Hace unos días, el expresidente del gobierno español, Felipe González, responsabilizó al grupo islamista Hamas, en primera instancia, de la situación en Gaza y cuestionó: “¿Por qué no sueltan a los rehenes?”. Con ello se habría evitado llegar a la actual degradación y crisis humanitaria desencadenada por la acción israelí. González también responsabilizó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de ser “el principal impulsor del antisemitismo que se está instalando en la opinión pública internacional”. Este lunes, a través de un comunicado, González añade que “la desproporción, deshumanización y limpieza étnica” en Gaza le resultan “del todo inaceptables e insoportables” y estima que hoy, tal y como están las cosas, la solución de dos Estados está más lejos que nunca, todo ello cuando varias potencias han reconocido al Estado palestino. Hay inquietudes, dudas y reacciones a este respecto.
El periodista y director de la W Radio, Julio Sánchez Cristo, editorializó esta mañana cuestionando: “¿Para qué sirve que 150 países reconozcan el Estado palestino?”. En su opinión, textualmente, ese reconocimiento no sirve para nada. Sánchez Cristo duda de la pertinencia y utilidad de Naciones Unidas: “Esta semana comienzan los discursos en la ONU. Viene la vida social [con embajadores, diplomáticos, presidentes y representantes que se dan cita en ese escenario] en Nueva York. Entretanto Israel mató 100 personas el fin de semana (25 pertenecientes a una sola familia) y el grupo armado Hamas aún mantiene a los secuestrados y continúa amenazando con otros actos terroristas a Israel. ¿Cerrar Naciones Unidas?”.
Para Sánchez Cristo debería preservarse una agencia de Naciones Unidas para los refugiados, además de los programas de alimentos para las poblaciones más vulnerables del mundo, pero nada más, la ONU “no sirve para nada”, ha dicho, concluyente, el director de la W.
Por su parte, BBC trae este lunes un extenso reportaje en el que aborda una cuestión no menor: “con el creciente reconocimiento internacional del Estado palestino: ¿quién lo gobernaría?”.
Paul Adams, corresponsal diplomático de la BBC, recuerda que semanas atrás, un diplomático palestino, Husam Zomlot, fue invitado a un debate en el think tank Chatham House de Londres.
El evento tuvo lugar cuando Bélgica se sumaba a Reino Unido, Francia y otros países en la promesa de reconocer al Estado palestino ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Para Zomlot esta es una circunstancia significativa. En su criterio, este podría ser “el último intento real de implementar la solución de dos Estados” y, por ello, no debe fracasar.
Reino Unido, Canadá y Australia, aliados tradicionales de Israel, han sido los primeros en concretar el reconocimiento del Estado palestino este domingo. Horas más tarde lo hizo Portugal. Los líderes políticos que han reconocido al Estado palestino lo han hecho defendiendo la paz en esa región del mundo, la emergencia de un Estado viable para los palestinos y que debería existir desde hace décadas y, también, un Israel que no vea amenazada su seguridad y existencia. Este clamor tiene lugar cuando hoy no existe ninguna de esas condiciones.
El reconocimiento del Estado palestino tampoco es nuevo. De hecho, unos 150 países ya lo reconocían. Lo que sí es novedad es que varias potencias, entre otras, Francia y Reino Unido miembros del Consejo de Seguridad, estén abogando por ello.
Y los palestinos lo saben: “Palestina nunca ha tenido tanto poder en el mundo como ahora”, ha dicho a la BBC Xavier Abu Eid, un exfuncionario palestino. “El mundo se ha movilizado por Palestina”.
El corresponsal del medio británico agrega que en este contexto algunas preguntas de difícil respuesta: la primera, ¿qué es Palestina? Y, la segunda, ¿“existe siquiera un Estado que reconocer?”. Acude a la Convención de Montevideo de 1933 para analizar el tema. La Convención enumera cuatro criterios como condición para reconocer a un Estado y “Palestina puede reivindicar legítimamente dos de ellos”. Ha tenido una población permanente en el territorio (aunque los desplazamientos forzados en Gaza están poniendo este punto en peligro) y la capacidad de entablar relaciones internacionales, el diplomático Zomlot es prueba de ello. Pero, el requisito que no cumple todavía es el relacionado con un «territorio definido».
Al no existir un acuerdo sobre las fronteras definitivas y tampoco un proceso de paz real, “es difícil saber con certeza qué se entiende por Palestina”, agrega Adams. Ver el mapa, dice, permite ver rápidamente dónde empiezan los problemas. “Para los propios palestinos, el Estado que tanto anhelan consta de tres partes: el este de Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza. Todas ellas fueron conquistadas por Israel durante la Guerra de los Seis Días de 1967”, explica. En relación con los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, estos han permanecido separados geográficamente durante tres cuartos de siglo, desde la independencia de Israel en 1948.
