El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, considera imprescindible establecer un mecanismo de inspección «muy avanzado» en Irán una vez finalice el conflicto, en un momento en que Washington y Teherán negocian un acuerdo destinado a consolidar una paz duradera.
El futuro del programa nuclear iraní vuelve a situarse en el centro de la agenda diplomática internacional. El director general del OIEA, Rafael Grossi, afirmó este lunes que la comunidad internacional deberá implantar un sistema de verificación «muy avanzado» para garantizar que Irán no desarrolle armamento nuclear una vez concluya la actual guerra.
Durante una comparecencia en Japón, Grossi recordó que Teherán insiste en que su programa tiene fines exclusivamente civiles, pero advirtió de que «las intenciones no bastan» y que será necesario restablecer cuanto antes un régimen de inspecciones capaz de verificar el destino del material nuclear iraní.
La cuestión forma parte de las negociaciones abiertas entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo de paz estable tras meses de tensión militar. Uno de los principales interrogantes sigue siendo el paradero de las reservas iraníes de uranio enriquecido al 60 %, que antes de los bombardeos de junio de 2025 ascendían, según el OIEA, a unos 440 kilogramos. Aunque ese nivel de enriquecimiento se sitúa por debajo del 90 % necesario para fabricar un arma nuclear, representa un importante avance técnico que preocupa a las potencias occidentales.
Desde los ataques contra varias instalaciones nucleares iraníes, el OIEA no ha podido verificar el estado de esas reservas, ya que las autoridades iraníes continúan restringiendo el acceso de los inspectores a algunos de los complejos afectados.
Grossi explicó que ya se han iniciado conversaciones preliminares con Teherán sobre el futuro de ese material. Entre las opciones que se estudian figuran la dilución del uranio enriquecido, prevista en el memorando de entendimiento alcanzado con Washington, o incluso su exportación a un tercer país, una alternativa técnicamente más compleja pero considerada viable por los especialistas.
Aunque Irán mantiene que nunca ha perseguido la obtención del arma atómica y reivindica su derecho a desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos, la cooperación con el OIEA sigue siendo uno de los principales puntos de fricción. Tras suspender parcialmente las inspecciones en 2025 por decisión del Parlamento iraní, Teherán volvió a autorizar algunas visitas de expertos, si bien el acceso continúa siendo limitado en las instalaciones consideradas más sensibles.
Las declaraciones de Grossi reflejan la voluntad del organismo de Naciones Unidas de recuperar plenamente su capacidad de supervisión, considerada un elemento esencial para consolidar cualquier acuerdo diplomático y reducir el riesgo de una nueva escalada nuclear en Oriente Próximo.