La Unión Europea de Radiodifusión anuncia una reforma del reglamento que inhabilita automáticamente a las televisiones de países en conflicto armado para acoger el certamen. Los cambios, que afectan directamente a Israel y Ucrania, llegan después de años de tensión política creciente en el concurso y de la retirada de España en la última edición como protesta por la participación israelí.
El festival de Eurovisión lleva varios años librando una batalla que va mucho más allá de las canciones. La participación de Israel, con enfrentamientos activos en Gaza con Hamás, en el Líbano con Hezbolá y con Irán, ha convertido cada edición reciente en un campo de minas diplomático. La respuesta de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha llegado esta semana con una reforma del reglamento que aborda de frente lo que hasta ahora se gestionaba caso a caso: si un país ganador está inmerso en un conflicto armado o una situación geopolítica sensible, su televisión pública quedará automáticamente inhabilitada para organizar la siguiente edición.
La sede del festival de 2027 ya está decidida: Burgas, Bulgaria, ciudad natal de Dara, ganadora de Eurovisión 2026. Pero las nuevas normas marcarán cómo se gestione cualquier escenario futuro en el que el país ganador no pueda o no deba acoger el certamen. En ese caso, la UER podrá encargar una evaluación de seguridad independiente y, tras consultar al Reference Group, decidir si hay garantías suficientes para celebrar el concurso. Si la organización pasa a una televisión alternativa, esa cadena asumirá los derechos y responsabilidades del país anfitrión por derecho propio, no en nombre de otra cadena.
Las nuevas reglas y su contexto político
La reforma no nombra a ningún país explícitamente, pero su destinatario es evidente. Israel ha estado en el centro de la controversia en las últimas ediciones. En Malmö 2024, la representante israelí Eden Golan recibió abucheos al grito de «Palestina libre», lo que derivó en enfrentamientos entre delegaciones y un refuerzo extraordinario de la seguridad. En la edición más reciente, España optó por no participar ni retransmitir el festival: Radio Televisión Española (RTVE) se retiró como protesta por la presencia de Israel en el concurso, una decisión sin precedentes en la historia del certamen.
La nueva normativa establece también qué ocurre si el país ganador no puede asumir la organización: la televisión pública elegida como alternativa organizará Eurovisión por derecho propio, sin intermediarios. Un mecanismo diseñado precisamente para el escenario que ya se vivió con Ucrania en 2022, cuando el país ganó el festival en plena invasión rusa y la BBC produjo la edición siguiente en Liverpool junto a la televisión ucraniana Suspilne. Aquella solución fue ad hoc; ahora queda regulada.
El caso de Israel y el precedente de Rusia
El antecedente más claro de expulsión de un país es el de Rusia, vetada tras la invasión de Ucrania en 2022. La razón oficial fue que las cadenas rusas habían perdido su independencia editorial y ejercían como altavoz de propaganda estatal. Varios países nórdicos amenazaron con retirarse si Rusia no era excluida, y esa presión precipitó la decisión. Israel, sin embargo, sigue participando pese a la presión de varios países y delegaciones, lo que ha generado una fractura interna en el certamen que las nuevas reglas intentan gestionar sin llegar a la expulsión.
La victoria de Ucrania en 2022 con Jamala y su tema 1944, que rememoraba la deportación de los tártaros de Crimea, ya había puesto en evidencia la tensión entre la norma que prohíbe mensajes políticos en las canciones y la realidad de un festival que inevitablemente refleja el momento político de sus participantes. Las nuevas reglas no resuelven esa contradicción de fondo, pero sí establecen un marco más claro para las consecuencias organizativas de ganar en un contexto bélico.
Edad mínima, televoto y normas técnicas
Junto a los cambios geopolíticos, la UER ha aprobado otras modificaciones de calado. La edad mínima para participar sube de 16 a 18 años a partir de 2027, poniendo fin a una práctica habitual durante décadas: Nathalie Pâque representó a Francia en 1989 con solo once años, y en ediciones más recientes artistas como Nadav Guedj o Anita Simoncini compitieron con 16. En materia técnica, la voz protagonista deberá interpretarse en directo y será la única que ejecute la melodía principal. El lip sync queda prohibido, el autotune también, y las pistas pregrabadas solo podrán mantenerse si no sustituyen a la voz en directo.
En cuanto al televoto, las reglas preliminares del 2027 atribuyen al público la decisión de las semifinales, aunque la UER se reserva la posibilidad de incorporar jurados profesionales. La medida responde a episodios como el de Turín 2022, cuando seis países —Azerbaiyán, Georgia, Montenegro, Polonia, Rumanía y San Marino— se intercambiaron votos de forma coordinada. Se comprobó que no fue casual, se anularon esos votos, y la representante española Chanel acabó tercera. El certamen más seguido de la televisión europea sigue buscando, edición tras edición, la forma de separar la música de la política. De momento, le cuesta.