La agenda de Trump en Latinoamérica tras Venezuela: cinco claves de la reacción en México y Colombia

10 janvier 2026 - 11:08

La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero marca un punto de inflexión en la política exterior estadounidense hacia la región. Las declaraciones posteriores de Donald Trump sobre posibles intervenciones en México y Colombia han generado respuestas diplomáticas diferenciadas que reflejan las divisiones políticas latinoamericanas.

La detención de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense en Caracas ha reconfigurado el tablero geopolítico latinoamericano. El presidente Donald Trump ha intensificado su retórica sobre intervenciones directas en territorio de países vecinos, mencionando específicamente acciones contra los cárteles mexicanos y advirtiendo sobre posibles operaciones en Colombia. Estas declaraciones han provocado reacciones contrastantes en la región, desde el respaldo explícito de gobiernos como Argentina hasta el rechazo categórico de Brasil y México.

Las amenazas de Trump adquieren particular relevancia en México y Colombia, dos países clave en la estrategia antinarcóticos de Washington. Mientras la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha defendido la soberanía nacional y rechazado cualquier intervención militar, el presidente colombiano Gustavo Petro ha adoptado una posición más pragmática tras una tensa llamada telefónica con su homólogo estadounidense. El contraste entre ambas respuestas ilustra los dilemas que enfrentan los gobiernos latinoamericanos ante la nueva política de Trump en la región.

  1. El precedente venezolano: la captura de Maduro como punto de inflexión

La operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero representa un cambio sin precedentes en la intervención directa de Washington en América Latina. El operativo, denominado «Determinación Absoluta», incluyó bombardeos en Caracas y otras zonas estratégicas de Venezuela, resultando en la detención del mandatario venezolano y su esposa Cilia Flores, quienes fueron trasladados inmediatamente a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.

Trump justificó la acción invocando la Doctrina Monroe, un marco del siglo XIX que históricamente ha fundamentado intervenciones estadounidenses en el continente. La operación, que duró aproximadamente 40 minutos según reportes oficiales, incluyó ataques a instalaciones militares clave como el Fuerte Tiuna y la Base Aérea de La Carlota. El presidente estadounidense anunció que su país «dirigirá Venezuela hasta que se dé una transición segura y adecuada», una afirmación que generó alarma en gobiernos de toda la región sobre posibles réplicas de este modelo intervencionista.

  1. Colombia entre la amenaza y el acuerdo: el giro táctico de Petro

El presidente colombiano Gustavo Petro experimentó días de tensión tras escuchar de boca del propio Trump que Estados Unidos estaba «pensando en hacer cosas malas en Colombia». Según reveló Petro en una entrevista con el diario español El País, el mandatario estadounidense le advirtió directamente que «estaban preparando algo ya, planificándolo, una operación militar». Esta amenaza llevó a Petro a convocar manifestaciones masivas el 7 de enero en defensa de la soberanía colombiana.

Sin embargo, una llamada telefónica de 55 minutos entre ambos presidentes el 8 de enero cambió radicalmente el tono de la relación bilateral. Petro aceptó una invitación a la Casa Blanca y acordó con Trump emprender «acciones conjuntas» contra el Ejército de Liberación Nacional, según explicó el ministro del Interior colombiano Armando Benedetti. El acuerdo contempla operaciones coordinadas para atacar al ELN cuando se refugie en territorio venezolano tras enfrentamientos con las fuerzas colombianas. Este giro pragmático de Petro, quien había mantenido una línea de negociación con la guerrilla, refleja el peso de las amenazas estadounidenses y la necesidad de evitar una intervención similar a la de Venezuela.

  1. México y la defensa de la soberanía: la posición firme de Sheinbaum

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura categórica frente a las amenazas de Trump de iniciar «ataques por tierra» contra los cárteles mexicanos. El mandatario estadounidense afirmó en Fox News que los cárteles «están controlando México» y que su gobierno va a «empezar a atacar por tierra» estas organizaciones criminales, a las que acusa de causar entre 250.000 y 300.000 muertes anuales por drogas en Estados Unidos.

Sheinbaum respondió calificando las declaraciones como «parte de su manera de comunicar» y ordenó al canciller Juan Ramón de la Fuente establecer contacto con el secretario de Estado Marco Rubio e, «si es necesario», hablar directamente con Trump. La mandataria mexicana ha defendido que México es «un país libre, independiente y soberano» y ha rechazado sistemáticamente las propuestas de permitir tropas estadounidenses en territorio mexicano. Sheinbaum ha destacado los resultados de la coordinación bilateral existente, incluyendo el reciente decomiso de 1,6 toneladas de cocaína en el Pacífico, argumentando que la colaboración debe darse «en el marco de la defensa de nuestras soberanías».

  1. Doctrina Monroe 2.0: el marco ideológico de la nueva intervención

Trump ha recuperado explícitamente la Doctrina Monroe para justificar sus acciones militares en la región. En una entrevista con The New York Times, el mandatario estadounidense afirmó que el único límite a su poder global es «mi propia moralidad» y que no necesita del derecho internacional para actuar. Esta postura ha generado alarma entre expertos en derecho internacional, como la profesora de Yale Oona Hathaway, quien advirtió que la invocación de la Doctrina Monroe señala que Estados Unidos pretende usar la fuerza militar unilateralmente en América Latina.

El secretario de Estado Marco Rubio ha reforzado este mensaje al declarar que Washington está «en guerra contra las organizaciones del narcotráfico» y que no permitirá que el hemisferio occidental sea «una base de operaciones para los adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos». Esta retórica sitúa las acciones antinarcóticos dentro de un marco geopolítico más amplio de competencia con potencias como China y Rusia. El expresidente Luis Moreno Ocampo, primer fiscal de la Corte Penal Internacional, calificó la operación en Venezuela como «claramente un crimen de agresión», aunque el Gobierno estadounidense insiste en que fue un «operativo policial» que no requería aprobación del Congreso.

  1. Divisiones regionales: el mapa geopolítico latinoamericano post-Maduro

La captura de Maduro ha evidenciado las profundas divisiones ideológicas y políticas en América Latina. Los gobiernos de derecha como Argentina, Paraguay, Ecuador, Costa Rica y El Salvador respaldaron la operación estadounidense. El presidente argentino Javier Milei celebró el operativo y advirtió que su país acompañará la posición de Trump en el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que el mandatario costarricense Rodrigo Chaves declaró que había que «celebrar esta nueva oportunidad».

En contraste, gobiernos progresistas como Brasil, Colombia, México, Uruguay, Cuba y Chile condenaron la intervención militar. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva calificó la captura de Maduro como una «afronta gravísima a la soberanía» y un «precedente extremadamente peligroso» que recuerda «los peores momentos de la injerencia en la política de América Latina». México rechazó «enérgicamente» el operativo a través de su Secretaría de Relaciones Exteriores, calificándolo como una acción unilateral que viola la Carta de las Naciones Unidas. Esta polarización refleja la ausencia de consenso regional sobre cómo responder a la crisis venezolana y evidencia la debilidad de los organismos multilaterales latinoamericanos para articular posiciones comunes frente a la política intervencionista de Washington.

Compartir el artículo