La ultraderecha europea que reivindica la «continuidad étnica» de los «pueblos nativos» europeos ha encontrado en la crisis migratoria de Ceuta su mejor argumento de reclutamiento. Movimientos supremacistas blancos con vínculos directos a Vox llevan todo agosto convirtiendo la ciudad autónoma en el símbolo de una supuesta «remigración» que la Comisión Europea ha rechazado formalmente por perseguir una discriminación basada en la raza. Los actos de esta semana en Barcelona y Madrid harán visible lo que hasta ahora era una red.
La ultraderecha europea en defensa de la primacía de la raza de los llamados «pueblos nativos» desembarca en España esta semana con Ceuta como punto de mira. El movimiento impulsado por la llamada Save Europe Act —Ley Salvar Europa—, presentada en mayo durante la Cumbre de Remigración celebrada en Figueira da Foz, en Portugal, ha programado dos actos en el país: el sábado por la tarde en la plaza de Sant Jaume de Barcelona y el miércoles siguiente en Madrid. La premisa de sus organizadores es que hay que evitar el «suicidio étnico» de Europa corrigiendo una supuesta marginación de las poblaciones autóctonas frente a la inmigración.
La campaña, liderada por el activista austriaco Martin Sellner y la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek, llegó a España con un lema que resume su programa: «Europa unida contra la UE». La Comisión Europea ha negado a esta iniciativa el reconocimiento como ciudadana oficial por ser «manifiestamente contraria a los valores» de la Unión al perseguir una «discriminación basada en la raza y el origen étnico». Que sea la extrema derecha y no el centro quien protagonice la respuesta política a la crisis migratoria de Ceuta no es casualidad: llevan todo agosto construyendo ese relato.
Vox y la conexión con la red supremacista
Santiago Abascal ha estampado su firma en la Save Europe Act junto a Viktor Orbán y el presidente de Reconquista, Eric Zemmour, situado a la derecha de la formación de Marine Le Pen. Las diputadas Rocío de Meer y Carlos Hernández Quero están identificadas por la propia campaña como «apoyos públicos» de la iniciativa. Vox, que este año ha realizado un acercamiento explícito al supremacismo blanco europeo, estuvo representado en la Cumbre de Remigración donde se lanzó la Save Europe Act, junto a los promotores Sellner, el italiano Andrea Ballarati, el belga Dries Van Langenhove y el portugués Afonso Gonçalves.
En España, la campaña recibe apoyo de organizaciones que utilizan apelaciones raciales en su discurso político. Entre ellas figuran Reconquista, activa en Cataluña; Revuelta, vinculada en sus orígenes a Vox, y Democracia Nacional, grupo con historial xenófobo explícito. El multimillonario Elon Musk amplificó el mensaje publicando en la red social X un vídeo de Vlaardingerbroek en el que describía la entrada masiva de migrantes a Ceuta como una «invasión» deseada por Pedro Sánchez. Sellner viajó a la ciudad autónoma a primeros de agosto, y el dos de ese mes se celebró en Algeciras una manifestación de activistas de la Save Europe Act.
Bruselas rechaza la iniciativa como discriminatoria
La respuesta institucional de la Unión Europea ha sido inequívoca en el plano formal. La Comisión Europea denegó a la Save Europe Act el reconocimiento como iniciativa ciudadana oficial por ir «manifiestamente contraria a los valores» del bloque: no es posible promover mediante los instrumentos de participación comunitaria una campaña que persigue una discriminación racial sistemática. Observadores de derechos civiles e investigadores de inmigración y extrema derecha coinciden en calificar los discursos de la campaña como «racistas», aunque sus organizadores se escudan en la defensa de una supuesta identidad etnocultural.
El acercamiento de Vox al supremacismo blanco europeo este año representa un salto cualitativo respecto a posiciones anteriores del partido. Aunque el argumentario habitual de Abascal se ceñía a las supuestas amenazas culturales, religiosas y de seguridad pública que atribuye a la inmigración, evitando el terreno estrictamente racial, la firma de la Save Europe Act lo sitúa en compañía directa de redes que operan abiertamente desde premisas de superioridad étnica. La crisis de Ceuta ha acelerado ese desplazamiento: el partido fascista ha encontrado en agosto el contexto perfecto para normalizar su nueva ubicación en el ecosistema ultraderechista europeo.
Respuesta antifascista en Barcelona y Madrid
El desembarco de la Save Europe Act en las dos principales ciudades españolas ha generado una respuesta organizada de la izquierda. En Barcelona, donde el acto está previsto para el sábado por la tarde en la plaza de Sant Jaume, la concentración de los activistas ultraderechistas se encontrará con una contramovilización que incluye a grupos como Som Antifeixistes, Coordinadora Antifeixista y los partidos Esquerra Unida y la CUP, convocados bajo el lema «Barcelona es antirracista». En Madrid, el acto del miércoles siguiente también ha generado reacción en sectores de la izquierda.
Lo que ocurra en Barcelona y Madrid esta semana tendrá un significado político que va más allá de los actos en sí mismos. La extrema derecha lleva meses construyendo un relato en el que la crisis de Ceuta es la demostración empírica de que la «remigración» es necesaria y urgente. La Save Europe Act no es una organización marginal: tiene el respaldo explícito del presidente del mayor partido de la oposición española y forma parte de una red coordinada a escala continental que incluye a jefes de gobierno como Orbán. Que esa red intente convertir Ceuta en su laboratorio político es exactamente lo que sus propios documentos fundacionales anunciaban.