Europa cierra filas frente a las amenazas de Trump: cinco claves de la crisis de Groenlandia

07 janvier 2026 - 20:03

 

Siete países europeos firmaron el 6 de enero una declaración conjunta defendiendo la soberanía danesa sobre Groenlandia, tras las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de tomar el control del territorio ártico. La coordinación incluye a Francia, Alemania, Italia, España, Polonia, Reino Unido y Dinamarca, en respuesta a las declaraciones de Washington que no descartan el uso de la fuerza militar.

 

La amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de hacerse con el control de Groenlandia ha forzado una respuesta europea sin precedentes. El 6 de enero de 2026, los líderes de siete países del continente firmaron una declaración conjunta defendiendo la soberanía danesa sobre el vasto territorio ártico, en un movimiento diplomático coordinado que busca frenar las aspiraciones expansionistas de Washington. La declaración, suscrita por Francia, Alemania, Italia, España, Polonia, Reino Unido y Dinamarca, constituye un mensaje claro a la Casa Blanca sobre la inviolabilidad de las fronteras entre aliados de la OTAN. El documento subraya que solo Dinamarca y el pueblo groenlandés pueden decidir sobre el futuro del territorio, y advierte que cualquier acción unilateral estadounidense tendría consecuencias devastadoras para la Alianza Atlántica y para el orden internacional basado en reglas.

 

La crisis sobre Groenlandia ha escalado dramáticamente tras la operación militar estadounidense en Venezuela del 3 de enero, cuando fuerzas especiales capturaron al presidente Nicolás Maduro en Caracas. Esta demostración de poder militar ha dado un carácter diferente a las amenazas de Trump sobre Groenlandia, que ya no suenan como mera retórica sino como posibilidades reales respaldadas por la capacidad y la voluntad de actuar demostradas en América Latina. La primera ministra danesa Mette Frederiksen ha advertido que un ataque estadounidense contra un país miembro de la OTAN significaría el fin de la Alianza Atlántica tal como se conoce desde 1949. Esta declaración, formulada con una dureza inusual para el tradicional aliado nórdico de Washington, refleja la gravedad con la que Europa percibe las intenciones de Trump y la necesidad de establecer líneas rojas claras antes de que la situación escape a cualquier control diplomático.

 

1. Las amenazas de Trump: de la «Doctrina Monroe» al uso de la fuerza militar

 

Donald Trump ha intensificado sus declaraciones sobre Groenlandia desde su regreso a la Casa Blanca, convirtiendo la anexión del territorio ártico en una prioridad declarada de seguridad nacional estadounidense. El presidente no ha descartado el uso de la fuerza militar para tomar el control de la isla, y la secretaria de prensa de la Casa Blanca Karoline Leavitt confirmó el 6 de enero que el gobierno está analizando múltiples opciones para adquirir Groenlandia, incluyendo explícitamente la opción militar. Trump ha justificado su interés argumentando que Estados Unidos necesita Groenlandia para garantizar la seguridad del Ártico frente a las amenazas de Rusia y China, aunque su retórica ha ido mucho más allá de consideraciones puramente defensivas para adentrarse en un discurso abiertamente expansionista que evoca las peores páginas del imperialismo estadounidense del siglo XIX y principios del XX.

 

El principal asesor de Trump, Stephen Miller, ha sido aún más explícito en sus declaraciones, cuestionando abiertamente la legitimidad del control danés sobre Groenlandia y afirmando que el mundo se rige por la fuerza y el poder. En una entrevista con CNN el 6 de enero, Miller declaró que nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia, una afirmación que constituye tanto una amenaza como una evaluación realista del desequilibrio de poder militar entre Washington y Europa. Miller ha defendido que Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos para que Washington pueda asegurar eficazmente la región ártica, argumentando que la OTAN como organización depende fundamentalmente del poder militar estadounidense. Esta visión del orden internacional basada en la supremacía de la fuerza sobre el derecho ha sido rechazada categóricamente por los líderes europeos, que ven en ella una ruptura con los principios que han sustentado la cooperación transatlántica durante más de siete décadas.

