El reconocimiento explícito de la soberanía marroquí, la congelación de las relaciones con la denominada «RASD» y el fin de cualquier apoyo a esta entidad en el Consejo de Seguridad son presentados mayoritariamente en España como una ruptura con la etapa de Gustavo Petro y un éxito diplomático para Rabat.
El cambio de posición de Colombia sobre el Sáhara marroquí ha obtenido una amplia cobertura en la prensa española. Desde las grandes agencias de noticias hasta los medios especializados en economía y política internacional, las publicaciones analizadas coinciden en señalar la profundidad del giro adoptado por el nuevo Gobierno colombiano.
La decisión va más allá de una declaración política favorable al plan marroquí de autonomía. En su comunicado oficial del 10 de agosto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia reconoce la soberanía de Marruecos sobre la totalidad de su territorio, incluido el Sáhara, y anuncia la congelación inmediata de sus relaciones con la entidad denominada «República Árabe Saharaui Democrática» (RASD).
Bogotá descarta desde ahora cualquier contacto político o diplomático con esta entidad, el intercambio de misiones y todo respaldo en foros multilaterales, incluidas las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad, del que Colombia es actualmente miembro no permanente.
Para Marruecos, esta última dimensión convierte un éxito bilateral en una ventaja con posibles efectos concretos en el escenario internacional.
Una revisión explícita de la política de Petro
La Cancillería colombiana presenta la decisión como el resultado de una «revisión soberana» del reconocimiento concedido por el Gobierno anterior.
Durante la presidencia de Gustavo Petro, Colombia restableció en 2022 sus relaciones con la «RASD», congeladas desde 2001. La nueva Administración de Abelardo de la Espriella revierte así una de las decisiones más representativas de la política exterior de su antecesor.
La rapidez del cambio le otorga un significado particular. El reconocimiento de la soberanía marroquí figura entre las primeras decisiones diplomáticas del nuevo Ejecutivo, adoptada pocas horas después de la investidura presidencial.
Bogotá justifica también su reorientación señalando que la «RASD» no es un Estado miembro de las Naciones Unidas. El comunicado sostiene que la decisión respeta plenamente el derecho internacional, la Carta de la ONU y el marco planteado por la Resolución 2797, adoptada en 2025 por el Consejo de Seguridad.
Esta es la interpretación jurídica expresada por el Gobierno colombiano. Su alcance político resulta, en cualquier caso, inequívoco: Bogotá pretende orientar desde ahora su actuación multilateral de acuerdo con una posición favorable a la soberanía marroquí.
La prensa española habla de un «giro de 180 grados»
La Vanguardia resume la decisión como un «giro de 180 grados» y destaca la voluntad de Colombia de revitalizar sus relaciones con Rabat desde una perspectiva de largo plazo.
La Razón adopta una lectura similar y presenta el cambio como una ruptura clara con la línea seguida durante la presidencia de Gustavo Petro. Libertad Digital, Vozpópuli, OKDIARIO y Demócrata.es subrayan igualmente la rapidez con la que el nuevo Gobierno ha redefinido la política colombiana sobre el Sáhara.
El tratamiento resulta, en términos generales, favorable a Marruecos. Diversos titulares hablan directamente del reconocimiento de la soberanía marroquí, de un cambio histórico o de la apertura de una nueva etapa entre Bogotá y Rabat.
Esta coincidencia terminológica tiene una relevancia especial. En España, la cuestión del Sáhara continúa marcada por el legado colonial, las divisiones políticas internas y sensibilidades editoriales muy diferentes. El hecho de que medios de distintas orientaciones recojan sin ambigüedad el reconocimiento colombiano contribuye a situar la soberanía marroquí en el centro del debate.
EFE y Europa Press garantizan una difusión amplia y factual
Las agencias EFE y Europa Press optan por un tratamiento más neutral. Ambas exponen el cambio colombiano, recuerdan la posición mantenida durante la etapa de Petro y recogen la voluntad del nuevo Gobierno de reforzar sus relaciones con Marruecos.
Esta neutralidad informativa no resta valor al efecto favorable para Rabat. Las agencias proporcionan a la decisión una amplia difusión en el espacio mediático hispanohablante y contribuyen a consolidarla como un acontecimiento diplomático relevante.
