España rebaja a nivel mínimo su representación diplomática en Israel

11 mars 2026 - 21:48

El Gobierno ha cesado a la embajadora Ana María Sálomon Pérez, que llevaba desde septiembre de 2025 llamada a consultas sin regresar a Tel Aviv. La decisión, publicada en BOE este miércoles, iguala la representación española en Israel con la que ese país mantiene en Madrid, reducida también al nivel de encargada de negocios desde 2024. El paso consolida el distanciamiento diplomático entre ambos países, acentuado por la posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez ante el conflicto en Oriente Próximo.

El Consejo de Ministros aprobó ayer, a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, el cese de Ana María Sálomon Pérez como embajadora de España en Israel. La decisión quedó formalizada con su publicación en el BOE de este miércoles y supone que la legación española en Tel Aviv queda desde ahora al frente de una encargada de negocios, la figura diplomática de menor rango por debajo del embajador. Fuentes de Exteriores subrayaron que el cese no responde a un reproche profesional sobre la labor de Sálomon, sino a una decisión de naturaleza política, vinculada a la gestión de la prolongada crisis en las relaciones bilaterales entre España e Israel.

La embajadora llevaba en el cargo desde 2021, un periodo que la práctica diplomática considera el habitual para este tipo de destinos. Sin embargo, su situación había quedado en un impasse inusual desde septiembre de 2025, cuando fue convocada a consultas en Madrid sin fecha de retorno fijada. Fuentes diplomáticas consultadas por la agencia EFE señalaron que mantener esa situación de manera indefinida «no siempre es la única opción» y que el plazo transcurrido «invitaba a tomar alguna medida sobre su actividad profesional». El cese resuelve así una anomalía que se había prolongado durante más de seis meses.

Seis meses en el limbo diplomático

La convocatoria a consultas de septiembre de 2025 se produjo después de que el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, calificara de «antisemita» al Ejecutivo español, en el marco de la escalada de tensión bilateral motivada por las posiciones de Madrid en apoyo a la causa palestina. Aquella decisión de llamar a Sálomon fue interpretada como un gesto de protesta ante las declaraciones del responsable de la diplomacia del gobierno de Benjamín Netanyahu, y se inscribía en una dinámica de deterioro que venía acumulándose desde meses antes. Desde entonces, la embajadora permaneció en España sin poder ejercer sus funciones en Tel Aviv, lo que dejó la misión diplomática española en manos de la encargada de negocios.

Con el cese oficial, España iguala formalmente su nivel de representación con el que Israel mantiene en Madrid. El gobierno de Netanyahu ya había retirado a su propia embajadora en España, Rodica Radian-Gordon, en mayo de 2024, tras el anuncio del presidente Sánchez de que España reconocería el Estado de Palestina. Desde entonces, la embajada israelí en la capital española también funciona con una encargada de negocios al frente. La decisión de este miércoles establece así una equivalencia que, en términos diplomáticos, refleja el estado de mínima interlocución entre ambos países.

Una crisis que arranca en mayo de 2024

El reconocimiento español del Estado de Palestina, anunciado por Sánchez en mayo de 2024 y coordinado con Irlanda y Noruega, marcó el punto de inflexión en las relaciones bilaterales con Israel. La respuesta de Netanyahu fue inmediata: retiró a su embajadora de Madrid y convocó al embajador español en Tel Aviv para transmitirle una protesta formal. Desde entonces, los cruces verbales entre ambos ejecutivos se han sucedido con regularidad, y España ha mantenido una posición consistente de crítica a la actuación militar israelí en Gaza, que el Gobierno español considera contraria al derecho internacional humanitario. El cese de Sálomon representa el último eslabón de esa cadena de tensiones acumuladas.

El contexto de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha añadido una nueva capa de complejidad a la relación bilateral. España se ha alineado en el campo de los países que abogan por una desescalada del conflicto y han rechazado participar militarmente en la coalición liderada por Washington. Esta posición ha generado fricciones con Israel, que considera insuficiente el apoyo europeo a su ofensiva, y con el propio gobierno estadounidense del presidente Donald Trump, que ha criticado públicamente la actitud de Madrid ante la guerra.

La Fragata Colón, otra línea roja

La misma jornada en que se formalizaba el cese de la embajadora, la ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmaba que la Fragata Cristóbal Colón no se desplazará al Estrecho de Ormuz para participar en las operaciones de reapertura del tráfico marítimo anunciadas por Francia. El buque español fue enviado a la isla de Chipre para sumarse a las labores de defensa del territorio europeo tras el bombardeo de la base británica de Akrotiri, atribuido a la milicia Hezbolá. Robles dejó claro que esa misión, en el marco de la respuesta europea coordinada, es distinta a la operación francesa en Ormuz.

«Es una misión que, si la plantea Francia, es un tema de Francia», declaró Robles, precisando que la iniciativa del portaviones nuclear Charles de Gaulle no ha sido planteada en el seno de la OTAN ni de la UE. La posición del Ejecutivo traza así una distinción entre la defensa del territorio europeo, en la que España participa activamente, y las operaciones de proyección de fuerza en Oriente Próximo, de las que el Gobierno mantiene distancia. El cese de la embajadora y la decisión sobre la fragata configuran juntos el perfil de una España que gestiona su relación con el conflicto con cautela diplomática y sin compromisos militares más allá del perímetro europeo.

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