 

2. Declaración conjunta europea: unidad frente a la presión estadounidense

 

La respuesta europea a las amenazas de Trump se ha materializado en una declaración conjunta firmada el 6 de enero por los jefes de Estado o de Gobierno de siete países europeos: la primera ministra danesa Mette Frederiksen, el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el primer ministro británico Keir Starmer, el presidente del gobierno español Pedro Sánchez, y el primer ministro polaco Donald Tusk. El documento afirma inequívocamente que Groenlandia pertenece a su pueblo y que corresponde únicamente a Dinamarca y a Groenlandia decidir sobre las cuestiones que les conciernen. Esta formulación busca establecer un principio claro de autodeterminación que excluye cualquier injerencia externa, incluida la de Estados Unidos, en el futuro político del territorio ártico.

 

La declaración subraya que el Reino de Dinamarca, que incluye a Groenlandia como territorio autónomo, es miembro de pleno derecho de la OTAN, lo que convierte cualquier amenaza contra su integridad territorial en un asunto que afecta a la propia Alianza Atlántica. Los líderes europeos han enfatizado que la seguridad en el Ártico constituye una prioridad clave para la OTAN y que los aliados europeos están intensificando sus esfuerzos en la región, incrementando su presencia militar, sus actividades de vigilancia y sus inversiones en infraestructura de defensa. Sin embargo, el documento deja claro que esta labor debe realizarse de manera colectiva, en coordinación con todos los aliados de la OTAN incluido Estados Unidos, y siempre respetando los principios de la Carta de las Naciones Unidas: soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras. Estos principios, según los firmantes, son universales y no cesarán de defenderlos frente a cualquier intento de cuestionarlos.

 

3. Groenlandia, una joya geopolítica en el Ártico

 

Groenlandia representa uno de los territorios más estratégicos del planeta por múltiples razones que van desde su posición geográfica hasta sus recursos naturales. Con una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados, la isla constituye el punto de control clave del corredor que conecta Norteamérica con Europa a través del Atlántico Norte, una ruta marítima y aérea fundamental para la proyección de poder militar y para el comercio transatlántico. Estados Unidos mantiene desde 1951 la base aérea de Pituffik en el noroeste de Groenlandia, anteriormente conocida como base de Thule, que alberga sistemas de alerta temprana cruciales para la detección de misiles balísticos y para la vigilancia del espacio aéreo ártico. Esta instalación militar, operada conjuntamente por daneses y estadounidenses bajo un acuerdo bilateral de defensa, proporciona a Washington capacidades de vigilancia estratégica que considera vitales para su seguridad nacional.

 

Más allá de su valor militar, Groenlandia posee reservas significativas de minerales críticos o tierras raras, elementos químicos esenciales para la fabricación de tecnologías avanzadas que van desde vehículos eléctricos y turbinas eólicas hasta equipamiento militar de última generación y sistemas electrónicos sofisticados. China controla actualmente alrededor del 90% de la producción mundial de tierras raras, una dependencia que preocupa enormemente a Washington y que explica en parte el interés de Trump por asegurar fuentes alternativas de suministro.

 

El cambio climático está haciendo que los recursos minerales de Groenlandia sean progresivamente más accesibles conforme el deshielo ártico abre nuevas posibilidades de explotación minera y de navegación comercial. Sin embargo, el Departamento de Estado estadounidense ha reconocido en análisis recientes que la explotación de estos recursos enfrentaría costes enormes debido a las bajas temperaturas, la falta de infraestructura y las dificultades logísticas inherentes a la región, lo que cuestiona la viabilidad económica de las ambiciones de Trump más allá de consideraciones puramente geopolíticas.

