España y Reino Unido: claves de una relación en ascenso

17 juillet 2026 - 17:05

La resolución del contencioso de Gibraltar abre una nueva etapa entre España y el Reino Unido, dos países que ya comparten una relación social y económica mucho más intensa de lo que suele percibirse. El desfase se concentra en el terreno político, donde las visitas de alto nivel escasean, mientras el comercio, la inversión y los lazos humanos entre ambos países no dejan de crecer.

La muerte de al menos cinco ciudadanos británicos en el incendio de Almería ha puesto en evidencia una realidad que a menudo pasa inadvertida: en España viven 408.000 ciudadanos del Reino Unido, diez veces la población de Gibraltar, y otros 427.000 españoles residen en Gran Bretaña. Pese a esta intensidad social, las relaciones entre ambos países han girado durante décadas en torno al contencioso de Gibraltar, el último territorio colonial de Europa, un asunto que el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, ha calificado de «irritante».

La firma del tratado que normaliza el estatus de Gibraltar tras el Brexit despeja ahora ese obstáculo histórico y abre la puerta a una relación bilateral más profunda. El embajador británico en Madrid, Alex Ellis, resume la intensidad de ese vínculo con una imagen concreta: «En verano hay más vuelos entre España y Reino Unido que entre cualesquiera otros países del mundo».

  1. Una relación social más intensa de lo que parece

Además de los residentes fijos en ambos países, 19 millones de súbditos del rey Carlos III, en su gran mayoría ingleses, visitaron el año pasado España, donde gastaron 23.540 millones de euros, el 1,44% del producto interior bruto (PIB) español. En sentido contrario, 2,6 millones de españoles viajan cada año al Reino Unido, donde dejaron el año pasado 1.400 millones de libras, el 0,05% de su PIB, una asimetría que refleja el peso desigual que cada país tiene en la economía turística del otro.

España es además el segundo mercado mundial de la educación privada británica, con 55.000 alumnos matriculados, y la cooperación en materia de justicia ha permitido la detención en España de más de un centenar de fugitivos británicos en los dos últimos años. Estos vínculos sociales, sin embargo, convivían hasta ahora con la tensión diplomática en torno al Peñón, que las negociaciones del Brexit dejaron como el último fleco pendiente de resolver.

  1. El contencioso de Gibraltar, resuelto tras el Brexit

Cuando los británicos votaron a favor de salir de la Unión Europea (UE) el 23 de junio de 2016, le dieron al proyecto europeo el mayor golpe que ha recibido desde su fundación y, por extensión, reabrieron el conflicto sobre Gibraltar. Las negociaciones sobre el Brexit entre Londres y Bruselas habían superado prácticamente todos los escollos que fueron apareciendo, incluido el complejo asunto de Irlanda del Norte, pero faltaba resolver el contencioso del Peñón.

Ese último fleco se resolvió formalmente el martes con la firma del acuerdo entre el comisario de Relaciones Interinstitucionales europeo, Maroš Šefčovič, y el secretario de Estado de Asuntos Europeos del Reino Unido, Stephen Doughty. Según el investigador principal del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina, Gibraltar no va a desaparecer de la noche a la mañana: «La Roca es muy grande para ignorarla todavía», advierte Molina, para quien la aplicación del tratado requerirá un arduo trabajo en capítulos que van desde lo aduanero hasta lo laboral, pasando por la cooperación policial y medioambiental.

  1. Los lazos económicos: comercio, inversión e industria

Si las relaciones sociales son intensas, las económicas no le van a la zaga. El Reino Unido es el primer mercado para los productos españoles fuera de la UE, con una balanza comercial favorable para España de unos 14.500 millones de euros anuales, y el segundo destino de la inversión española en el exterior, tras Estados Unidos, con un stock acumulado de 83.000 millones de euros que genera más de 140.000 empleos.

La cooperación industrial también avanza en ambas direcciones. Este mismo año, la empresa Indra ganó el concurso para gestionar la venta y el control de acceso de la red de transporte público de Londres por casi 1.000 millones de euros, mientras Navantia construye tres buques logísticos para la Royal Navy por casi 2.000 millones y ha ofrecido levantar en sus astilleros de Belfast, en Irlanda del Norte, ocho anfibios para el Reino Unido y los Países Bajos.

  1. El desfase político y la falta de visitas de alto nivel

Pese a la intensidad social y económica, el desfase se concentra en las relaciones políticas. Según Ignacio Molina, el primer ministro británico, Keir Starmer, no ha visitado España durante los dos años que ha pasado en el número 10 de Downing Street, cargo que está a punto de dejar. A ello se suma que, tras el Brexit, los gobernantes de ambos países ya no coinciden en las instituciones europeas donde antes se encontraban de forma habitual.

El embajador Ellis reconoce esa necesidad de reconstruir el vínculo político: «Hay que reconstruir la relación y establecer un nuevo marco», admite Ellis, quien subraya que, aunque ya no son socios en la UE, sí lo son en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que los países europeos deben cooperar más ante un escenario global cambiante. La visita de Pedro Sánchez a Londres el pasado septiembre, apenas dos meses después de que el acuerdo sobre Gibraltar despejara el camino, sirvió para aprobar un marco estratégico de relaciones bilaterales, y en marzo la ministra británica de Economía, Rachel Reeves, se convirtió en la primera en visitar España en once años.

  1. Lo que queda pendiente: Erasmus, defensa y la visita real

Algunos avances futuros dependen todavía de las relaciones más amplias entre el Reino Unido y la UE. La eventual incorporación de Londres al programa Erasmus, prevista para 2027, podría propiciar el retorno de estudiantes españoles a universidades británicas, aunque resulta improbable que se alcance la cifra de 13.000 alumnos que había antes del Brexit. La cooperación en materia de defensa, en teoría al margen de las competencias de Bruselas, también tropieza con obstáculos: la negociación para incorporar a Londres al programa europeo SAFE, dotado con 150.000 millones de euros, ha fracasado porque, según explica el embajador Ellis, a Reino Unido «han puesto un precio de 1.000 millones de euros, cuando a Canadá solo le pidieron diez».

El broche de oro de esta nueva etapa será la visita de Estado del rey Carlos III y su esposa Camila a España, todavía sin fecha confirmada aunque prevista para 2027, tras las próximas elecciones británicas. Sería la primera visita de un monarca británico al país en casi 40 años, un gesto simbólico que coronaría un proceso que comenzó con la resolución del contencioso de Gibraltar y que ambos gobiernos presentan como el inicio de una relación bilateral más equilibrada y madura.

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