La ministra de Defensa Margarita Robles no descarta la participación española en ejercicios militares en el territorio ártico, mientras Francia, Alemania, Suecia y Noruega ya han confirmado el envío de tropas. La respuesta europea se produce tras el fracaso de las negociaciones entre Washington, Copenhague y Nuuk, en las que el presidente estadounidense insistió en su intención de anexionarse la isla.
España estudia sumarse a la misión europea de vigilancia militar en Groenlandia como respuesta coordinada ante las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de apropiarse de este territorio semiautónomo danés. La ministra de Defensa, Margarita Robles, no descartó este jueves la participación de efectivos españoles en los ejercicios conjuntos que Dinamarca ha puesto en marcha, aunque apeló a la prudencia y pidió «no precipitar acontecimientos» mientras continúan las consultas entre aliados.
La posible incorporación española se enmarcaría en una operación de reconocimiento inscrita en ejercicios militares daneses a los que ya se han sumado Francia, Suecia, Alemania y Noruega. Estos países anunciaron su participación tras el estrepitoso fracaso de las conversaciones mantenidas el miércoles en Washington entre el vicepresidente estadounidense JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y las autoridades danesas y groenlandesas. En ese encuentro, que duró menos de una hora, Trump reiteró su exigencia de que Estados Unidos asuma el control total de Groenlandia alegando razones de «seguridad nacional» frente a supuestas amenazas de China y Rusia.
Robles indicó que la decisión española se tomará entre este jueves y viernes, en función de los contactos que mantiene el Gobierno con los socios europeos. «Estamos permanentemente de acuerdo con los demás aliados. Iremos viendo a lo largo del día de hoy qué es lo que está encima de la mesa», declaró la ministra a su llegada al Congreso, donde compareció en la Comisión de Secretos Oficiales. La titular de Defensa subrayó que, de materializarse, la misión española tendría como objetivo «reforzar la vigilancia» en el territorio ártico, sin precisar el número de efectivos que podrían desplegarse.
La ofensiva francesa y la respuesta de Macron
Francia se convirtió en el primer país en confirmar operativamente su participación en los ejercicios militares. El presidente Emmanuel Macron anunció la noche del miércoles, a través de su cuenta en la red social X, que había decidido que el ejército francés participaría en la Operación Resistencia Ártica. «Por petición de Dinamarca, he decidido que Francia participará en ejercicios conjuntos organizados por Dinamarca en Groenlandia. Los primeros elementos militares franceses ya están en camino. Otros los seguirán», escribió el mandatario galo.
Según fuentes del Ministerio de Defensa francés, unos 15 soldados de la unidad de infantería de montaña ya se encuentran en Nuuk, la capital groenlandesa, formando parte de una misión que evaluará las condiciones para posibles contribuciones militares destinadas a apoyar a Dinamarca. Macron convocó para primera hora de este jueves un Consejo de Defensa para estudiar en profundidad tanto la situación en Groenlandia como la crisis en Irán, evidenciando la gravedad con la que París contempla las amenazas de Trump.
El anuncio francés se sumó a los comunicados emitidos por Alemania, Suecia y Noruega. El Ministerio alemán de Defensa confirmó que desplegará un equipo de reconocimiento de 13 efectivos que participará en actividades entre el 15 y el 17 de enero. «A invitación de Dinamarca, Alemania participará con otras naciones europeas en una actividad de reconocimiento en Groenlandia», indicó el comunicado oficial. El objetivo declarado es «examinar las condiciones para posibles contribuciones militares destinadas a apoyar a Dinamarca, por ejemplo en el ámbito de las capacidades de vigilancia marítima».
Un despliegue sin precedentes en respuesta a Washington
El despliegue militar europeo en Groenlandia constituye una respuesta sin precedentes dentro de la OTAN, donde por primera vez varios aliados coordinan ejercicios orientados a proteger el territorio de otro socio ante las amenazas de la potencia hegemónica de la alianza. Dinamarca había anunciado previamente un incremento inmediato de su presencia militar en la isla y la intensificación de maniobras en colaboración con aliados, ante lo que calificó como «incremento de las tensiones en el Ártico».
La coordinación europea contrasta con el silencio del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien no ha convocado a los miembros de la alianza para abordar formalmente la crisis. Rutte, quien en privado llama a Trump «papito» según revelaciones periodísticas, se ha limitado a señalar que «todo va bien» y que la organización «avanza en la dirección correcta», evitando cualquier crítica directa a las pretensiones estadounidenses. Su postura ha generado inquietud entre varios gobiernos europeos, que consideran que el asunto requiere una respuesta institucional de la OTAN.
Preguntada sobre si una eventual invasión estadounidense de Groenlandia significaría el fin de la OTAN, Robles rechazó este extremo aunque calificó el escenario como «inaceptable y gravísimo». «No lo creo, sinceramente creo que es inaceptable y gravísimo pero no creo que estemos en ese supuesto», declaró la ministra. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares destacó que «Europa se tiene que sentar en la mesa de las grandes potencias» y advirtió: «Que nadie traiga la guerra a Europa».
Más allá del Ártico: la estrategia de deslegitimación europea
Las pretensiones de Trump sobre Groenlandia trascienden el control de rutas navales árticas y la explotación de recursos minerales. Analistas europeos interpretan la ofensiva como parte de una estrategia más amplia orientada a debilitar la cohesión europea y dinamitar la OTAN desde dentro. El presidente estadounidense y su círculo cercano, incluyendo al vicepresidente JD Vance y al asesor Stephen Miller, han expresado abiertamente su hostilidad hacia Europa, a la que acusan de estar en declive civilizatorio por las políticas migratorias y las regulaciones que, según Washington, sofocan la innovación empresarial.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, publicada en noviembre, describe a Europa como un continente en crisis por la «desaparición de la civilización» debido a factores como las «actividades de la UE que socavan la libertad política», las «políticas migratorias que transforman el continente» y el «desplome de las tasas de natalidad». Este marco ideológico convierte la crisis de Groenlandia en un instrumento para presionar a los aliados europeos y forzar concesiones en múltiples frentes, desde regulaciones tecnológicas hasta políticas de defensa.
El Gobierno de Groenlandia, por su parte, ha rechazado categóricamente cualquier propuesta que no respete la integridad territorial del territorio y el derecho de autodeterminación de sus 57.000 habitantes. El primer ministro Jens Frederik Nielsen declaró días atrás «¡Ya basta!» ante las reiteradas amenazas de Trump. Sin embargo, la Administración estadounidense continúa explorando vías para apropiarse de la isla, incluyendo escenarios de compra, invasión militar o promoción de una independencia tutelada que eventualmente derive en anexión.
La reunión del miércoles en Washington concluyó sin acuerdos, con las partes reconociendo «discrepancias fundamentales» sobre el futuro de Groenlandia. Mientras tanto, las tropas europeas ya desplegadas en Nuuk representan la primera línea de una respuesta continental que busca disuadir cualquier acción unilateral estadounidense y preservar la integridad territorial de un aliado de la OTAN ante las aspiraciones de otro miembro de la propia alianza.