El conflicto en Irán pone a Europa en alerta: claves ante una posible crisis migratoria

12 mars 2026 - 22:42

El conflicto desencadenado por los ataques de Estados Unidos e Israel ha forzado ya el desplazamiento de más de 275.000 personas en la región. La UE no registra por el momento movimientos migratorios hacia su territorio, pero sus instituciones se preparan para un escenario que los expertos describen como potencialmente superior en escala a la crisis de refugiados sirios de 2015. España ha comprometido una respuesta análoga a la que dispensó a los desplazados ucranianos en 2022, mientras la contradicción entre los líderes europeos que apoyan a Trump y los que temen una avalancha migratoria marca la fisura política del momento.

Cuando los bombardeos de Estados Unidos e Israel comenzaron sobre Irán el 28 de febrero de 2026, la preocupación inmediata en las capitales europeas se centró en el precio del petróleo y en la seguridad de sus ciudadanos en la región. Diez días después, un segundo frente de inquietud ha ganado protagonismo en Bruselas y en las principales cancillerías del continente: la posibilidad de que el conflicto desencadene una crisis migratoria de proporciones sin precedentes.

La Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifra en al menos 100.000 las personas desplazadas dentro de Irán desde el inicio de los bombardeos, principalmente desde Teherán. En Líbano, donde Israel ha reanudado su ofensiva, el número de desplazados se acerca al medio millón, según el Consejo Noruego para los Refugiados. El total regional, sumando Afganistán y Pakistán, supera ya las 275.000 personas.

  1. Lo que se sabe: desplazamiento masivo, pero ningún movimiento hacia Europa

Por el momento, la Comisión Europea no detecta flujos migratorios desde Irán hacia el continente. «No vemos todavía ningún movimiento hacia Europa», confirmó el comisario de Migración, Magnus Brunner, antes de una reunión de ministros del Interior comunitarios que debatieron, entre otros asuntos, esta posible escalada. La portavoz jefe del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho, fue más explícita sobre el riesgo: «Por desgracia, sabemos que es típico que cuando hay conflictos en ciertas regiones se generen flujos migratorios». El mensaje de Bruselas combina la tranquilidad inmediata con la prevención de escenarios futuros.

Los desplazamientos actuales son en su mayoría internos, dentro del propio Irán y de los países vecinos más afectados. Warner ten Kate, experto en migración del Instituto Clingendael de Países Bajos, recuerda que en el caso sirio transcurrieron varios años entre el inicio del conflicto en 2011 y la llegada masiva de refugiados a Europa en 2015. La diferencia crucial es que muchos países de la región han reforzado sus fronteras desde entonces: Turquía construyó un muro fronterizo y otros estados cercanos a Irán mantienen restricciones en sus pasos fronterizos. Ese blindaje podría limitar y retrasar los desplazamientos, aunque ten Kate advierte que un cierre generalizado de fronteras podría derivar en «tragedias humanitarias» si la salida masiva de población se produce. 

  1. Por qué Irán es un escenario distinto al de Siria o Ucrania

La escala potencial del problema es lo que sitúa el conflicto iraní en una categoría aparte. Irán cuenta con una población de aproximadamente 90 millones de habitantes, unas cuatro veces mayor que la de Siria al inicio de su guerra civil. La crisis siria provocó el desplazamiento de más de dos millones de refugiados hacia Europa en su punto álgido; un escenario equiparable con Irán como epicentro podría superar con creces esa cifra. A ello se añade que Irán tiene un nivel de ingresos per cápita más elevado que Siria y una diáspora consolidada en Europa y en Estados Unidos, dos factores que históricamente facilitan los desplazamientos porque las redes de destino ya existen.

