El economista y exbanquero de Wall Street Kevin Warsh juró este viernes como nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) en una solemne ceremonia celebrada en la Casa Blanca, marcada tanto por el simbolismo político como por las dudas sobre la independencia futura del banco central frente a las crecientes presiones del presidente Donald Trump.
La escena, poco habitual en la historia reciente estadounidense, recordó la investidura de Alan Greenspan en 1987 bajo la presidencia de Ronald Reagan. Con banda militar, invitados de alto perfil y la presencia de jueces conservadores del Tribunal Supremo como Clarence Thomas y Brett Kavanaugh, la ceremonia evidenció la dimensión política del relevo al frente de la institución monetaria más poderosa del mundo.
Warsh, de 56 años, sucede a Jerome Powell en un momento especialmente delicado para la economía estadounidense. La inflación anual alcanzó el 3,8 % en abril, su nivel más alto en tres años, mientras la confianza del consumidor cae y el mercado laboral comienza a mostrar señales de fragilidad.
En su primer discurso como presidente de la Fed, Warsh prometió impulsar una orientación “reformista” dentro del banco central.
“Lideraré una Reserva Federal orientada a las reformas, aprendiendo de los éxitos y errores del pasado, dejando atrás modelos estáticos y manteniendo altos estándares de integridad y desempeño”, declaró.
El nuevo jefe de la Fed insistió además en que la institución debe actuar con “sabiduría, claridad, independencia y determinación”, subrayando que es posible reducir la inflación sin sacrificar el crecimiento económico ni el poder adquisitivo de los estadounidenses.
Sin embargo, la gran cuestión que domina Washington y Wall Street es hasta qué punto Warsh podrá resistir la influencia de Donald Trump, quien ha ejercido durante meses una presión inédita sobre la Reserva Federal para forzar una reducción rápida de las tasas de interés.
Durante la ceremonia, Trump afirmó querer una Fed “totalmente independiente”, aunque inmediatamente dejó claro cuál es su expectativa política: bajar los tipos sin frenar el crecimiento.
“Queremos combatir la inflación, pero no queremos frenar la grandeza de Estados Unidos”, declaró el mandatario, antes de reiterar más tarde que esperaba que las tasas descendieran “muy rápidamente”.
La llegada de Warsh se produce tras meses de enfrentamientos entre Trump y Jerome Powell. El presidente estadounidense criticó repetidamente al anterior jefe de la Fed, apoyó investigaciones contra él e incluso intentó apartar a la gobernadora Lisa Cook, cuyo caso sigue pendiente ante la Corte Suprema.
Precisamente, uno de los elementos más sensibles de la nueva etapa será la convivencia entre Warsh y Powell, quien ha decidido permanecer como miembro de la junta de gobernadores de la Fed, una situación poco frecuente aunque no inédita.
Kevin Warsh no es un desconocido para la institución. Ingresó en la Fed en 2006, con apenas 35 años, convirtiéndose entonces en el gobernador más joven de su historia. Durante la crisis financiera de 2008 trabajó estrechamente con el entonces presidente Ben Bernanke y se consolidó como un interlocutor privilegiado entre el banco central y Wall Street.
Antes de su paso por la Fed, había trabajado en Morgan Stanley como especialista en fusiones y adquisiciones y fue asesor económico en la administración de George W. Bush.
Durante años fue considerado un “halcón” monetario, preocupado principalmente por la inflación. Pero sus recientes posiciones más favorables a una reducción de tasas despertaron sospechas entre analistas financieros y demócratas, que lo acusan de haberse acercado excesivamente al discurso económico de Trump para obtener el cargo.
Warsh rechazó esas críticas durante su audiencia de confirmación en el Senado y aseguró que jamás aceptaría convertirse en una “marioneta” política.
Su visión económica se basa en una apuesta fuerte por la innovación tecnológica y la inteligencia artificial. Según él, los avances en productividad permitirán mantener un crecimiento sólido sin generar nuevas presiones inflacionarias.
El nuevo presidente de la Fed también pretende reducir progresivamente el gigantesco volumen de activos acumulados por la institución tras varias crisis financieras y sanitarias, una estrategia destinada a disminuir el peso del banco central en los mercados.
Graduado por Stanford y la Escuela de Derecho de Harvard, Warsh pertenece además a uno de los círculos más influyentes del capitalismo estadounidense. Está casado con Jane Lauder, heredera del imperio cosmético Estée Lauder, y es yerno del multimillonario Ronald Lauder, aliado histórico de Donald Trump.
Su llegada a la Fed simboliza así mucho más que un simple relevo técnico: marca una nueva etapa en la relación, siempre tensa, entre la independencia monetaria y el poder político en Estados Unidos.