La operación estadounidense en Venezuela se saldó sin víctimas americanas, según ha dicho el jefe de la Casa Blanca, y con unas 40 víctimas del lado venezolano, de las cuales 32 eran guardaespaldas cubanos de Nicolás Maduro. Hay asombro en dos acepciones: primero, porque la operación ha generado sorpresa y admiración por su espectacularidad; segundo, porque el plan político de Trump ha causado perplejidad y espanto.
Según encuesta de Reuters/Ipsos, realizada dos días después de la captura de Maduro, solo el 33% de los estadounidenses aprueba el ataque. Una nueva operación e invasión a gran escala en Venezuela haría que el porcentaje de aprobación caiga todavía más.
Desde Miami, el periodista Andrés Oppenheimer analiza que Donald Trump apostó por el “madurismo sin Maduro”. Dice que ha sido una “operación militar: impecable”, pero su plan posterior es “inentendible”. En ese sentido plantea que o bien hay “un gran secreto que mantiene oculto” o este es de una “improvisación total” que podría dejar a Venezuela con un “madurismo sin Maduro”, o sea, “una dictadura ilegítima producto de un fraude electoral”.
Sin embargo, según indican medios americanos, en audiencia ante los senadores a puerta cerrada en el Capitolio, Marco Rubio ha insistido en que la administración «no está improvisando». El secretario de Estado ha asegurado que tienen un plan para Venezuela.
Con la información disponible, Oppenheimer duda de que hubiese un acuerdo de la Casa Blanca con Delcy Rodríguez para derrocar al exdictador. “Al momento de escribir estas líneas, no parece ser el caso. En su conferencia de prensa del sábado, Trump dijo que de ahora en adelante Estados Unidos ‘manejará’ el gobierno de Venezuela, y que Rodríguez sería una presidenta interina que cooperaría con Washington. Sonaba como un plan impresionante, salvo que Rodríguez apareció poco después en la televisión estatal venezolana denunciando el ataque estadounidense y diciendo que Maduro sigue siendo el presidente de Venezuela. Más tarde ese mismo día, Rodríguez suavizó sus declaraciones, diciendo que esperaba un entendimiento con Estados Unidos”, reconstruye el periodista.
Oppenheimer no parece demasiado crédulo respecto a la intención de Rodríguez de cooperar con Estados Unidos. En un primer momento pudo ocurrir que las palabras de Trump hayan sido exageradas y más producto de sus deseos que de un pacto con el régimen. “El hecho concreto es que ella y el régimen de Maduro aún controlan el ejército, la policía, y la televisión estatal. Es cierto que Trump amenaza con una segunda ola de ataques si ella se resiste, pero la cosa no es tan sencilla: Rodríguez podría ser destituida por el ministro de Defensa, Padrino López, o el poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello, si se acerca demasiado a Washington”, abunda.
Una nueva operación de envergadura no puede descartarse, en caso de que Rodríguez no coopere lo suficiente, aunque la invasión a gran escala no sea la primera opción de Washington, probablemente contemplando que habría, ahora sí, muchas bajas estadounidenses.
Juan González, asesor principal para América Latina de la Casa Blanca durante el gobierno de Joe Biden, le dijo a Oppenheimer que Trump necesitaría mandar entre 30,000 y 50,000 soldados a Venezuela para tomar el gobierno y otros exfuncionarios hablan de hasta 200,000 tropas. “Resulta difícil pensar que Trump, quien hizo campaña contra las ‘guerras extranjeras’, se arriesgue a ordenar una invasión militar masiva”, estima el analista.
Para Oppenheimer el presidente Trump se equivocó “al no incluir la restauración de la democracia entre sus prioridades, y en no darle a la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, ni siquiera una mínima participación en el futuro de Venezuela”. Sostiene el periodista que al ungir a Rodríguez y enfocarse únicamente en el petróleo, el narcotráfico y la migración, “sin anunciar una hoja de ruta para el retorno a la democracia”, Trump puede ayudar a perpetuar ese régimen ilegítimo y brutal. La cuestión de fondo es si ésta es una preocupación real para el mandatario estadounidense.
Hasta ahora va quedando demostrado que la captura de Maduro no era para Trump un paso para avanzar en la democratización de Venezuela. Ese es un hecho incontestable. En caso contrario, ¿por qué ni siquiera mencionó la palabra democracia en su primera rueda de prensa tras la operación?
Por otra parte, medios americanos han indicado que desde Washington se ha exigido a Caracas finalizar relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba.
Según The New York Times, la Casa Blanca le comunicó a Delcy Rodríguez que debería “expulsar” a agentes de estos países que operan en Caracas y que debe desvincularse de los acuerdos tanto económicos como de seguridad que sostenga con agentes o asesores de esos países.
Esas serían algunas de las exigencias de Estados Unidos antes de empezar a extraer y comercializar petróleo venezolano y un requerimiento muy acorde con la doctrina ‘Donroe’ y la primacía estadounidense que reclama Trump en el hemisferio occidental.
El senador Roger Wicker, republicano de Mississippi, ha confirmado a ABC News que el plan de Washington se basa en el control del petróleo venezolano y que no contempla el despliegue de tropas estadounidenses en el país. Caracas todavía no ha respondido a la exigencia de la Casa Blanca.
La pretensión de Trump para tener el privilegio y monopolio petrolero en Venezuela sería usurpación y explotación. Como ha dicho el académico de Harvard y exministro venezolano Ricardo Hausmann, invertir en Venezuela entraña grandes riesgos si no se prioriza la democratización del país. No es el petróleo sino la democracia lo que traerá estabilidad, paz y prosperidad a Venezuela. La pretensión monopólica de Trump en el país sudamericano es contraria al capitalismo, al libre mercado y a la libre competencia.