Londres.– El veterano dirigente laborista Andy Burnham dio este viernes un paso decisivo en su regreso a la primera línea de la política británica al conquistar el escaño parlamentario de Makerfield, una victoria que lo sitúa en posición de desafiar el liderazgo del primer ministro Keir Starmer y reabre el debate sobre el futuro del Partido Laborista.
Burnham, de 56 años y hasta ahora alcalde del Gran Mánchester, obtuvo cerca del 55 % de los votos en esta elección parcial celebrada en el noroeste de Inglaterra, imponiéndose con claridad al candidato de Reform UK, la formación derechista liderada por Nigel Farage.
Su entrada en la Cámara de los Comunes tiene una importancia que va mucho más allá de un simple cambio de escaño. Según las reglas internas del Partido Laborista, únicamente los diputados pueden aspirar al liderazgo de la formación, por lo que Burnham cumple desde ahora el requisito indispensable para presentar una candidatura alternativa a Starmer.
La victoria llega en un momento particularmente delicado para el actual jefe del Gobierno británico. Menos de dos años después de su llegada al poder, Starmer enfrenta un creciente descontento dentro de su propio partido tras los malos resultados obtenidos por los laboristas en las recientes elecciones locales de Inglaterra, Escocia y Gales.
Diversas encuestas reflejan además una caída de la popularidad del primer ministro, mientras que Burnham se ha consolidado como una de las figuras políticas mejor valoradas del país. Su perfil de gestor pragmático, cercano a las preocupaciones de las clases trabajadoras y defensor de una mayor autonomía para las regiones del norte de Inglaterra le ha permitido construir una base de apoyo que trasciende el electorado tradicional laborista.
Nacido en Aintree, en las afueras de Liverpool, Burnham fue diputado entre 2001 y 2017 y ocupó varios cargos ministeriales durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, entre ellos la cartera de Salud. Sin embargo, fue desde la alcaldía del Gran Mánchester donde alcanzó una dimensión nacional.
Su popularidad se disparó durante la pandemia de covid-19, cuando protagonizó un duro enfrentamiento con el entonces primer ministro conservador Boris Johnson por la financiación destinada a las regiones sometidas a restricciones sanitarias. Para muchos británicos, Burnham encarnó entonces la voz de un norte de Inglaterra que reclamaba más recursos e influencia frente al centralismo de Londres.
Defensor de una línea socialdemócrata más marcada que la impulsada por Starmer, el dirigente laborista ha criticado en repetidas ocasiones los recortes sociales y ha abogado por un mayor papel del Estado en la economía. En una reciente tribuna publicada por The Guardian, identificó como los “cuatro jinetes del apocalipsis británico” a la desregulación, la privatización, la austeridad y el Brexit.
Tras conocerse el resultado electoral, Burnham lanzó un mensaje directo a la dirección laborista. “Esta es la última oportunidad para cambiar”, afirmó, advirtiendo de que el partido debe escuchar el malestar expresado por los votantes si quiere evitar una nueva erosión de su apoyo popular.
Aunque Starmer felicitó públicamente a su rival por la victoria en Makerfield, la entrada de Burnham en Westminster abre un nuevo capítulo en la política británica. Con el respaldo de una parte creciente de la militancia y una elevada popularidad entre los votantes, el llamado “rey del norte” aparece hoy como el adversario interno más serio que ha enfrentado el primer ministro desde su llegada al poder.