El presidente del Comité Militar de la OTAN, Giuseppe Cavo Dragone, defendió en Singapur que el incremento de los presupuestos de defensa debe traducirse en capacidades operativas reales, en un contexto marcado por las crecientes exigencias de Washington a sus aliados europeos.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) continúa presionando a sus Estados miembros para que refuercen sus capacidades militares, pero advierte que el aumento del gasto no tendrá efecto si no se traduce en medios concretos de defensa.
Así lo afirmó este domingo en Singapur el presidente del Comité Militar de la Alianza, el almirante italiano Giuseppe Cavo Dragone, durante su intervención en el Diálogo Shangri-La, considerado uno de los principales foros internacionales sobre seguridad y defensa en Asia.
«No podemos disuadir a nadie simplemente agitando dinero en el aire», declaró el responsable militar, subrayando que el objetivo de la OTAN es transformar el incremento presupuestario en capacidades operativas efectivas y en una mayor preparación estratégica.
Las declaraciones de Cavo Dragone llegan un día después de que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, reclamara nuevamente a los aliados europeos un esfuerzo financiero más ambicioso en materia militar.
Durante el mismo foro, Hegseth elogió a varios socios asiáticos de Washington por haber incrementado significativamente sus presupuestos de defensa y lanzó un mensaje directo a Europa: «La época en la que Estados Unidos subvencionaba la defensa de las naciones ricas ha terminado; necesitamos socios, no protectorados».
La cuestión del reparto de la carga defensiva se ha convertido en uno de los principales asuntos dentro de la Alianza Atlántica. Actualmente, la OTAN trabaja sobre el objetivo de destinar el 3,5 % del PIB al gasto militar directo y un 1,5 % adicional a infraestructuras vinculadas a la defensa.
La presión estadounidense coincide con un repliegue gradual de parte de su presencia militar en Europa. La Administración del presidente Donald Trump ha reiterado su intención de reorientar recursos hacia otras prioridades estratégicas globales, especialmente en la región indo-pacífica.
La semana pasada, los ministros de Exteriores de la OTAN reunidos en Suecia reconocieron que Europa deberá asumir progresivamente una mayor responsabilidad en su propia seguridad a medida que Estados Unidos reduzca parte de su despliegue militar en el continente.
Pese a ello, los aliados europeos insistieron en la necesidad de mantener el compromiso estadounidense con la defensa colectiva y reclamaron una coordinación estrecha para gestionar cualquier reorganización de fuerzas.
La próxima gran cita de la Alianza tendrá lugar en julio, durante la cumbre de la OTAN prevista en Turquía, donde los líderes debatirán los mecanismos necesarios para alcanzar el objetivo de elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB antes de 2035.
Más allá de las cifras, el mensaje lanzado desde Singapur refleja una preocupación creciente dentro de la OTAN: la capacidad real de las democracias occidentales para responder a un entorno internacional cada vez más competitivo e inestable.