Con cerca del 90 % de los votos escrutados, el «no» obtiene el 52,5 % frente al 47,5 % del «sí» en el referéndum islandés sobre la reanudación de las conversaciones de adhesión a la Unión Europea. El resultado sigue siendo provisional, aunque la remontada del bloque favorable a negociar con Bruselas parece muy difícil.
El «no» se impone de forma provisional en el referéndum celebrado en Islandia para decidir si el país debe retomar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea.
Con unos 188.500 votos contabilizados, el rechazo a reabrir el proceso de adhesión aventaja al «sí» por más de 8.598 papeletas. A falta de los últimos resultados de la circunscripción del suroeste, la más poblada del país y vinculada al área metropolitana de Reikiavik, el «no» reúne el 52,5 % de los sufragios, frente al 47,5 % del bloque favorable a volver a la mesa de negociación.
En esa circunscripción quedan por contar cerca de 32.000 votos. Para revertir el resultado, el «sí» tendría que alcanzar aproximadamente el 65 % de las papeletas restantes, una hipótesis considerada «casi imposible» por la radiotelevisión pública islandesa RÚV.
Una consulta sobre negociar, no sobre entrar
La pregunta sometida a los cerca de 273.000 electores no planteaba la entrada inmediata de Islandia en la UE, sino la reanudación de las conversaciones con Bruselas.
Si el «sí» hubiera vencido, el Gobierno habría reactivado las negociaciones de adhesión. Un eventual acuerdo final tendría que ser sometido después a un nuevo referéndum. Si el «no» se confirma, el Ejecutivo de coalición ha prometido respetar el resultado y no reabrir el proceso durante su mandato, que se extiende hasta 2028.
Aunque la consulta no es jurídicamente vinculante, su peso político es considerable. La primera ministra socialdemócrata, Kristrún Frostadóttir, y las otras dos dirigentes de los partidos de la coalición han convocado una comparecencia para valorar el desenlace.
Pesca, soberanía y coste de vida
Islandia solicitó el ingreso en la Unión Europea en 2009, tras la crisis financiera que golpeó duramente al país. Las conversaciones se suspendieron en 2013, con la llegada de un Gobierno euroescéptico. Dos años después, el Ejecutivo conservador comunicó a Bruselas que Islandia dejaba de ser candidata, aunque la Comisión Europea sostiene que nunca se produjo una retirada formal.
El debate ha girado en torno a la soberanía nacional, al control de los recursos naturales y, sobre todo, a la pesca, que representa cerca del 40 % de las exportaciones islandesas. Reikiavik quiere conservar la gestión exclusiva de este sector, mientras que Bruselas debería negociar un posible régimen específico.
La economía del país, integrada ya en el mercado único a través del Espacio Económico Europeo, también ha condicionado el voto. La prosperidad económica alimenta las reservas de quienes no ven necesidad de avanzar hacia la adhesión. Pero la inflación y los elevados tipos hipotecarios, que pueden alcanzar el 9 %, han reforzado los argumentos de quienes ven en una futura incorporación a la eurozona una posible vía para reducir el coste del crédito.
La guerra en Ucrania y las amenazas de anexión de Groenlandia formuladas por Donald Trump han añadido una dimensión geopolítica a un debate tradicionalmente dominado por cuestiones internas.