Teherán. La guerra que sacude Irán desde hace más de dos semanas está asfixiando la economía cotidiana del país. Comercios paralizados, bazares casi vacíos y ventas desplomadas dibujan el panorama en la capital iraní a pocos días del Noruz, el Año Nuevo persa, tradicionalmente la temporada más próspera para los comerciantes.
En el bazar de Tajrish, en el norte de Teherán, la escena contrasta con la de años anteriores. A cuatro días de la festividad que se celebra el 20 de marzo, los pasillos del mercado permanecen casi desiertos, mientras las explosiones nocturnas continúan recordando que el país sigue en guerra.
«En comparación con los días previos al conflicto, mis ventas han caído más del 90 %», explica Mohsen —nombre ficticio—, propietario de una pastelería del mercado.
La ofensiva iniciada el 28 de febrero por Israel y Estados Unidos ha golpeado de lleno la actividad económica justo cuando los comerciantes esperaban la temporada de mayores ingresos del año.
Comercios abiertos, pero sin clientes
La situación es similar para Morvarie —también nombre ficticio—, una comerciante de cosméticos de 37 años en el mismo bazar.
Su tienda permaneció cerrada durante una semana debido al luto nacional decretado tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei, fallecido al inicio de la guerra.
Aunque los negocios han vuelto a abrir, la actividad sigue muy reducida. Muchos fabricantes y proveedores han abandonado la capital o prefieren no salir de sus casas debido a la inseguridad.
«Mis ventas han caído a una séptima parte respecto a hace tres semanas. El bazar está vacío», afirma.
Por ahora, la comerciante asegura que puede mantener su negocio, pero advierte de que una guerra prolongada podría provocar serios problemas financieros, especialmente para afrontar los pagos a proveedores.
Una economía ya debilitada
El conflicto llega en un momento extremadamente delicado para la economía iraní, que arrastra años de dificultades estructurales, con una inflación superior al 40 % y una fuerte devaluación del rial.
A finales de diciembre, comerciantes de Teherán ya habían protagonizado protestas contra la situación económica. Aquellas movilizaciones se transformaron posteriormente en manifestaciones masivas contra el Gobierno, duramente reprimidas por las autoridades.
El Gobierno iraní reconoce 3.117 muertos en las protestas, mientras organizaciones de derechos humanos elevan el balance a más de 7.000 fallecidos y decenas de miles de detenidos.
Un Noruz marcado por la incertidumbre
Para muchos iraníes, el ambiente previo al Noruz —normalmente sinónimo de celebraciones y consumo— se ha transformado en un clima de incertidumbre y duelo.
«Son días muy oscuros», lamenta Maryam, residente en Teherán. «Un Noruz triste, después de la represión de las protestas y ahora la guerra, que también ha destruido muchas familias».
Por ahora, no hay señales de una desescalada inmediata del conflicto, ya que las autoridades iraníes tampoco parecen dispuestas a negociar un alto el fuego.