La frágil tregua que durante dos meses había contenido parcialmente la guerra en Oriente Próximo parece haber quedado definitivamente atrás. Irán declaró este jueves que el alto el fuego vigente desde abril es ya «prácticamente irrelevante» y anunció el cierre total del estrecho de Ormuz, una decisión que amenaza con provocar una sacudida inmediata en los mercados energéticos mundiales.
La medida llega tras una nueva escalada militar entre Teherán y Washington, marcada por ataques estadounidenses contra instalaciones militares iraníes y por posteriores represalias de la República Islámica contra posiciones y aliados de Estados Unidos en la región.
La decisión iraní supone un salto cualitativo en el conflicto. Aunque Teherán había restringido parcialmente la navegación desde el inicio de la guerra a finales de febrero, nunca había llegado a decretar un cierre completo de esta vía marítima estratégica.
El cuello de botella del petróleo mundial
El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, constituye uno de los puntos neurálgicos del comercio internacional de hidrocarburos. Por sus aguas transita habitualmente una parte sustancial de las exportaciones mundiales de petróleo y gas procedentes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Catar.
Cada amenaza sobre esta ruta provoca inmediatamente nerviosismo en los mercados. Un cierre prolongado podría disparar los precios de la energía, aumentar la inflación global y dificultar la recuperación económica de numerosos países importadores.
Los Guardianes de la Revolución habían advertido en los últimos días que impedirían el paso de cualquier embarcación considerada hostil. Horas después del anuncio oficial, la Marina iraní informó de operaciones contra varios buques que intentaban cruzar la zona.
Una escalada que aleja la diplomacia
El deterioro de la situación coincide con el aparente fracaso de los esfuerzos diplomáticos impulsados por varios actores regionales e internacionales.
Pakistán, que actuaba como mediador entre Washington y Teherán, reconoció este jueves que resulta cada vez más difícil mantener el optimismo. Catar, que había enviado una delegación a la capital iraní para explorar vías de negociación, abandonó Teherán sin avances significativos.
China, Rusia y Arabia Saudí han reclamado en las últimas horas una vuelta urgente al diálogo, aunque ninguno de los protagonistas parece dispuesto a rebajar la tensión.
Misiles, represalias y riesgo regional
Durante la madrugada, Estados Unidos aseguró haber bombardeado centros de vigilancia, sistemas de comunicación y posiciones de defensa aérea en distintos puntos del territorio iraní.
Teherán respondió con el lanzamiento de misiles contra una base estadounidense en Jordania y con nuevas acciones dirigidas contra intereses vinculados a Washington en el Golfo.
La escalada aumenta el riesgo de que el conflicto deje de ser una confrontación limitada para transformarse en una crisis regional de mayor alcance, involucrando de forma más directa a los países árabes vecinos y a las principales potencias internacionales.
Más allá de la guerra
La decisión de cerrar Ormuz tiene una dimensión que trasciende el ámbito militar. Teherán busca demostrar que conserva capacidad para alterar uno de los principales circuitos de abastecimiento energético del planeta y aumentar el coste económico de cualquier ofensiva occidental.
La pregunta que ahora se hacen gobiernos, mercados y compañías navieras es cuánto tiempo podrá mantenerse cerrado el estrecho y hasta dónde están dispuestos a llegar Estados Unidos e Irán en una confrontación que vuelve a alejar cualquier perspectiva de paz duradera en Oriente Próximo.