La presencia del ejército israelí y de los colonos judíos en Cisjordania controlan la mayor parte del territorio. La Autoridad Palestina, establecida tras los acuerdos de paz de Oslo, en la década de 1990, solo administra alrededor del 40% de ese territorio. “Desde 1967, la expansión de los asentamientos ha ido devorando Cisjordania, fragmentándola cada vez más como entidad política y económica”, describe Adams.
En lo que respecta a Jerusalén este, que los palestinos consideran como su capital, está rodeada de asentamientos judíos que han ido aislando gradualmente a la ciudad de Cisjordania. Mientras que Gaza actualmente enfrenta la destrucción, tras los ataques de Hamas el 7 de octubre de 2023 que desencadenaron la guerra defensiva de Israel.
El cuarto elemento o condición previa para el reconocimiento de un Estado, siguiendo la Convención de Montevideo, es la existencia de un gobierno que funcione. “Y esto supone un gran reto para los palestinos”, sostiene Adams.
En 1994, con el acuerdo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), se creó la Autoridad Nacional Palestina (conocida simplemente como Autoridad Palestina o AP), que “ejercía un control civil parcial sobre los palestinos de Gaza y Cisjordania”.
No obstante, “desde el sangriento conflicto de 2007 entre Hamas y la principal facción de la OLP, Fatah, los palestinos de Gaza y Cisjordania han estado gobernados por dos gobiernos rivales: Hamas, en Gaza; y la Autoridad Palestina, reconocida internacionalmente, en Cisjordania, cuyo presidente es Mahmud Abás”.
Lo anterior significa que han transcurrido 77 años de separación geográfica y 18 años de división política: “mucho tiempo de distanciamiento entre Cisjordania y la Franja de Gaza”. La última elección presidencial tuvo lugar hace casi 20 años, en 2006. O sea que los palestinos que tienen menos de 36 años nunca han votado ni en Cisjordania ni en Gaza. Y, ante los eventos actuales, la Autoridad Palestina de Abás, funge de observadora: “mira el conflicto desde su sede en Cisjordania, se ha reducido en gran medida al papel de espectador impotente”.
Esta situación ha llevado a que los palestinos se sientan pesimistas y descreídos de los liderazgos y del progreso y avance para la creación de un Estado, por lo que los más activos reclaman la emergencia de nuevos liderazgos. Nótese que, una reciente encuesta de opinión realizada por el Centro Palestino de Investigación Política y Encuestas, con sede en Cisjordania, reveló que el 50% de los palestinos elegiría como presidente a Marwan Hasib Ibrahim Barghouti, de 66 años y prisionero en una cárcel israelí, muy por delante de Abás, de 89 años, quien ocupa el cargo desde 2005.
La cuestión de los liderazgos palestinos, por demás, no es nueva. Es un tema que viene aireándose desde el retorno del exilio de Yasser Arafat cuando los liderazgos locales fueron marginados del poder naciente y el recelo solo habría crecido por los rumores de corrupción en las filas de Arafat. Todo ello se ha visto agravado por la inviabilidad de una paz real y duradera, habida cuenta del extremismo y maximalismo de las partes en conflicto, de la derechización de Israel y de la violenta escisión entre Hamas y Fatah en 2007.
A lo anterior se suma la negativa total de la extrema derecha de Israel a la creación de un Estado palestino y, en paralelo, su expansión de asentamientos que fragmentan Cisjordania y buscan aislarle de Jerusalén este. «Todo el mundo sabe que soy yo quien lleva décadas bloqueando la creación de un Estado palestino que pondría en peligro nuestra existencia», dijo Netanyahu en febrero de 2024.
A la voracidad del primer ministro israelí se suman el exceso y la ambición de Trump, cuyo país tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad, quien habló del «Plan Riviera» para la reconstrucción de Gaza y del que Estados Unidos asumiría «una posición de propiedad a largo plazo», según el presidente estadounidense.
En la actual edición de la guerra palestino-israelí, el gobierno Netanyahu es responsable por acción de la destrucción de Gaza y de la actual crisis humanitaria, en tanto que, la peor desgracia para la existencia de Palestina y de los palestinos es, en primer lugar, el grupo armado Hamas y, luego, la ausencia de liderazgos y de líderes jóvenes.
En medio de esta enrevesada y compleja situación es que, al parecer, árabes y europeos coinciden al dejar claro que Hamas no tendrá poder político en un naciente Estado palestino, como lo confirmó la declaración de julio, al término de una conferencia de tres días patrocinada por Francia y Arabia Saudita, en la que se afirmaba que «Hamas debe poner fin a su dominio en Gaza y entregar sus armas a la Autoridad Palestina».
Está por verse si el reconocimiento del Estado palestino trasciende el simbolismo y tiene efectos y consecuencias reales con objetivos, tiempos y plazos definidos y no se agota en una declaración de buenas intenciones. De todas formas, lo que a muchos palestinos interesa hoy, en primer lugar, es que cesen las muertes de los suyos, de ello dejan constancia las fuentes entrevistadas por Adams en la BBC.