Ginebra. Irán y Estados Unidos iniciaron este jueves en Ginebra una nueva ronda de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní, la tercera en lo que va de 2026, en un contexto marcado por la desconfianza mutua y por la tentativa de reactivar la vía diplomática tras meses de tensión.
La delegación iraní llegó a la mesa con una propuesta detallada que fue transmitida a la parte estadounidense a través del ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, país que vuelve a desempeñar un papel clave como mediador discreto entre Washington y Teherán.
Antes del inicio formal de las conversaciones, Al Busaidi se reunió con el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, para abordar los mecanismos de verificación e inspección que podrían activarse en caso de alcanzarse un eventual acuerdo. Según fuentes diplomáticas omaníes, ambos analizaron aspectos técnicos destinados a garantizar inspecciones “transparentes y creíbles” en las instalaciones nucleares iraníes.
La víspera, el jefe de la diplomacia omaní mantuvo también un encuentro con el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, que encabeza la delegación de Teherán en esta nueva fase negociadora.
Desde la capital iraní, el Gobierno presentó su oferta como una prueba de la voluntad diplomática de ambas partes y aseguró que las propuestas formuladas en Ginebra “eliminan todos los pretextos” que Washington ha esgrimido históricamente sobre la naturaleza del programa nuclear iraní. Teherán sostiene que su iniciativa permitirá medir el grado de compromiso estadounidense con una solución negociada.
En paralelo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que existe esperanza de que la ronda resulte productiva, aunque insistió en que cualquier avance deberá abordar cuestiones más amplias que el dossier nuclear, especialmente el programa iraní de misiles balísticos. Washington considera este punto inseparable del equilibrio regional, mientras que Irán se ha negado hasta ahora a incluirlo en la agenda formal de las conversaciones.
La nueva ronda en Ginebra confirma que el diálogo sigue abierto, aunque condicionado por profundas divergencias estratégicas. Para ambas partes, el éxito dependerá no solo de las concesiones técnicas, sino de la capacidad política para reconstruir una mínima confianza tras años de sanciones, rupturas y escaladas retóricas.