El Independiente sigue una línea semejante. El medio presenta la congelación de las relaciones con la «RASD» como una modificación importante de la política exterior colombiana, sin adoptar un tono militante.
El País, más crítico con el contexto político del nuevo Gobierno conservador, incluye también el reconocimiento de la soberanía marroquí entre sus primeras decisiones internacionales. Sus reservas se refieren a la orientación general de la nueva presidencia, no a la realidad del acercamiento entre Bogotá y Rabat.
El Consejo de Seguridad, principal logro político
El apartado más relevante del comunicado colombiano es el referido al cese de cualquier apoyo futuro a la «RASD» en las instituciones internacionales.
Colombia ocupa actualmente un asiento en el Consejo de Seguridad, órgano en el que se debaten la renovación del mandato de la Minurso y los términos de las resoluciones relativas al Sáhara. Su nueva posición podría traducirse, por tanto, en una coordinación más estrecha con los países partidarios de una solución de autonomía bajo soberanía marroquí.
Bogotá no puede determinar por sí sola los equilibrios internos del Consejo. Sin embargo, el paso desde una posición favorable a la «RASD» hasta el reconocimiento explícito de la soberanía marroquí modifica sustancialmente el enfoque con el que la diplomacia colombiana abordará el expediente.
Este movimiento debilita además la red diplomática del Frente Polisario en América Latina, una región donde durante décadas ha contado con apoyos de carácter ideológico y político.
Del éxito diplomático a una asociación económica
Los medios especializados centran su atención en las perspectivas económicas abiertas por el acercamiento.
Atalayar destaca la posibilidad de alcanzar un nuevo acuerdo comercial estratégico, mientras que América Económica pone el foco en la eventual negociación de un tratado de libre comercio y en el desarrollo de las inversiones bilaterales.
El comunicado colombiano identifica varios ámbitos prioritarios: comercio, turismo, seguridad alimentaria, promoción de inversiones, infraestructuras portuarias, logística y conectividad atlántica.
Esta dimensión económica resulta fundamental para garantizar la continuidad del cambio. Marruecos puede servir como plataforma para las empresas colombianas interesadas en acceder a los mercados africanos y árabes. Colombia, por su parte, puede ofrecer al Reino una puerta de entrada adicional hacia América Latina.
Al vincular el reconocimiento político con intereses concretos, ambos gobiernos pueden construir una asociación menos vulnerable a futuras alternancias en el poder.
La reacción del Polisario refleja la importancia del revés
El Debate y EFE también han informado de la condena expresada por el Frente Polisario. Estas publicaciones recogen los argumentos de la organización, pero no alteran el tono general de la cobertura mediática.
La reacción confirma, sobre todo, que el cambio colombiano es percibido como un revés significativo. El Polisario pierde un interlocutor diplomático, un respaldo en los foros multilaterales y, potencialmente, una voz favorable dentro del Consejo de Seguridad.
La prensa española no presenta, por tanto, la decisión como un simple cambio terminológico. Sus informaciones reflejan sus consecuencias políticas, diplomáticas e institucionales.
Un éxito que deberá consolidarse
La nueva posición colombiana reúne varios elementos favorables para Marruecos: el reconocimiento explícito de su soberanía, la congelación de las relaciones con la «RASD», el fin del respaldo a esta entidad en las Naciones Unidas, la posibilidad de una mayor coordinación en el Consejo de Seguridad y la voluntad de construir una asociación económica estratégica.
Su amplia repercusión en la prensa española refuerza la resonancia de la decisión en un país central para la percepción europea de la cuestión del Sáhara.
El principal desafío consistirá ahora en consolidar este avance mediante acuerdos económicos, intercambios institucionales y una coordinación diplomática periódica. La posición colombiana sobre el Sáhara ha cambiado anteriormente al ritmo de las alternancias políticas. Solo una relación basada en intereses sólidos y duraderos podrá proteger el nuevo escenario frente a un futuro cambio de Gobierno.
Para Rabat, la victoria diplomática es clara. Su permanencia dependerá de la capacidad de ambos países para transformar el reconocimiento político en una alianza estratégica entre África y América Latina.