Irán anunció este miércoles que ha alcanzado un acuerdo técnico con el Sultanato de Omán para establecer una nueva ruta de navegación en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo. Sin embargo, Teherán dejó claro que la reapertura plena del tráfico marítimo dependerá de la evolución de las tensiones con Estados Unidos, al que responsabiliza de mantener un clima de inseguridad en la zona.
El portavoz del Ministerio iraní de Asuntos Exteriores, Esmail Baqai, informó de que ambos países han acordado las coordenadas geográficas del nuevo corredor marítimo y trabajan en una declaración conjunta que formalice el entendimiento. No obstante, advirtió de que el proceso solo podrá completarse si «terceras partes» no interfieren, en una referencia implícita a Washington.
El estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto transitaba cerca del 20 % del comercio mundial de petróleo y gas, permanece sometido a fuertes restricciones desde que Irán endureció el control sobre la navegación tras la reanudación de las hostilidades con Estados Unidos a comienzos de julio.
Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que la reapertura del estrecho podría producirse «muy pronto» e incluso antes de finalizar la semana, las autoridades iraníes desmintieron la existencia de negociaciones directas con Washington y reiteraron que los contactos se limitan a Omán, país que tradicionalmente desempeña un papel de mediador en las crisis regionales.
Por su parte, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, reconoció que los contactos indirectos con Irán atraviesan avances y retrocesos, atribuyendo las dificultades a las diferencias existentes dentro de la propia estructura de poder iraní entre quienes apuestan por una salida diplomática y los sectores más radicales.
Pese al avance anunciado con Omán, Teherán insiste en que las condiciones para una navegación completamente segura todavía no existen. Las autoridades iraníes consideran que el bloqueo impuesto por Estados Unidos sobre sus puertos y la presencia militar estadounidense en la región siguen representando un factor de riesgo para el tráfico marítimo.
La tensión continúa reflejándose sobre el terreno. La agencia británica de seguridad marítima UKMTO informó de que un petrolero que atravesaba el estrecho de Ormuz notificó haber escuchado varias explosiones en las proximidades de su ruta, sin que hasta el momento se hayan confirmado daños o víctimas.
Al mismo tiempo, los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, reivindicaron nuevos ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo y el golfo de Adén, en el marco del bloqueo marítimo que mantienen contra intereses vinculados a Arabia Saudí, ampliando así la presión sobre las principales rutas energéticas de Oriente Medio.
La evolución de la crisis en Ormuz continúa siendo seguida con máxima atención por los mercados internacionales, ya que cualquier alteración prolongada del tránsito por este paso estratégico tendría un impacto inmediato sobre el suministro mundial de hidrocarburos, el transporte marítimo y los precios de la energía. En este contexto, Omán refuerza su papel como interlocutor clave para intentar evitar una nueva escalada en una de las zonas más sensibles del planeta.