Las negociaciones en Doha para una tregua en Gaza avanzan con pasos minúsculos. A pesar de las horas de mediación y las reuniones multilaterales, el resultado sigue igual: bombardeos en la Franja, desplazamientos masivos y más cadáveres en los escombros.
Los mediadores —Qatar, Egipto y Estados Unidos— han logrado sentar a Israel y Hamás en un esquema de diálogo indirecto. Pero los puntos clave siguen sin resolverse. Israel exige la liberación completa de rehenes y la destrucción de la infraestructura militar de Hamás. Hamás exige garantías de que el alto el fuego no sea solo un descanso antes de la próxima ofensiva.
Fuentes diplomáticas hablan de “diferencias significativas” que dificultan un acuerdo inmediato. Entre ellas, el plan israelí de crear una “ciudad humanitaria” en Rafah para alojar a 600.000 desplazados palestinos. Un gesto que, para organizaciones humanitarias y mediadores regionales, se parece más a un desplazamiento forzado encubierto que a un alivio real para la población.
Mientras tanto, la violencia continúa. Israel bombardea objetivos en Gaza, con decenas de muertos en las últimas jornadas. El conteo de víctimas palestinas supera ya las 57.000 desde el inicio de la guerra, según cifras de medios locales. Los hospitales colapsan, los alimentos escasean y el agua potable se convierte en un lujo diario.
Donald Trump también se ha sumado a la escena. El expresidente estadounidense mantiene contactos directos con Netanyahu y Hamás, prometiendo un acuerdo que incluya intercambios escalonados de rehenes y condiciones estrictas de desarme. Su propuesta refuerza su perfil de “negociador duro” de cara a su campaña electoral, pero pocos creen que logre resultados concretos en el corto plazo.
En el fondo, la tregua no depende solo de las condiciones militares o logísticas. Depende de un mínimo de voluntad política que hoy parece ausente. Netanyahu insiste en no detener las operaciones hasta aniquilar a Hamás. Hamás sabe que una capitulación completa sería su fin político. Y, mientras tanto, la gente de Gaza espera en la nada.
En las calles polvorientas de Rafah y Jan Yunis, los niños se preguntan cuándo volverán a la escuela. Las madres buscan agua y medicinas. Los padres, comida. La tregua que no llega es más que un fracaso diplomático. Es la confirmación de que, en esta guerra, la política no ha encontrado aún el camino para detener la muerte.
Doha, Jerusalén, Gaza. Tres nombres. Una sola realidad: la urgencia de un alto el fuego antes de que el presente se vuelva irremediable.