un mensaje de respaldo al multilateralismo: «Es hora de que la fuerza de la ley prevalezca sobre la ley de la fuerza». La frase sintetiza la apuesta estratégica de una Unión Europea que, sin capacidad militar suficiente para actuar unilateralmente, cifra su influencia en la construcción de marcos normativos internacionales que encaucen el conflicto.