España reprocha a Meloni su exclusión de la cumbre económica previa al Consejo Europeo

13 février 2026 - 08:11

El Gobierno español ha trasladado formalmente su malestar a Italia por convocar un encuentro de coordinación sobre competitividad al que asistieron una veintena de líderes europeos, incluidos los principales socios comunitarios, pero del que quedó excluido Pedro Sánchez. Moncloa considera que este tipo de reuniones paralelas fragmenta la arquitectura institucional de la Unión Europea y dificulta la búsqueda de consensos amplios entre los Veintisiete. 

El Gobierno español ha elevado una protesta diplomática ante Italia por la convocatoria de una reunión previa a la cumbre informal de líderes de la Unión Europea (UE) celebrada este jueves en Bélgica, de la que España quedó excluida. El encuentro, impulsado por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro belga Bart de Wever, congregó a una veintena de jefes de Estado y de Gobierno en un hotel próximo al castillo de Alden Biesen, donde posteriormente se desarrolló la cumbre formal convocada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, optó por no asistir a ese cónclave preliminar y acudió directamente a la reunión oficial de los Veintisiete.

Fuentes de La Moncloa han confirmado a diversos medios que el Ejecutivo se puso en contacto con el Gobierno italiano para expresar formalmente su descontento, no para reclamar una invitación, sino para transmitir su rechazo a un formato que, a juicio de España, erosiona la igualdad entre socios comunitarios y desplaza los debates clave fuera de los cauces institucionales establecidos. Según estas fuentes, iniciativas de este tipo «minan» los principios básicos de la UE y, en lugar de acercar soluciones, las alejan al generar la percepción de bloques internos que dificultan la búsqueda de consensos amplios. Las críticas se dirigen principalmente a Italia por haber sido la primera impulsora de la convocatoria, aunque el formato cuenta con el respaldo explícito de Alemania y Bélgica.

La reunión de los veinte que dejó fuera a España

El encuentro previo a la cumbre tuvo lugar a primera hora del jueves y reunió a veinte líderes europeos para coordinar posiciones sobre competitividad económica y reformas del mercado único antes de la sesión formal con los Veintisiete. Entre los asistentes figuraron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, así como los jefes de Estado y de Gobierno de Francia, Polonia, Países Bajos, Austria, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Luxemburgo, República Checa, Rumanía, Eslovaquia, Suecia y Hungría. La ausencia de España resulta significativa por tratarse de la cuarta economía de la eurozona y uno de los grandes socios fundadores del proyecto comunitario.

La conversación en el cónclave preliminar giró en torno a tres prioridades según fuentes del Gobierno italiano: completar el mercado único europeo, simplificar la regulación para favorecer la industria y reducir los precios de la energía, además de diseñar una política comercial ambiciosa y pragmática frente a competidores como Estados Unidos y China. Bart de Wever, primer ministro belga y uno de los anfitriones, declaró a la prensa que existe una visión generalizada sobre la urgencia de adoptar medidas concretas que protejan sectores estratégicos como el acero o la petroquímica, que corren el riesgo de quedar rezagados. De Wever defendió que los líderes reclamen a Bruselas propuestas «concretas sobre la mesa cada mes» y que ese ritmo se traduzca en «medidas concretas» ya este mismo año.

Giorgia Meloni, por su parte, explicó que la reunión sirvió para acercar a países que «están de acuerdo en la urgencia de dar una respuesta» sobre cómo reactivar la competitividad europea en los sectores productivos clave y estructurar una estrategia que deje claro a la Comisión que los Estados miembros no esperarán indefinidamente a que se aborden estos asuntos. La primera ministra italiana subrayó la necesidad de mantener el impulso político para que las discusiones sobre competitividad no queden diluidas en la burocracia comunitaria.

Moncloa protesta por un formato que «mina» los principios europeos

Desde el Gobierno español se matiza que no es la primera vez que un grupo reducido de Estados miembros mantiene reuniones de coordinación antes de una cumbre europea. Italia y otros países ya lo hicieron en el pasado para tratar asuntos como la inmigración irregular. Sin embargo, el Ejecutivo considera que, en esta ocasión, el contenido del debate sobre la competitividad estructural de la economía europea afecta al conjunto del proyecto comunitario y no debería abordarse en foros paralelos que excluyan a algunos socios. A juicio de Moncloa, estas dinámicas pueden generar la percepción de una Europa a varias velocidades que se reabre por la puerta de atrás, fragmentando el espacio de decisión y creando un eje de liderazgo del que España queda al margen.

El Ejecutivo español teme quedar relegado a una «Europa lenta» mientras otros países coordinan posiciones en formatos cerrados que luego condicionan las discusiones en el marco formal del Consejo Europeo. El riesgo, según fuentes gubernamentales, es que las grandes decisiones sobre el futuro económico de la UE se cocinen en salones de hotel pilotados por un grupo reducido de capitales, mientras España solo participa en la escenografía formal. Por ello, Moncloa subraya en cada respuesta pública que la legitimidad institucional reside en el Consejo Europeo y en los mecanismos establecidos por los Tratados, no en iniciativas ad hoc que pueden favorecer intereses particulares sobre el interés común.

El grupo prevé repetir el encuentro en marzo

Los líderes que participaron en la reunión previa se han comprometido a volver a reunirse en este formato en marzo, en los márgenes de la próxima cumbre europea que se celebrará en Bruselas. El objetivo es mantener el foco en los asuntos de competitividad y contribuir a la definición de objetivos y plazos concretos que impulsen reformas estructurales en la economía europea. Desde el Gobierno español no se aclara si España mantendrá su decisión de no participar en esos encuentros paralelos o si intentará sumarse para evitar quedar fuera de las discusiones que marcan la agenda comunitaria.

La polémica adquiere mayor relevancia en un contexto de creciente tensión entre dos modelos de entender Europa: uno que apuesta por formatos flexibles y coaliciones de países dispuestos a avanzar más rápido en determinadas áreas, y otro que defiende la primacía de las instituciones comunes y la igualdad entre todos los Estados miembros. El choque entre Sánchez y Meloni introduce un elemento de fricción política en un momento en que la UE busca proyectar unidad frente a retos globales como la competencia económica con potencias extracomunitarias y la necesidad de mantener la cohesión interna ante desafíos geopolíticos. El desenlace de esta controversia podría marcar el tono de las relaciones entre Madrid y Roma en los próximos meses, así como influir en la configuración de alianzas dentro del espacio comunitario.

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