Los gobiernos de España, México y Brasil confirmaron en Barcelona su acercamiento diplomático conjunto y se comprometieron a aumentar la entrega de ayuda humanitaria a Cuba para hacer frente a la crisis que atraviesa la isla tras tres meses de asfixia energética impuesta por la Administración de Donald Trump. Los tres países exigen respeto a la soberanía cubana y piden que todos los participantes de la cumbre progresista se sumen al pronunciamiento.
España, México y Brasil cerraron la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona el pasado fin de semana, con un resultado diplomático concreto: una declaración conjunta en la que los tres gobiernos expresan su «enorme preocupación por la grave crisis humanitaria» que atraviesa el pueblo cubano y se comprometen a aumentar la entrega de ayuda humanitaria para afrontar la «dramática situación» de la isla. El comunicado, publicado pocas horas después del acto oficial de clausura, es uno de los resultados más visibles de la cita barcelonesa y refleja la convergencia de las tres mayores potencias latinoamericanas de la órbita progresista en torno a la cuestión cubana.
El texto trilateral insta a «adoptar las medidas necesarias para aliviar esta situación» y a evitar «acciones que agraven las condiciones de vida de la población o sean contrarias al derecho internacional». Los tres gobiernos también exigen respeto a la integridad territorial y la soberanía de Cuba, y piden conjuntamente «una solución duradera» que garantice que sea «el propio pueblo cubano quien decida su futuro en plena libertad». La declaración no alude explícitamente a Estados Unidos como responsable del bloqueo, aunque el contexto de las tensiones diplomáticas entre Washington y La Habana de los últimos meses es la razón de fondo de todo el pronunciamiento.
El contenido del acuerdo trilateral
La propuesta que dio origen al comunicado partió de España. Durante su intervención inicial en el foro de líderes de izquierda convocado en Barcelona, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había pedido que «la paz y el diálogo prevalezcan» en medio de las tensiones entre Washington y La Habana, y solicitó que todos los Estados participantes en la cumbre se sumaran a un pronunciamiento conjunto para oponerse a una posible intervención militar. El comunicado trilateral es el resultado directo de esa iniciativa: un texto que, sin mencionar a la Administración Trump por su nombre, traza una línea frente a cualquier acción que agrave la situación en la isla.
El compromiso de aumentar la ayuda humanitaria tiene un componente urgente. Cuba atraviesa desde enero de 2026 una crisis energética de excepcional gravedad, agravada por el endurecimiento del bloqueo impuesto por la Casa Blanca, que ha llevado los cortes de suministro eléctrico a niveles extremos. El Gobierno cubano ha reconocido la gravedad de la situación ante sus propios ciudadanos, y la declaración trilateral recoge explícitamente esa urgencia al comprometerse a enviar recursos materiales para aliviar las condiciones de vida de la población, sin detallar los mecanismos ni los plazos de la entrega.
Lula y Sheinbaum: los otros dos vértices
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, fue más allá en sus declaraciones durante el acto de clausura. Lula admitió estar «preocupado» por la asfixia que sufre Cuba y calificó a Trump de «el señor de la guerra», en referencia a las intervenciones de Washington en la región. El mandatario brasileño también denunció la operación de captura de Nicolás Maduro en Venezuela, llevada a cabo el pasado 3 de enero, y advirtió que «no podemos despertar todos los días por la mañana e ir a dormir por la noche siempre con el tuit de un presidente de la república amenazando al mundo, declarando la guerra».
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, puso punto final con Barcelona a su primera visita a Europa desde que accedió a la presidencia —y el primero de un jefe de Estado mexicano desde 2018—. Sheinbaum recordó que México fue uno de los pocos países de América Latina que denunció el bloqueo económico impuesto por la Casa Blanca desde la década de los sesenta, y se situó entre los más activos en el impulso del envío de ayuda de emergencia a la isla. Su presencia en la cumbre barcelonesa subraya además el papel de México como eje de la coordinación latinoamericana en el bloque progresista que Sánchez aspira a vertebrar desde la Internacional Socialista.
La respuesta de La Habana y el trasfondo con Washington
El Gobierno cubano no tardó en agradecer públicamente el posicionamiento de los tres países. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, manifestó que Cuba reconoce el «digno y solidario comunicado conjunto» emitido por Brasil, España y México, y señaló que el Ejecutivo de La Habana no había sido consultado en las primeras horas tras la publicación del texto trilateral. El agradecimiento oficial llega en un momento en que la isla afronta un aislamiento diplomático creciente por parte de Washington, que ha intensificado las sanciones y ha reducido los canales de interlocución con el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.
El trasfondo de la declaración es la escalada de presiones de la Administración Trump sobre Cuba y sobre varios gobiernos latinoamericanos afines a La Habana. La operación de captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, ejecutada el 3 de enero, y el endurecimiento de las condiciones del bloqueo energético a Cuba forman parte del mismo patrón de intervención en la región que los tres firmantes del comunicado denuncian sin nombrarlo. España, que mantiene relaciones diplomáticas con La Habana y ha sido históricamente uno de los principales interlocutores europeos del Gobierno cubano, se posiciona así en el centro de una disputa en la que Washington y el bloque progresista latinoamericano marcan posiciones cada vez más distantes.