Albares anunció ante el Congreso la reapertura de la legación diplomática española en Irán, aprovechando la ventana de dos semanas de alto el fuego pactada entre Washington y Teherán. El movimiento desató una nueva andanada del ministro israelí Gideon Saar, que acusó al Gobierno de actuar «de la mano» del régimen de los ayatolás, y reavivó el cruce entre el PP y el Ejecutivo por el trato recibido por un casco azul español detenido por el Ejército de Israel en el sur del Líbano.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, comparecía ante el Congreso de los Diputados para informar sobre varios asuntos de política exterior y salía de la sesión con el anuncio que marcará la agenda diplomática de las próximas semanas: la reapertura de la Embajada de España en Irán. Albares ha dado instrucciones al embajador Antonio Sánchez-Benedito para que regrese a Teherán y vuelva a ponerse al frente de la legación, cerrada hace poco más de un mes tras los primeros bombardeos de Estados Unidos e Israel contra el país persa. «Es la apuesta del Gobierno por la paz», afirmó el ministro ante los diputados, enmarcando la decisión como contribución al esfuerzo por convertir el alto el fuego temporal en solución definitiva.
La justificación de Albares descansa en la lógica de la ventana diplomática: «Dada la nueva situación y que tenemos dos semanas por delante», el Gobierno considera que España debe operar desde todos los vectores posibles para que la tregua se consolide. El ministro de Exteriores habló también con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, al que comunicó la decisión, y mantuvo contactos en las últimas horas con los titulares de Paquistán, Omán, Qatar, Baréin y Kuwait, además del canciller libanés, Youssef Raggi. En paralelo, Albares ofreció el apoyo español a Paquistán para que acoja en Islamabad las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos que podrían celebrarse a finales de esta semana.
Israel responde con acusaciones
La decisión de reabrir la embajada desencadenó una reacción inmediata del ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar. En declaraciones publicadas en la red social X, Saar acusó al Ejecutivo español de ir «de la mano, sin pudor» con el régimen iraní, al que calificó de terrorista y de ejecutor de sus propios ciudadanos. La réplica de Albares fue directa: tildó de «auténtica vergüenza para la conciencia de toda la humanidad» el ataque del Ejército israelí contra el Líbano y subrayó que la posición de España tiene aún más sentido tras la nueva violación del derecho internacional en el país vecino.
Ante los diputados, el jefe de la diplomacia española describió la decisión de Trump y Netanyahu de atacar Irán como «el mayor ataque a la civilización construida desde el ideal humanista». La disyuntiva que plantea, argumentó, es conocida: «el orden de paz, o el desorden; la ley o la fuerza; la cooperación o la confrontación». «Que Israel no quiera ni oír hablar de un alto el fuego en el Líbano no tiene que hacernos bajar los brazos a los demás, sino todo lo contrario», señaló el ministro, en lo que parecía una respuesta anticipada a las presiones de Jerusalén sobre Madrid.
El casco azul y el cruce entre Muñoz y Robles
La comparecencia de Albares coincidió en el tiempo con un episodio que agitó el debate político en torno a la presencia militar española en el Líbano. El miércoles, un soldado español integrado en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) fue detenido durante más de una hora por el Ejército de Israel. El Gobierno calificó la detención de ilegal y exigió explicaciones a la encargada de negocios de la embajada israelí, Dana Erlich. La ministra de Defensa, Margarita Robles, precisó que el militar fue liberado después de que tanto la ONU como el propio Ejecutivo español lo exigieran, y señaló que los cascos azules fueron objeto de «conductas agresivas» por parte de un miembro del Ejército israelí que calificó de «exaltado».
La portavoz parlamentaria del Partido Popular (PP), Ester Muñoz, había relativizado horas antes el incidente en el Congreso, admitiendo que el PP carece de información sobre él. «Lo que sí sabemos es que ha estado en manos de militares israelíes durante una hora», declaró Muñoz, añadiendo que ella misma había permanecido «en controles de tráfico más tiempo retenida». Robles respondió con dureza: «Por respeto, uno debería callarse», dijo la ministra en referencia a las palabras de la dirigente popular, y pidió al PP que no opinara sobre lo que no sabe. La tensión entre ambas se inscribe en un patrón más amplio: el PP lleva semanas navegando en la ambigüedad ante la guerra de Irán, distanciándose del Gobierno sin alinearse con Trump, y acumula críticas desde el propio partido por esa posición equívoca.
La diplomacia en movimiento
La reapertura de la embajada en Teherán no se produce en el vacío. Albares había explicado ya antes del anuncio que España pide garantías a Irán para el paso «libre y seguro» de los buques por el estrecho de Ormuz, aunque reconoció que esa gestión afronta «problemas técnicos» que su interlocutor iraní no concretó. La decisión de reabrir la legación se suma a una secuencia de movimientos diplomáticos que el Ejecutivo ha acumulado desde el inicio del conflicto: el cierre del espacio aéreo a la aviación militar de Estados Unidos vinculada a la Operación Furia Épica, el bloqueo de las bases de Rota y Morón para ese mismo uso, y la retirada del embajador en Israel el 11 de marzo.
En ese contexto, la Fundación de las Naciones Unidas otorgó esta semana a Pedro Sánchez el premio Champion for Global Change por su «compromiso con un orden internacional que beneficia a todos los países», según el texto del galardón. El reconocimiento, que el propio Gobierno ha difundido con discreción, llega en un momento en que la postura española ante la guerra genera respaldo en foros internacionales pero tensión con Washington y Jerusalén. Albares resumió la lógica que guía cada una de esas decisiones con una fórmula que repitió en distintos momentos de su intervención ante los diputados: todos los foros y todos los vectores deben ponerse al servicio de que el alto el fuego temporal se convierta en paz duradera.