Rusia ha suspendido las exportaciones de diésel para garantizar el abastecimiento del mercado interno, una decisión excepcional adoptada tras la intensificación de los ataques con drones ucranianos contra varias de sus principales refinerías. El anuncio fue realizado por el viceprimer ministro Alexander Novak durante una reunión del Gobierno presidida por el presidente Vladímir Putin.
La medida amplía las restricciones que Moscú ya mantenía sobre las exportaciones de gasolina y combustible para aviación. El objetivo es evitar nuevas tensiones en el suministro nacional y contener el aumento de los precios de los carburantes, en un momento en que varias regiones rusas han tenido que recurrir a medidas de racionamiento debido a la reducción de la producción.
Las dificultades son consecuencia directa de la campaña de ataques lanzada por Ucrania contra la infraestructura energética rusa. En las últimas semanas, drones ucranianos han alcanzado varias instalaciones estratégicas, entre ellas las refinerías de Omsk y Saratov, obligando a interrumpir o reducir temporalmente sus operaciones. Según fuentes del sector, la capacidad de refinado rusa ha caído a uno de sus niveles más bajos de los últimos años.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha revisado a la baja sus previsiones de producción petrolera para Rusia en 2026 y 2027 debido a estos ataques. Aunque las exportaciones de crudo continúan siendo elevadas, las ventas al exterior de productos refinados, especialmente diésel, muestran un descenso significativo por las interrupciones en las plantas de procesamiento.
La decisión de Moscú podría tener un impacto inmediato en el mercado internacional. Antes de las nuevas restricciones, Rusia representaba aproximadamente el 11 % del comercio mundial de diésel, por lo que una reducción de la oferta llega en un momento especialmente delicado para los mercados energéticos, todavía afectados por las consecuencias del conflicto entre Irán e Israel y las tensiones en las rutas marítimas del Golfo Pérsico.
Los analistas advierten de que la reducción de las exportaciones rusas podría traducirse en un encarecimiento del diésel, especialmente en Europa, donde los inventarios siguen por debajo de la media estacional y los márgenes de refinado han aumentado con fuerza. Sectores como el transporte por carretera, la agricultura y la logística figuran entre los más expuestos a una posible subida prolongada de los precios.
En el plano interno, varias regiones rusas han aplicado limitaciones al suministro para asegurar el abastecimiento local durante la campaña agrícola de verano. El Gobierno sostiene que las principales compañías petroleras continúan operando al máximo de su capacidad disponible, aunque reconoce que la situación sigue siendo compleja mientras persistan los ataques sobre las instalaciones energéticas.
Para Ucrania, los ataques contra las refinerías forman parte de una estrategia destinada a debilitar la capacidad industrial que sostiene el esfuerzo militar ruso. En los últimos meses, Kyiv ha ampliado el alcance de sus drones, que han logrado alcanzar objetivos situados a más de 2.000 kilómetros del frente, incrementando la presión sobre la infraestructura energética del Kremlin.
La suspensión de las exportaciones de diésel confirma que la guerra entre Rusia y Ucrania ya no se libra únicamente en el campo de batalla. La energía se ha convertido en uno de los principales frentes del conflicto, con consecuencias que trascienden a ambos países y amenazan con prolongar la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles.