Israel endurece su ultimátum a Hamás y coloca a Gaza al borde del abismo

08 septembre 2025 - 09:54
El ministro israelí de Defensa, Israel Katz.

El ministro israelí de Defensa, Israel Katz.

Israel Katz, ministro de Defensa israelí, lanzó este lunes un mensaje que condensa la gravedad del conflicto: o Hamás libera a todos los rehenes y entrega sus armas, o Gaza será destruida. La amenaza no se limitó a una advertencia rutinaria. Con imágenes de “torres temblando” y “una tormenta de huracán en los cielos”, el lenguaje empleado buscó tanto intimidar al adversario como enviar una señal al interior de Israel y a la comunidad internacional.

El contexto multiplica el dramatismo de estas palabras. Ayer mismo, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, reforzó la presión con su propia “última advertencia” a Hamás, en un movimiento que refleja la coordinación de Washington y Tel Aviv frente a un conflicto que cumple ya 700 días. El hecho de que Washington y Tel Aviv hablen al unísono empuja a los islamistas palestinos hacia una decisión crítica y anuncia un endurecimiento de la guerra si los mediadores no consiguen un giro en la mesa de diálogo

Desde el otro lado, Hamás respondió con un gesto de apertura. A través de mediadores egipcios y cataríes, el grupo aseguró estar dispuesto a sentarse “de manera inmediata” a la mesa para discutir un acuerdo integral que contemple la liberación de todos los rehenes. Pero el intercambio de mensajes no oculta la brecha central: mientras Israel exige rendición sin condiciones, Hamás insiste en un alto el fuego definitivo y la retirada total de las tropas israelíes, algo que Netanyahu nunca ha aceptado.

La retórica de Katz encierra más que una amenaza militar. Israel busca transmitir que la ofensiva actual no es un capítulo más en el ciclo de violencia, sino un intento de cerrar definitivamente la capacidad operativa de Hamás. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que los ultimátums rara vez logran los objetivos proclamados sin abrir, al mismo tiempo, un camino hacia una espiral de mayor devastación.

Las cifras ilustran la magnitud de la tragedia. Según datos del Ministerio de Sanidad gazatí, más de 64.000 palestinos han muerto desde el inicio de la ofensiva, mientras Israel mantiene como prioridad absoluta la liberación de 48 rehenes que aún permanecen en el enclave. En esa ecuación de dolor y cálculo político, las vidas de civiles atrapados en medio se convierten en moneda de presión.

El dilema actual refleja la esencia del conflicto: ¿cómo conciliar la necesidad de seguridad israelí con la aspiración palestina de vivir sin ocupación ni asedio? El ultimátum de Katz reduce el horizonte a dos opciones extremas: sumisión de Hamás o devastación de Gaza. Entre ambas orillas, los mediadores —Egipto, Catar y Estados Unidos— intentan construir un puente cada vez más frágil.

La historia de la región enseña que los ultimátums rara vez cierran conflictos; más bien suelen prolongarlos bajo nuevas formas. Lo que se dirime ahora trasciende el resultado de una ofensiva puntual: se trata de saber si Oriente Medio continuará girando en el engranaje de su violencia interminable o si se abrirá, por primera vez en mucho tiempo, una rendija hacia la negociación.

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