 

4. La debilidad militar europea frente a Washington

 

La crisis de Groenlandia ha expuesto la debilidad militar europea frente a Estados Unidos y la incapacidad del continente para defender efectivamente a uno de sus miembros contra la presión o la agresión de su principal aliado. Stephen Miller no se equivocó al afirmar que nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por Groenlandia, una evaluación realista que refleja el abismo de capacidades que separa a las fuerzas armadas estadounidenses de las europeas. Dinamarca, a pesar de los esfuerzos recientes por reforzar su presencia militar en Groenlandia con ejercicios navales y despliegues aéreos, no dispondría de medios para resistir una operación militar estadounidense diseñada para tomar el control del territorio. Las fuerzas armadas danesas, dimensionadas para operaciones de baja intensidad y para contribuir a misiones internacionales, resultarían completamente insuficientes frente al poder de proyección de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

 

La respuesta europea tampoco podría cambiar sustancialmente esta ecuación militar. Los principales países europeos han reducido drásticamente sus capacidades militares desde el final de la Guerra Fría, dependiendo crecientemente de la sombrilla de seguridad proporcionada por Estados Unidos a través de la OTAN. Esta dependencia estructural limita dramáticamente el margen de maniobra europeo cuando el amenazante no es Rusia o China sino el propio garante de su seguridad. La OTAN carece de mecanismos efectivos para gestionar una situación en la que el miembro más poderoso de la Alianza ejerce presión o amenaza con el uso de la fuerza contra un miembro más débil. El Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece la defensa colectiva, fue diseñado para responder a amenazas externas, no para arbitrar conflictos internos entre aliados. Esta laguna institucional deja a Dinamarca en una posición extraordinariamente vulnerable, dependiendo más de la disuasión política y del coste reputacional para Estados Unidos que de capacidades militares reales para defenderse.

 

5. Implicaciones para la OTAN y la relación transatlántica

 

Las amenazas de Trump sobre Groenlandia plantean interrogantes existenciales sobre el futuro de la OTAN y sobre la viabilidad de la relación transatlántica tal como ha funcionado durante más de 75 años. La Alianza Atlántica se ha construido sobre el principio de la defensa colectiva frente a amenazas externas, asumiendo que los miembros compartirían valores comunes y respetarían mutuamente su soberanía e integridad territorial. La posibilidad de que Estados Unidos utilice la fuerza militar contra un aliado europeo, o simplemente la amenaza creíble de hacerlo, socava los fundamentos mismos de esta arquitectura de seguridad. Mette Frederiksen ha advertido que un ataque estadounidense significaría el fin de la OTAN, una afirmación que no constituye una exageración retórica sino una evaluación realista de las consecuencias que tendría una acción militar de Washington contra Copenhague. Si la Alianza no puede proteger a sus miembros más pequeños de la coerción de su miembro más poderoso, entonces pierde su razón de ser fundamental.

 

La crisis de Groenlandia se produce además en un momento de máxima tensión en las relaciones entre Estados Unidos y Europa debido a múltiples factores convergentes. La operación militar en Venezuela ha demostrado la disposición de Trump a actuar unilateralmente sin consultar con aliados, violando el derecho internacional cuando lo considera necesario para los intereses estadounidenses. Las amenazas simultáneas sobre el Canal de Panamá y sobre territorios canadienses han configurado un patrón de comportamiento expansionista que evoca la Doctrina Monroe del siglo XIX, cuando Estados Unidos proclamó su derecho a ejercer hegemonía sobre el hemisferio occidental. Europa observa con alarma creciente esta evolución, temiendo que el nuevo enfoque de política exterior estadounidense priorice sistemáticamente la fuerza sobre el derecho y los intereses nacionales sobre los compromisos con aliados. La declaración conjunta del 6 de enero representa un intento de establecer límites claros a esta deriva, pero la efectividad real de este mensaje diplomático dependerá de la voluntad de Trump de respetar las líneas rojas trazadas por Europa o de su determinación de ignorarlas en persecución de sus objetivos geopolíticos.

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