El Ministerio de Exteriores israelí aprovechó la celebración de Hamás y los hutíes yemeníes por el cese de la embajadora española para lanzar su ataque más directo al Gobierno de Pedro Sánchez en semanas. La reacción hebrea convierte el elogio del grupo islamista en argumento político contra la política exterior española, mientras Madrid responde apelando al derecho internacional. La relación bilateral toca fondo: ninguno de los dos países cuenta ya con embajador en el otro.
El cese de la embajadora de España en Israel, Ana María Salomón Pérez, oficializado el miércoles por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación que dirige José Manuel Albares, desencadenó este jueves una reacción en cadena de consecuencias diplomáticas. Primero fue Hamás quien emitió un comunicado celebrando la decisión española, calificando de «valiente» y «noble» la postura del Ejecutivo de coalición. Después se sumaron los hutíes de Yemen, el grupo armado respaldado por Teherán, que ensalzaron la medida como una muestra de «solidaridad con la República Islámica de Irán». Israel no tardó en utilizar ese doble aplauso como palanca para atacar al Gobierno de Sánchez ante la opinión pública española e internacional.
«Cuando Hamás y el régimen iraní conforman el mayor club de fans del presidente del Gobierno español, el pueblo español debería preguntarse por qué», publicó el Ministerio de Exteriores israelí en un comunicado difundido en la red social X. Era la primera reacción oficial de Tel Aviv tras el cese de la embajadora, y su tono marcó el nivel al que ha llegado una relación bilateral que lleva meses en punto muerto. Días antes, altos cargos del Gobierno israelí habían afirmado que Sánchez había «perdido la brújula moral» por su oposición a las operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán.
La reacción israelí y sus argumentos
La diplomacia israelí ha seguido en los últimos días una estrategia clara: vincular sistemáticamente las decisiones de política exterior del Gobierno español con los intereses de los actores que Israel considera sus adversarios directos. El argumento central, repetido en distintos formatos y por distintos portavoces, es que las posiciones de Sánchez —el veto al uso de las bases de Rota y Morón para los ataques a Irán, el embargo de armas a Israel, el reconocimiento del Estado de Palestina— coinciden con los objetivos de Hamás, el régimen iraní y los hutíes.
El presidente de Israel sumó sus propias críticas al acusar a España de incumplir «su papel como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la Unión Europea (UE)» en el contexto del conflicto en Irán. La estrategia tiene una doble función: desgastar la imagen internacional de España entre sus socios occidentales y proporcionar munición a la oposición doméstica, que ha recurrido a los mismos argumentos para cuestionar la política exterior del Ejecutivo.
El cese de la embajadora y su contexto
El Gobierno español explicó el cese de Salomón Pérez como una decisión de simetría diplomática. La embajadora había sido llamada a consultas en septiembre de 2025 y desde entonces no había regresado a Tel Aviv. Con su cese formal, Albares señaló que la relación queda «al mismo nivel» que la que mantiene Israel con España, donde la encargada de negocios israelí, Dana Erlich, actúa como jefa de legación desde que Israel retiró a su propia embajadora en mayo de 2024, en respuesta al reconocimiento del Estado de Palestina anunciado por Sánchez ese mismo mes.
El ministro justificó la medida con dureza: «Durante todo este tiempo España ha intentado mantener las mejores relaciones posibles a pesar de que hemos estado sistemáticamente recibiendo injurias y calumnias por parte de Israel hacia España y hacia el pueblo español». Al ser preguntado por el comunicado de Hamás, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, optó por una respuesta de principios: «Estamos con los derechos humanos y con el derecho internacional. Nuestra política es siempre la misma y es absolutamente coherente en Ucrania, en Palestina, hoy en Irán y en cualquier otro conflicto internacional».
Un distanciamiento que viene de lejos
La ruptura entre Madrid y Tel Aviv no es el resultado de un único incidente, sino de una acumulación de decisiones que se han ido superponiendo desde finales de 2023. Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de ese año, el Gobierno de Sánchez endureció progresivamente su posición respecto a la respuesta militar israelí en Gaza. En mayo de 2024, España reconoció el Estado de Palestina de forma simultánea con Irlanda y Noruega, lo que provocó la retirada inmediata de la embajadora israelí. En septiembre de 2025, el Ejecutivo prohibió la exportación de armas a Israel, decisión que también fue celebrada entonces por Hamás. En septiembre de ese año, Sánchez llegó a emplear el término «genocidio» para referirse a las operaciones israelíes en Gaza.
El nuevo frente abierto por la guerra de Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, ha acelerado ese deterioro. La negativa española al uso de sus bases militares para los ataques contra Irán, defendida por el Ejecutivo como coherente con el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, fue recibida en Tel Aviv como una nueva muestra de alineamiento con sus adversarios regionales. Ningún indicador apunta a una mejora de la relación en el corto plazo: sin embajadores en ninguno de los dos sentidos y con un contencioso acumulado de dos años, el «divorcio» diplomático entre España e Israel es hoy el más profundo desde el establecimiento de relaciones bilaterales.