La Unión Europea y Marruecos celebraron este jueves en Bruselas su decimoquinto Consejo de Asociación, el primero desde 2019, para profundizar en materia de cooperación migratoria, transición energética y relaciones comerciales, en un contexto marcado por las controversias jurídicas sobre el Sáhara Occidental y el apoyo comunitario al plan de autonomía marroquí.
El Consejo de Asociación entre la Unión Europea y el Reino de Marruecos celebró este jueves 29 de enero su decimoquinta edición en Bruselas, copresidida por la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, y el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita. La reunión supone la reanudación de un diálogo institucional paralizado desde 2019 y consolida el papel de Rabat como socio prioritario para los Veintisiete en el espacio mediterráneo.
El encuentro se produce en un momento de alta tensión geopolítica global, con la UE buscando reforzar alianzas estratégicas ante la inestabilidad en el Sahel, las presiones migratorias en el Mediterráneo y las necesidades de diversificación energética. Marruecos se presenta como pieza clave en estos tres frentes, aunque la relación enfrenta también desafíos jurídicos significativos derivados de las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre el Sáhara Occidental y la validez de acuerdos comerciales que incluyen el territorio.
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El relanzamiento institucional: seis años sin Consejo de Asociación
El decimoquinto Consejo de Asociación marca la reanudación de un diálogo de alto nivel que había quedado suspendido durante seis años. El último encuentro de este formato se celebró en 2019, periodo durante el cual las relaciones bilaterales atravesaron momentos de tensión, particularmente en lo referido a la cuestión del Sáhara Occidental y las sucesivas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que cuestionaban la legalidad de incluir productos del territorio en los acuerdos comerciales con Marruecos.
La celebración del Consejo responde a una voluntad política expresa de relanzar y profundizar la asociación entre ambas partes, como han subrayado tanto Bruselas como Rabat. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó de «excelente noticia» la reunión y afirmó que España seguirá trabajando para que la relación entre la UE y Marruecos se mantenga «al máximo nivel». Marruecos es el segundo cliente comercial de España fuera de la UE y un socio fundamental en gestión migratoria y seguridad.
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Migración y energía: los ejes de la cooperación reforzada
La agenda del Consejo de Asociación priorizó dos áreas estratégicas para la Unión Europea: la gestión de flujos migratorios y la transición energética. Marruecos se ha convertido en socio esencial para el control migratorio en el Mediterráneo occidental, particularmente tras el endurecimiento de rutas alternativas y el incremento de llegadas irregulares a España, especialmente a través de las Islas Canarias. La cooperación en materia de readmisión y control fronterizo constituye uno de los pilares de la relación bilateral.
En el ámbito energético, la UE busca diversificar sus fuentes de suministro tras la crisis desencadenada por la invasión rusa de Ucrania. Marruecos desarrolla ambiciosos proyectos en energías renovables, particularmente solar y eólica, que podrían convertirlo en exportador de electricidad verde hacia Europa. El país alauí también se posiciona como potencial productor de hidrógeno verde, sector en el que varios Estados miembros han manifestado interés por establecer alianzas de largo plazo que garanticen seguridad energética.
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La sombra del Sáhara Occidental: apoyo europeo al plan de autonomía
Durante la reunión del Consejo de Asociación, la Unión Europea manifestó su apoyo al plan de autonomía presentado por Marruecos para el Sáhara Occidental, considerándolo una propuesta seria para «lograr una solución mutuamente aceptable». Esta posición sitúa a Bruselas en línea con países como España, Francia y Reino Unido, que han respaldado explícitamente la iniciativa marroquí como base más creíble para resolver el conflicto que se arrastra desde la retirada española en 1975.
El respaldo europeo al plan de autonomía contrasta con la posición del Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática, que rechazan cualquier fórmula que no incluya un referéndum de autodeterminación. Organizaciones como Western Sahara Resource Watch han denunciado la incoherencia de la UE al defender el derecho de autodeterminación en casos como Groenlandia o Ucrania mientras respalda una solución que consideran lesiva para los derechos del pueblo saharaui. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas prorrogó en octubre el mandato de la MINURSO con un texto que también daba apoyo al plan de autonomía marroquí.
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El conflicto judicial: anulación de acuerdos y nuevo marco comercial
La relación UE-Marruecos enfrenta una compleja situación jurídica tras las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que anularon en octubre de 2025 los acuerdos agrícola y pesquero que incluían productos del Sáhara Occidental. El TJUE ha dictado hasta diez sentencias reafirmando que el Sáhara Occidental es un territorio distinto y separado de Marruecos y que cualquier acuerdo que afecte a sus recursos naturales requiere el consentimiento del pueblo saharaui.
Ante esta situación, Bruselas y Rabat han iniciado discretas negociaciones para redefinir el marco comercial y evitar una ruptura de los intercambios. El Diario Oficial de la UE publicó el 28 de enero un cambio normativo con efecto retroactivo desde el 3 de octubre que permite etiquetar como marroquíes productos cultivados en el Sáhara Occidental bajo regiones como Dajla o El Aaiún. Esta decisión ha generado fuertes críticas del sector agrícola español y francés, que denuncian competencia desleal, y de organizaciones que defienden el derecho internacional al considerar que Bruselas intenta sortear sus propias sentencias judiciales.
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Dimensión geopolítica: Marruecos como puerta al Sahel
Más allá de la agenda bilateral inmediata, la UE contempla a Marruecos como socio geopolítico en su estrategia hacia el Sahel, región donde la influencia de Rusia y China ha crecido significativamente tras la retirada occidental. El comisario europeo João Cravinho visitó Rabat recientemente para explorar vías de cooperación que permitan a Bruselas mantener interlocución con países como Níger, Burkina Faso y Mali, gobernados por juntas militares que abandonaron la Comunidad Económica de Estados de África Occidental.
Marruecos mantiene vínculos históricos y económicos con varios países del Sahel y se presenta como intermediario potencial para las aspiraciones europeas en la región. La estabilidad relativa del reino alauí, su capacidad de proyección en África y su alineamiento con Occidente en cuestiones de seguridad lo convierten en aliado valioso para una UE preocupada por el avance del yihadismo, los flujos migratorios irregulares y la expansión de competidores estratégicos. Esta dimensión geopolítica refuerza el peso político de Marruecos en las negociaciones bilaterales, permitiéndole obtener concesiones en áreas sensibles como el Sáhara Occidental o los acuerdos comerciales.