El líder de Hizbulá, Naim Qassem, rechaza cualquier negociación directa con Israel y advierte de una “fase peligrosa” en la región, en medio de un alto el fuego cada vez más frágil en el sur del Líbano.
El secretario general del movimiento chií libanés Hizbulá, Naim Qassem, afirmó este lunes que su organización apoya los esfuerzos diplomáticos destinados a poner fin a la “agresión” contra el Líbano, pero descartó de plano cualquier negociación directa con Israel, al considerarla una “concesión gratuita sin resultados” que solo beneficiaría al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Las declaraciones se producen en un contexto de bloqueo diplomático y de creciente deterioro de la situación sobre el terreno, pese al alto el fuego vigente desde mediados de abril. Según Qassem, las negociaciones indirectas siguen siendo el único canal viable, mientras que el diálogo directo sería utilizado por Israel para proyectar una imagen de victoria política.
El posicionamiento de Hizbulá contrasta con los esfuerzos del presidente libanés, Joseph Aoun, quien busca consolidar la tregua y abrir la puerta a contactos bilaterales bajo mediación internacional, especialmente en Washington. Esta divergencia interna refleja las tensiones estructurales del sistema político libanés frente a un entorno regional cada vez más volátil.
Qassem insistió en que el desenlace del conflicto dependerá de una combinación de factores: la continuidad de la “resistencia”, la cohesión interna libanesa y la evolución de las relaciones entre Irán y Estados Unidos. En su discurso, rechazó cualquier escenario que implique el desarme de Hizbulá o una transformación del Líbano en un actor “débil y sumiso”.
Pese a la tregua formal, los enfrentamientos no han cesado. Israel ha intensificado sus operaciones en el sur del Líbano, provocando víctimas y daños materiales significativos, mientras Hizbulá mantiene su retórica de confrontación. Para su líder, la región entra en una fase crítica marcada por una escalada que considera impulsada por una alianza entre Israel y Estados Unidos.
Más allá del intercambio de acusaciones, el episodio ilustra la fragilidad de los mecanismos de desescalada en Oriente Medio. El rechazo a la negociación directa pone de relieve los límites de la diplomacia tradicional en un conflicto donde las percepciones de fuerza, legitimidad y supervivencia siguen primando sobre cualquier lógica de compromiso político.