El rey español cerró anoche su jornada en Ceuta con el discurso de mayor carga política de la visita. Afirmó que la soberanía de la ciudad no es negociable y defendió al mismo tiempo una buena relación de vecindad con Marruecos. Pidió que los migrantes en situación irregular regresen a su país y que, mientras permanezcan en la ciudad, reciban un trato digno. Rabat no ha reaccionado oficialmente.
Felipe VI eligió el parador de Ceuta para pronunciar anoche su primer discurso desde la ciudad en todo su reinado. Ante una representación de la sociedad ceutí, el Rey combinó tres mensajes que se dirigían a destinatarios distintos. A Marruecos le habló de soberanía y de vecindad. A las instituciones españolas y europeas, de unidad. A los migrantes que siguen en la ciudad, de retorno con garantías. Sus palabras sobre Ceuta y Melilla provocaron una larga ovación entre los asistentes.
El Rey sostuvo que la soberanía y la integridad territorial de Ceuta no son negociables y resumió su posición con una fórmula, «Ceuta es España y Ceuta es Europa». Insistió además en que las dos ciudades autónomas forman parte irrenunciable de la realidad política española. Fue una respuesta implícita a la reclamación histórica de Rabat, que no reconoce la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y llegó cinco días después del discurso en el que Mohamed VI reprochó a sectores políticos españoles la instrumentalización de la crisis.
Soberanía y buena vecindad
En la misma intervención, el Rey abrió una vía de entendimiento. Afirmó que España y la Unión Europea tienen la voluntad y la responsabilidad de mantener con Marruecos una relación de buena vecindad que beneficie a ambos lados de la frontera. Según El Plural, esa oferta quedó condicionada a la confianza y el respeto mutuos. El Español va más lejos y sostiene que el monarca supedita la buena vecindad a la premisa de la integridad territorial de España.
Las dos lecturas conviven en la prensa española, y el texto del discurso permite ambas. Lo relevante para la relación bilateral es que el Rey no eludió la cuestión de la soberanía, pero tampoco cerró la puerta a Rabat. El mensaje se dirigió también a Bruselas, en la línea de su intervención ante Emmanuel Macron hace dos semanas, cuando recordó que Ceuta es frontera exterior de la Unión Europea (UE).
Retorno con garantías
El Rey se refirió de forma expresa a las personas que entraron en la ciudad a finales de julio y siguen allí. Afirmó que quienes entraron de forma irregular «deben volver a su lugar de origen». Añadió que, mientras permanezcan en Ceuta, deben recibir un trato digno y humano con todas las garantías legales, y que a ellos se les exige respeto a la convivencia ciudadana. También reconoció que la normalidad todavía no ha vuelto a la ciudad.
El discurso incluyó un aviso a las administraciones, a las que pidió estar a la altura de la ciudadanía y actuar sin fisuras. A los ceutíes les prometió que no los dejarán «solos ni indefensos». El ministro Ángel Víctor Torres, que acompañó a los Reyes, calificó la intervención de muy correcta y llena de mensajes.
Rabat, sin respuesta oficial
Marruecos no ha reaccionado oficialmente al discurso. La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, insistió ayer en que la visita se desarrolla con total normalidad y en que las relaciones con Rabat son fluidas. El Plural apunta que Marruecos podría llamar a consultas a su embajadora en España, aunque se trata de una hipótesis sin confirmar. Fuentes militares citadas por El País ya habían advertido de que la visita tendría respuesta.
El precedente pesa. En 2007, la visita de Juan Carlos I y la reina Sofía llevó a Marruecos a retirar a su embajador en Madrid durante más de dos meses. Felipe VI cierra hoy en Melilla un viaje que combina afirmación de soberanía y oferta de vecindad. La respuesta de Rabat en los próximos días dirá cuál de los dos mensajes pesa más al otro lado del Estrecho.