El BCE eleva con fuerza sus previsiones de inflación para 2026 y enfría el crecimiento

04 mai 2026 - 11:35

El último sondeo del Banco Central Europeo apunta a un escenario más incómodo para la eurozona: inflación al alza, crecimiento más débil y salarios en tensión, en un contexto marcado por el impacto energético de la crisis en Oriente Medio.

Los expertos consultados por el Banco Central Europeo han revisado de forma significativa sus previsiones de inflación para 2026, situándolas en el 2,7 %, muy por encima del 1,8 % estimado en el trimestre anterior. Este ajuste refleja, principalmente, el encarecimiento de la energía, que vuelve a presionar los precios en la eurozona en un entorno internacional inestable.

El dato no es menor. Supone alejarse del objetivo del 2 % que guía la política monetaria del BCE y complica el relato de una inflación ya controlada. Aunque las previsiones apuntan a una moderación progresiva en los años siguientes —2,1 % en 2027 y 2 % en 2028—, el repunte inmediato introduce incertidumbre sobre el ritmo de normalización económica.

Más revelador aún es el cruce de variables: mientras la inflación sube, el crecimiento se revisa a la baja. Los expertos prevén ahora que la economía de la eurozona crecerá un 1 % en 2026, frente al 1,2 % estimado anteriormente. Para 2027 y 2028, el crecimiento apenas superaría el 1,3 %, lo que dibuja un escenario de expansión débil.

Este desajuste entre precios y actividad apunta a un riesgo clásico: un contexto cercano a la estanflación, donde el encarecimiento del coste de la vida no viene acompañado de un dinamismo económico suficiente. Aunque el BCE no utiliza ese término, la combinación de inflación persistente y crecimiento moderado empieza a configurar un equilibrio incómodo.

En paralelo, los salarios siguen una trayectoria ascendente. Los expertos anticipan aumentos del 3,3 % en 2026, lo que añade presión sobre los costes y alimenta el debate sobre posibles efectos de segunda ronda. Sin embargo, esta evolución también responde a la necesidad de compensar la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.

En cuanto al empleo, las previsiones se mantienen relativamente estables, con una tasa de paro en torno al 6,3 % en 2026. Este dato sugiere que, por ahora, el mercado laboral resiste, aunque sin generar el impulso suficiente para compensar la desaceleración general.

El trasfondo de estas revisiones es claramente geopolítico. La tensión en Oriente Medio y su impacto sobre los precios energéticos reintroducen un factor de volatilidad que Europa creía parcialmente superado tras la crisis derivada de la guerra en Ucrania. La dependencia energética sigue siendo, una vez más, el talón de Aquiles de la economía europea.

Para el BCE, el dilema se intensifica. Mantener una política monetaria restrictiva ayuda a contener la inflación, pero puede lastrar aún más el crecimiento. Relajarla, en cambio, podría reactivar presiones inflacionistas. En ese equilibrio frágil se jugará la orientación de la política económica en los próximos meses.

En definitiva, las nuevas previsiones dibujan un escenario menos benigno de lo esperado. La eurozona entra en una fase en la que la estabilidad de precios deja de ser una conquista consolidada y vuelve a convertirse en un objetivo incierto.

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