La Armada española intercepta otro buque militar ruso en el Estrecho

10 février 2026 - 19:43

El Estado Mayor de la Defensa ha informado este martes de que el Buque de Acción Marítima ‘Audaz’ localizó y monitorizó a principios de febrero el tránsito del buque de desembarco ruso ‘Alexander Otrakovskiy’ por la vertiente mediterránea del Estrecho de Gibraltar, donde se inició su seguimiento. Es la cuarta unidad naval rusa que la Armada española vigila en apenas seis semanas, en el marco de una operación permanente de presencia y disuasión que se ha intensificado desde el inicio de la invasión de Ucrania.

El Estrecho de Gibraltar, uno de los pasos marítimos más transitados y estratégicamente sensibles del mundo, volvió a ser escenario de un episodio de vigilancia naval entre España y Rusia. El Estado Mayor de la Defensa (EMAD) informó este martes de que el Buque de Acción Marítima (BAM) Audaz localizó y monitorizó a principios de febrero el paso del Alexander Otrakovskiy, un buque de desembarco de la Marina rusa perteneciente a la Flota del Norte, cuya base de operaciones está en Severomorsk, en el noroeste de Rusia. La unidad navegaba desde el Atlántico en demanda del Mediterráneo oriental, siguiendo una ruta que la Marina rusa utiliza con regularidad para desplazar efectivos entre sus bases árticas y sus zonas de operación en el mar Mediterráneo.

El comunicado del EMAD precisó que la interceptación se llevó a cabo en la vertiente mediterránea del Estrecho, donde el Audaz inició el seguimiento y la monitorización del navío ruso. El BAM desarrolla en la actualidad una operación de presencia, vigilancia y disuasión en aguas de interés nacional, que incluye el mar de Alborán, el Estrecho de Gibraltar y las proximidades de las islas Chafarinas, archipiélago español situado frente a las costas del norte de Marruecos con destacamentos permanentes del Ejército de Tierra. Según el EMAD, «el seguimiento de unidades navales no pertenecientes a la OTAN es habitual y demuestra la capacidad de vigilancia, reacción y coordinación de las fuerzas desplegadas».

El Alexander Otrakovskiy, rumbo al Mediterráneo oriental

El Alexander Otrakovskiy —designado con el indicador LSTM-31— es un buque de desembarco anfibio, un tipo de nave diseñada para proyectar fuerzas militares terrestres desde el mar hasta una costa. Esta categoría de embarcación transporta tropas, vehículos blindados y material pesado, y tiene capacidad para efectuar desembarcos directamente en playas sin necesidad de instalaciones portuarias. El buque pertenece a la Flota del Norte rusa, la más poderosa de las cuatro flotas de la Armada rusa, con base en el Ártico y acceso directo al Atlántico. Se trata de una de las unidades que más frecuentemente realizan el tránsito por el Estrecho de Gibraltar, en muchos casos en convoyes con otras embarcaciones, según señaló el EMAD en su comunicado.

El destino declarado por las fuentes del EMAD es el Mediterráneo oriental, zona donde Rusia mantiene una presencia naval activa ligada a su intervención en Siria y a sus operaciones de apoyo logístico en la región. El tránsito de buques militares por aguas internacionales, incluido el Estrecho de Gibraltar, está amparado por el Derecho Internacional bajo el principio de libertad de navegación, lo que significa que la presencia de la unidad rusa en esas aguas no constituye una infracción. Sin embargo, el seguimiento por parte de la Armada española responde a obligaciones de seguridad colectiva en el marco de la OTAN —la Organización del Tratado del Atlántico Norte— y a la necesidad de mantener conciencia situacional sobre los movimientos de potencias no aliadas en un corredor de alto valor estratégico.

Una secuencia que se repite desde diciembre

El episodio del Alexander Otrakovskiy no es un hecho aislado. El Audaz está desplegado en el mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar desde diciembre de 2025, y en ese tiempo ha acumulado un historial de seguimientos que ilustra la intensidad del tráfico naval ruso por aguas españolas. En enero, el BAM asumió la vigilancia del destructor Severomorsk durante su tránsito hacia el Mediterráneo oriental, una unidad de mayor porte y capacidad de combate que el buque de desembarco ahora interceptado. A continuación, el Audaz monitorizó un convoy formado por la corbeta rusa Boikiy y el mercante General Skobelev durante su navegación hacia el Atlántico tras cruzar el Estrecho, antes de que el relevo fuera asumido por el patrullero de altura Centinela a la altura del litoral gallego, siguiendo al convoy hasta su entrada en aguas francesas.

En todos estos casos, los buques españoles reportaron de forma continua la situación al Centro de Operaciones de Vigilancia de Acción Marítima, garantizando el seguimiento ininterrumpido de las unidades rusas durante todo su tránsito por aguas de interés nacional. El EMAD mantiene desplegados de forma permanente aproximadamente 850 militares en misiones relacionadas con la seguridad marítima, una cifra que refleja la relevancia que el Ministerio de Defensa otorga a estas operaciones de vigilancia en el contexto geopolítico actual, marcado por la guerra en Ucrania y el incremento de la actividad naval rusa en el Mediterráneo occidental.

El Estrecho como corredor estratégico

El Estrecho de Gibraltar ocupa un lugar central en la arquitectura de seguridad marítima europea. Con apenas catorce kilómetros de anchura en su punto más estrecho, es el único acceso natural entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, lo que lo convierte en un cuello de botella por el que transitan anualmente miles de buques mercantes y militares. Para la Marina rusa, el Estrecho es la vía obligada para desplazar unidades desde sus bases en el Atlántico Norte —donde opera la Flota del Norte— hacia el Mediterráneo oriental, donde Rusia mantiene la base naval de Tartus, en Siria, su único punto de apoyo logístico permanente fuera del espacio postsoviético.

Desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el número de tránsitos de unidades militares rusas por el Estrecho ha aumentado de forma apreciable, en paralelo con el incremento de la presencia naval rusa en el Mediterráneo. España, cuyo territorio más meridional se extiende hasta las costas de la bahía de Algeciras y que ejerce jurisdicción sobre aguas que rodean el Estrecho, ha respondido con una presencia naval más activa. La operación en la que participa el Audaz es la expresión más visible de esa respuesta, que combina la vigilancia de unidades no pertenecientes a la OTAN con la protección de los intereses marítimos nacionales en una zona que, por razones geográficas e históricas, sitúa a España en primera línea de la arquitectura de seguridad colectiva occidental.

 

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