El canciller alemán, Friedrich Merz, que apoyó inicialmente las operaciones militares, fue uno de los primeros líderes europeos en formular en voz alta esta contradicción: «Una guerra interminable no es de nuestro interés. Lo mismo se aplica a un colapso del Estado iraní o a conflictos por el poder librados en suelo de Irán», advirtió. «Escenarios así podrían tener consecuencias de gran alcance para Europa, también en materia de seguridad, suministro energético y migración». El riesgo de una guerra civil en un país de 90 millones de habitantes, señalado también por la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, es el escenario que más preocupa a los servicios de análisis comunitarios.

  1. La respuesta de Bruselas: Kallas, Turquía y el nuevo Pacto Migratorio

La diplomacia europea ha activado varios canales en paralelo. Kallas organizó una videoconferencia con los ministros de Exteriores de la Unión Europea y los países del Consejo de Cooperación del Golfo para coordinar una respuesta conjunta y trasladarles la preocupación europea ante el riesgo de guerra civil en Irán. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abordó directamente la cuestión migratoria en una conversación con el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan: «La inestabilidad en la región nos afecta profundamente a ambos, por lo que una estrecha coordinación es esencial», señaló Von der Leyen, agradeciendo los esfuerzos de Ankara para prepararse ante el posible impacto de la crisis. Turquía, que ya acoge a más de tres millones de refugiados sirios y es uno de los países con mayor número de refugiados del mundo, es el principal eslabón del cordón diplomático europeo.

El instrumento jurídico disponible para gestionar una eventual crisis es el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, aprobado en 2023 y actualmente en fase de implementación, que entrará en pleno vigor en junio de 2026. El pacto incluye mecanismos reforzados de preparación y coordinación, establece procedimientos acelerados en frontera y distribuye la carga administrativa de forma más equitativa entre los Estados miembros. «Estamos mejor preparados que hace unos años», reconoció el viceministro chipriota de Migración y Protección Internacional, Nikolas Ioannídes, aunque admitió que «será un gran reto para nuestra infraestructura, procedimientos y legislación».

  1. España: «coherencia» con Ucrania como hoja de ruta

El Gobierno español ha fijado su posición con una referencia histórica clara. La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, garantizó que España dará «la misma respuesta a posibles desplazados que la que dio a los ucranianos que huyeron tras la invasión de Rusia en 2022». España fue entonces el cuarto país de la Unión Europea en acoger más refugiados ucranianos. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, recordó antes de reunirse con sus homólogos europeos que «toda situación de inestabilidad manifiesta y complicada que tiene lugar en una zona genera una problemática diversa», poniendo como ejemplo el impacto de la crisis siria de 2015.

El compromiso del Gobierno choca, sin embargo, con la coyuntura política interna. Fuentes ministeriales apuntan que la «hipocresía» del Partido Popular (PP), cuya brújula en la cuestión migratoria «la marca Vox», aflora rá si finalmente los refugiados comienzan a llegar. El debate ha estado hasta ahora en segundo plano frente a los contenciosos sobre las bases militares y el gasto en defensa, pero una eventual llegada masiva de desplazados lo convertiría en uno de los ejes centrales de la legislatura.

  1. La fractura política: la derecha apoya a Trump pese al riesgo migratorio

La contradicción más visible del momento político europeo es la que protagonizan los líderes de derecha y ultraderecha que apoyan con entusiasmo las operaciones militares de Trump mientras, al mismo tiempo, construyen su capital político sobre el rechazo a la migración. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, declarado aliado de Trump y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, es el caso más llamativo: respalda una guerra que, según los propios expertos de la Unión Europea, podría desencadenar la mayor crisis de refugiados en décadas hacia el continente.

Esa tensión estructural es la que el analista Salvador Enguix ha descrito como la «victoria» estratégica de Trump: obligar a sus aliados europeos a retratarse y tensionar sus consensos internos. Cada capital ha tenido que definirse —entre el pragmatismo con Washington y la defensa del derecho internacional— y ese movimiento ha fracturado la posición común europea en un momento en que la aspiración de autonomía estratégica del continente vuelve a ponerse a prueba ante la realidad de los hechos. La cuestión migratoria, por ahora latente, añadirá una nueva capa de complejidad a esa fractura si el conflicto se prolonga.

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